Campanella vuelve a Rosario con su obra más íntima: el dato que sorprendió al propio director
El director creía que después de "Parque Lezama" sería casi imposible repetir esa conexión con el público. La obra lo desmintió a los pocos días, y ahora vuelve a Rosario con un dato que ni él esperaba.
Una profesora de yoga y un médico retirado se cruzan en la sala de espera de un dentista. Lo que parece un encuentro casual se transforma en una montaña rusa emocional. Esa es la trama de "Empieza con D, siete letras", la comedia de Juan José Campanella que, después de arrasar en Buenos Aires y de haber pasado por Rosario en mayo como inicio de una gira nacional, regresará a la ciudad en octubre.
La obra, protagonizada por Eduardo Blanco y Victoria Almeida, se presentará el sábado 3 y domingo 4 de octubre en el Teatro Astengo. Las entradas ya están disponibles en la boletería del teatro y a través de Ticketek.
El espectáculo se convirtió en un fenómeno del teatro argentino: superó las 300 funciones ininterrumpidas, se mantuvo más de un año en cartel en la calle Corrientes y desde su estreno en enero de 2025 ya convocó a más de 100.000 espectadores. Con seis funciones semanales, llegó a ubicarse en el quinto puesto de recaudación anual según el ranking de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET). En 2026, además, fue declarada de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Para Campanella, el momento laboral es intenso: este año dirigió episodios de "La Ley y el Orden", estrenó la versión cinematográfica de "Parque Lezama" y avanza con la adaptación animada de "Mafalda".
“Los proyectos que más me gustan son aquellos que te pasean por todas las emociones. El gol de media cancha es cuando el espectador está riendo y llorando al mismo tiempo”, resumió el director sobre el espíritu de la obra en diálogo con La Capital, cuando la obra visitó la ciudad en mayo.
Una historia que sorprendió a su propio equipo
Campanella admitió que el éxito de "Empieza con D, siete letras" los tomó por sorpresa. Después del fenómeno teatral de "Parque Lezama", sabía que repetir esa conexión con el público no sería sencillo.
“Fue una cosa que la verdad nos sorprendió”, contó. “Con Eduardo veníamos de Parque Lezama y decíamos: va a ser difícil encontrar una historia que conecte así emocionalmente. Y desde las primeras semanas era la misma reacción: aplausos de pie, aplausos a telón abierto”.
El director atribuye parte de ese impacto a lo universal del relato: “Se trata de una historia muy común. A veces el arte o las historias nos ayudan a ver nuestra propia vida desde otro ángulo o a mirarla desde afuera. Mucha gente se vio reflejada en esto de las segundas oportunidades, de las segundas parejas, especialmente cuando, como en el caso de los dos personajes, vienen de relaciones tan profundas. Uno es viudo de un matrimonio de 40 años y la otra es una separada de un matrimonio de 10 años. Los dos están con la sensibilidad a flor de piel”.
Escritura en pareja y química en escena
La obra nació de una idea de Cecilia Monti, esposa de Campanella desde hace más de 20 años. “Yo siempre escribo en colaboración porque me gusta rebotar ideas. En este caso es una historia originada por ella, que trabajó durante bastante tiempo. Al principio yo hacía de lector y opinador, pero después empezamos a trabajarla juntos”, explicó. El proceso llevó casi cinco años, desde el inicio del proyecto hasta el estreno.
La elección del elenco no fue azarosa: tanto Blanco como Almeida son habitués de las producciones del director. Con Blanco la relación se remonta a comienzos de los 80, cuando ambos trabajaban en proyectos filmados en Super 8, y luego coincidieron en "Parque Lezama". Con Almeida ya es la tercera vez que trabaja: antes compartieron la serie "El hombre de tu vida" y la comedia teatral "Qué hacemos con Walter".
“Siempre me han dicho que tanto Ricardo Darín como Eduardo Blanco son actores fetiche. Y ‘fetiche’ suena como amuleto, como si los eligiera por cábala”, comentó entre risas. “No es por cábala. A mí me gusta contar historias con mucho humor, pero manteniendo siempre el sentido de la verdad, sin caer en lo farsesco. Esa sensibilidad es muy difícil de dirigir: el actor la tiene o no la tiene”.
Para Campanella, actores capaces de moverse entre la comedia y el drama son un premio: “Es como el baile de Fred Astaire. Si el actor tiene ese talento, puede hacerte reír mucho y al mismo tiempo sorprenderte con algo más profundo. Cuando lo tienen, como Eduardo y Victoria, es un premio”.
Sin embargo, hay un factor que ni el director más experimentado puede controlar: la química entre los protagonistas. “No lo ves hasta que los ves en escena, o en una película hasta que los ves en pantalla”, dijo. Y recordó: “Me ha pasado trabajar con parejas que no se hablaban, y también con gente que era pareja en la vida real. Y la química no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas. Puede ser una pareja que se ame y que en el escenario no pase nada, o pueden ser dos personas que casi no se hablan y cuando ves la obra terminada decís: esta gente se ama desde toda la vida”.
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