Caso Norma Tula: el peritaje que revela por qué su hijo creyó atacar a «la muerte»
El informe forense del caso Tula remueve el expediente en Catamarca: el joven imputado por matar a su madre habría actuado bajo un brote psicótico. Lo que reveló la pericia sobre su estado mental y cómo sigue la causa.
Un informe del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) del Poder Judicial de Catamarca sacudió la causa por el crimen de Norma Beatriz Tula (63), ocurrido en el barrio La Chacarita. Los peritos concluyeron que su hijo, Marcelo Joaquín Tula (22), imputado por el matricidio, atravesaba un brote psicótico agudo con delirio de persecución en el momento del hecho. Según los especialistas en Psiquiatría, Psicología y Psicopedagogía, ese cuadro le habría anulado por completo la capacidad de comprender la criminalidad de sus actos y de dirigir sus acciones.
El peritaje ya fue remitido a la fiscal de Violencia Familiar y de Género, Alejandra Antonino, y también a la defensa y a la querella. El documento reconstruye cómo la mente del joven se fue desconectando de la realidad en los días previos al ataque, mucho antes de cualquier discusión con su madre.
Ruptura de la realidad y delirio persecutorio
De acuerdo con las conclusiones forenses, el cuadro psicótico no fue un estallido espontáneo, sino que venía desarrollándose desde días antes. Tula presentaba síntomas claros de psicosis: escalofríos, alucinaciones visuales, auditivas y cenestésicas, y percepciones delirantes. Decía ver «ojos rojos» en la mirada de la gente, pájaros negros que interpretaba como amenazas y estaba convencido de que «la muerte venía por él».
Al convivir en un espacio cerrado con su madre —su único entorno cotidiano y el centro de una relación signada por tensiones y estrés emocional—, las ideas delirantes se focalizaron en ella.
«Era ella o yo»: la distorsión del reconocimiento
Los peritos subrayaron que durante el ataque hubo una sustitución inconsciente de la percepción. Tula conservaba la visión y la movilidad física, pero su cerebro habría filtrado cualquier rasgo real o familiar de su madre, proyectando únicamente peligro y simbolizándola como una amenaza letal inminente.
En su recuerdo previo al acto agresivo apareció la frase «¿era ella o yo?», que para los profesionales refleja la incapacidad patológica de reconocer a Norma y la certeza subjetiva de estar defendiendo su propia vida. La violencia ejercida y las lesiones posteriores al deceso no se atribuyen a una personalidad violenta preconcebida, sino al estado de desorganización mental y delirio extremo en el que estaba inmerso.
Reacción posterior y estado de salud actual
El informe destaca que, después del ataque, el delirio se interrumpió de forma parcial: el joven recuperó la noción de haber hecho «algo terrible», pero sin comprender del todo qué había ocurrido. Por eso, su posterior huida y confesión fueron evaluadas como manifestaciones de angustia y desamparo traumático, y no como maniobras calculadas para evadir a la Justicia.
Hoy Tula está internado en el Servicio de Salud Mental del Hospital Interzonal San Juan Bautista, bajo tratamiento psicofarmacológico con Olanzapina. Si bien mostró una evolución favorable —recuperó parcialmente el contacto con la realidad y bajó el riesgo de agresividad—, los peritos advierten que aún persisten componentes del cuadro que requieren estricta continuidad institucional ante eventuales situaciones de estrés.
El escenario procesal frente a la inimputabilidad
Pese a la contundencia de las conclusiones psiquiátricas y psicológicas sobre la abolición de la comprensión de los actos, la junta médica no define por sí misma la situación procesal del imputado. La declaración de inimputabilidad y un eventual sobreseimiento corresponden exclusivamente a un juez de Control de Garantías, instancia a la que se llegará si la Fiscalía o la defensa formalizan el pedido en las próximas etapas de la investigación penal preparatoria.