Casados hace 36 años, dieron dos veces la vuelta al mundo en su avión: el detalle que los dejó marcados
Claudio y Betina se casaron hace 36 años y pensaron que el sueño de volar juntos había quedado atrás. Entonces compraron un avión en Estados Unidos y dieron dos veces la vuelta al mundo: el tramo que los marcó para siempre.
Claudio Robetto y Betina Raimondi no se conformaron con un viaje soñado: lo repitieron. Este matrimonio de Mar del Plata, casado hace 36 años, cruzó océanos y fronteras a bordo de su propio avión monomotor, un Mooney M20J modelo 1978, y completó dos vueltas al mundo.
Padres de seis hijas y abuelos de dos nietos, se presentan en redes como "Aventureros del aire". La primera travesía despegó en 2023 y la segunda en 2026, con un itinerario distinto y nuevas escalas.
Entre ambos viajes sumaron 261 días de recorrido, 481 horas de vuelo y 106.711 kilómetros, una marca que los instaló como referentes de la aviación argentina.
Cómo empezó todo
La historia arrancó a fines de 1989, en la costa marplatense. Claudio, piloto privado e ingeniero metalúrgico, la invitó a volar y a tomar un café en el aeropuerto. Cuatro meses después se casaron y armaron una familia numerosa.
Durante años él voló de manera ocasional y ella se dedicó a la ingeniería agrónoma. Después llegó un emprendimiento familiar de harina sin gluten y, cuando las hijas crecieron, la pareja retomó aquel anhelo postergado: volar juntos.
Tras años de ahorro compraron su primer avión pequeño en Estados Unidos y en 2019 empezaron a compartir sus experiencias en un blog. El empujón final vino de otro matrimonio aviador, Alex Gronberger y Martina Kist, que en 2021 completaron la vuelta al mundo. Claudio y Betina decidieron seguir sus pasos.
La primera vuelta: 60 mil kilómetros
El 21 de mayo de 2023 despegaron desde el Aeroclub de Batán, al sur de Mar del Plata. El recorrido incluyó Córdoba, Brasil, Venezuela, Estados Unidos, Canadá, Groenlandia, Escocia, Inglaterra, España, Italia, Alemania y Rusia.
Fueron 124 días, 60.000 kilómetros y 270 horas de vuelo. El tramo más largo los llevó de Islandia a Noruega: 1.200 kilómetros y 10 horas en el aire. En Rusia atravesaron ocho ciudades en 20 días, con la logística complicada por el contexto bélico.
Hubo tensión, como el cruce del Atlántico y el riesgo de engelamiento —la formación de hielo en las alas—, pero también momentos imborrables: Claudio visitó la tumba de su padre en Italia y ambos conocieron a su primer nieto en España.
La segunda vuelta: la ruta cambió todo
El 17 de abril de 2026 volvieron a despegar, esta vez desde Mar del Plata, y regresaron el 1° de septiembre. Fueron 137 días, 211 horas de vuelo y 46.711 kilómetros. En España pasaron dos meses para disfrutar de su nieta recién nacida y de su otro nieto.
Para cruzar a Europa eligieron otro camino: en lugar de las largas horas sobre el Atlántico, volaron por tierra a través de Bulgaria, Kazajistán, Rusia y el estrecho de Bering. Solo en Bulgaria tomaron un avión de línea para conocer Estambul.
Se alojaron en casas de familias rusas y compartieron encuentros con pilotos de todo el mundo, como el salvadoreño Carlos Dardano y el estadounidense Art Mortvedt, conocido por volar en ambos polos. En Chile visitaron a la "abuela voladora" María Eliana Christen, pionera de la aviación femenina.
Los obstáculos del camino
No todo fue sencillo. En San Francisco tuvieron que reparar el cono de la hélice del avión y en Rusia enfrentaron controles migratorios estrictos, con interrogatorios y revisión de celulares. También pasaron momentos de preocupación por el clima, como el hielo en las alas al cruzar un cordón montañoso antes de llegar a Alaska.
En esta segunda vuelta la conectividad fue clave: gracias al internet satelital pudieron comunicarse con su familia y revisar la meteorología en tiempo real. La solidaridad de la comunidad aeronáutica los acompañó en cada escala, desde pilotos que los recibieron en sus casas hasta seguidores que les ayudaron con repuestos.
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