Cargnello lanzó una advertencia que dejó a todos en silencio: "El narcotráfico es genocida"
El arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, habló frente a la vicepresidenta Villarruel y el gobernador Sáenz en la celebración del Milagro. Su mensaje incluyó una advertencia sobre el narcotráfico y otro tema que, según dijo, corroe los cimientos de la sociedad.
En el marco de la celebración central previa a la renovación del Pacto de Fidelidad, el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, pronunció una homilía que quedará grabada en la memoria de los fieles. Frente a la vicepresidenta Victoria Villarruel y el gobernador Gustavo Sáenz, el religioso no esquivó los temas más urgentes de la sociedad y lanzó un mensaje directo contra el narcotráfico, la mentira y la cultura del descarte.
"El narcotráfico es genocida, ser cómplices de ese negocio infame es un pecado gravísimo, clama el cielo", sentenció Cargnello, en uno de los pasajes más fuertes de su discurso. Y agregó: "No naturalicemos el uso y la difusión de la droga".
Un llamado a decir basta
El arzobispo convocó a la sociedad a no acostumbrarse a una problemática que golpea a niños, jóvenes y familias enteras. "Digamos basta", reclamó, en nombre de quienes perdieron la vida por la droga, de los jóvenes atrapados en la adicción y de las familias que sufren sus consecuencias. Pidió un compromiso colectivo para enfrentar este flagelo que, según advirtió, genera sufrimiento y destruye vidas.
La mentira como amenaza social
Otro de los ejes de su mensaje fue la verdad y su impacto en los vínculos humanos. Cargnello advirtió que la mentira no solo daña a las personas en forma individual, sino que corroe la vida familiar, social, económica y política. "La mentira corroe y destruye el vínculo entre las personas, destruye la confianza, corrompe y prostituye la economía y las políticas", afirmó.
Según señaló, la falta de verdad debilita la confianza, genera enfrentamientos y convierte la agresión, la difamación y la calumnia en prácticas que deshumanizan a la sociedad. En ese contexto, pidió recuperar un modo de relacionarse basado en el respeto y el diálogo, y planteó que la paz no puede construirse sin una transformación personal y colectiva.
La defensa de la vida y la dignidad humana
Al referirse a la familia y al valor de cada persona, el arzobispo sostuvo que una sociedad debe reconocer y proteger la vida "desde su concepción hasta su ocaso natural". Afirmó que esta tarea es una responsabilidad que alcanza a toda la comunidad y que la forma en que se acompaña a los más frágiles refleja el nivel de compromiso con la dignidad humana.
"¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio y a quien depende del cuidado de los demás?", cuestionó.
Mensaje a los jóvenes
Cargnello dedicó también un mensaje especial a los jóvenes. Les pidió no tener miedo al amor verdadero, a la vida y al compromiso, y los invitó a construir vínculos basados en el diálogo, el perdón y la entrega. "Día a día, caricia a caricia, perdón a perdón, diálogo a diálogo", expresó al referirse al modo en que debe cultivarse el amor.
"No cedan a la cultura narcisista, no tengan miedo de amarse para toda la vida, comprométanse para nuestros niños", pidió.
El ejemplo de los peregrinos
Al finalizar su homilía, el arzobispo destacó la actitud de los peregrinos que cada año llegan a Salta como una expresión de solidaridad y misericordia. Señaló que la ayuda, el acompañamiento y la caridad que se multiplican durante las celebraciones del Milagro pueden convertirse en un ejemplo para toda la sociedad durante el resto del año.
"Servir a los hermanos sembrando la paz", fue una de las ideas centrales con las que cerró su mensaje. Y concluyó: "No nos cansemos de luchar por un mañana mejor, el bien triunfará, inspirémonos en nuestros peregrinos, su audacia y perseverancia suscitan en tantos hermanos, y se los quiero agradecer a ellos, una corriente de caridad que transforma a Salta durante los días del Milagro con una manifestación de misericordia social. ¿Por qué no hacerlo cada día en nuestra patria?", se preguntó.