Caminó desde Ingeniero Maury bajo la lluvia y llegó a la Catedral para agradecer por lo que le pasó a su hijo
Caminó durante días bajo la lluvia y el frío desde Ingeniero Maury. Cuando llegó a la Catedral, contó por qué volvió a peregrinar y lo que pasó con su hijo.
Después de días de caminata, lluvia y frío intenso, una de las historias que marcó la llegada de los peregrinos a Salta este domingo tuvo como protagonista a Lara Cruz, una mujer que recorrió el trayecto desde Ingeniero Maury movida por un agradecimiento muy personal.
Mientras la columna ingresaba a la Plaza 9 de Julio y se acercaba a la Catedral, Lara contó a Aries que volvió a peregrinar por la salud de su hijo.
“Vine por mi hijo, que estaba enfermito, que tenía epilepsia”, relató. Según explicó, empezó a participar de la peregrinación cuando atravesaba esa situación y este año regresó en señal de gratitud.
“Yo vine mi primer año y me lo sanó. No tengo nada que decir”, expresó emocionada. La afirmación forma parte de su experiencia y de su creencia personal.
Un camino duro bajo la lluvia
El recorrido no fue sencillo. La columna debió avanzar con lluvia y temperaturas muy bajas, sobre todo al cruzar la zona de Campo Quijano.
“La mayoría estaba mojada entera. Como pudimos llegamos a la Catedral”, recordó Lara sobre uno de los momentos más difíciles del camino.
Entre los peregrinos también viajaban numerosos niños, junto con las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro.
La solidaridad apareció durante el trayecto. De acuerdo con otro de los testimonios recogidos por Aries, vecinos acercaron ponchos para proteger a los chicos, mientras los adultos seguían caminando bajo la lluvia.
María José, otra integrante de la columna, resumió el vínculo que se genera durante esos días con una frase: “Esta es la familia peregrina. Somos todos una familia unida”.
Así, detrás de una nueva llegada de peregrinos a la Catedral, quedaron historias particulares de promesas, agradecimientos y esfuerzo. La de Lara fue una de ellas: caminar desde Ingeniero Maury para volver a encontrarse con el Milagro y agradecer por aquello que, desde su fe, considera recibido.