Camino a Río Blanco: cada domingo dejan perros que no saben volver a casa
Elizabeth Gutiérrez recorre el camino al santuario buscando perros que no son suyos. Conoce a varios por su nombre y sabe cuáles no van a volver solos a casa. Lo que encontró este domingo...
La postal se repite cada fin de semana de peregrinación hacia el santuario de la Virgen de Río Blanco y Paypaya. Entre los fieles que avanzan, también caminan perros que nadie trajo de vuelta. Entre seis y diez animales quedan abandonados en la zona cada domingo, según estima Elizabeth Gutiérrez, protectora independiente que encabeza la campaña “No soy peregrino, no sé volver a casa”.
La situación, advierte, no es nueva ni muestra mejoras pese a los llamados de concientización. Al comparar con años anteriores, la respuesta es contundente: “No bajaron, siempre lo mismo”.
Un número que se repite domingo tras domingo
Gutiérrez calcula la cifra a ojo, porque no hay un registro formal. “Más o menos yo creería que entre seis a diez tal vez, pero algunos se van por domingo”, señala. Algunos permanecen en las inmediaciones del santuario; otros se dispersan y terminan siguiendo a quienes circulan por el lugar.
El recorrido de esos animales es errático. Hay perros que encuentran refugio temporal en casas o instituciones públicas y después vuelven a moverse. Otros no se dejan atrapar, lo que complica cualquier intento de traslado o de reunirlos con sus dueños.
De San Salvador a Palpalá: perros que recorren kilómetros
Según el relato de la protectora, varios provienen de San Salvador de Jujuy, Palpalá y Forestal. También hay animales que llegan desde otros puntos y se desplazan detrás de los peregrinos, sin posibilidad cierta de regresar a su hogar.
Uno de los casos que recuerda es el de una perrita que llegó hasta una estación de servicio de Alto Comedero y luego volvió a la zona del santuario. La preocupación central es que sigan deambulando por caminos y rutas, expuestos a ser atropellados. En la última jornada Gutiérrez no vio animales lesionados, pero el riesgo está latente.
Una campaña que se hace en familia
La iniciativa la lleva adelante de manera independiente, junto a su familia. Una de las tareas consiste en reconocer a los perros que ya conoce y que suelen moverse por la zona: a algunos les coloca cintas para identificarlos y facilitar que vuelvan.
Además, se ubican en el acceso a Palpalá para orientar a los animales hacia esa localidad cuando saben que pertenecen allí. También difunden fotos para dar con sus familias. A veces lo logran, aunque las respuestas son variadas: hay quienes aseguran que el perro se escapó de su casa o que siguió a un vecino.
Gutiérrez observa animales con pecheras y otros sueltos. Aun así, aclara que el accesorio no elimina el riesgo de que terminen perdidos o abandonados. “Tenemos que pensar que ellos son parte de nuestra familia y deben quedarse en la casa”, insiste, y pone el foco en la tenencia responsable y en evitar que los perros acompañen a los peregrinos sin las medidas que garanticen su regreso.
La protectora también recibió cuestionamientos de algunas personas por intervenir en estas situaciones. Pese a eso, sigue con la campaña para visibilizar el problema y lograr que los perros vuelvan a sus hogares. Para ella, que la cantidad no haya disminuido demuestra que todavía queda mucho por hacer.