Catamarca desafía lo digital: la Feria del Poncho como resistencia cultural
¿Sabías que en Catamarca la Feria del Poncho es mucho más que un mercado? Descubrí cómo una tradición milenaria desafía la era digital.
En un mundo dominado por plataformas virtuales y consumo sin rostro, Catamarca mantiene viva la tradición de la feria como espacio identitario. La Fiesta Internacional del Poncho no es solo un mercado: es un fenómeno único que conjuga artesanía milenaria, turismo y soberanía cultural.
La ministra de Cultura, Turismo y Deportes, Daiana Roldán, destacó la evolución de los artesanos: “Muchos han tomado las capacitaciones de la ruta del Telar, por lo que han adquirido otras técnicas, más que nada de teñido”. Los tejidos son el emblema, pero también brillan la alfarería, el simbol y la orfebrería, técnicas ancestrales que sobreviven al paso del tiempo.
¿De dónde viene la tradición de las ferias?
Mucho antes de la conquista, América ya tenía su red de intercambios. Los Tianguis prehispánicos en México, los mercados del Imperio Incaico como el Tawantisuyu, donde circulaban tejidos, cerámicas y metales, eran más que economía: eran encuentros políticos y ceremoniales. Tras la colonia, ferias como las de Potosí, Cusco y Humahuaca mantuvieron vivas las tradiciones.
Hoy, en Argentina, la Feria de San Carlos (Salta), la Feria de Artesanías de Córdoba, la de Mataderos en Buenos Aires y la Feria de Artesanos de Santiago del Estero son ejemplos de resistencia cultural. Pero ninguna como la Fiesta del Poncho, que nació en 1967 y se ha profesionalizado sin perder su esencia.
¿Qué dijo la ministra sobre el apoyo nacional?
Consultada sobre posibles fondos del Gobierno nacional, Roldán fue tajante: no recibió “ni sus más sinceras felicitaciones”. La feria se sostiene con recursos propios y la fuerza de una comunidad que entiende el valor de lo hecho a mano.
La Feria Internacional del Poncho demuestra que existen economías basadas en la soberanía cultural, frente a la colonización digital. En un contexto de mega desregulaciones, cabe preguntarse: ¿qué otras economías podemos sostener sin caer en feudos virtuales?