Catamarca: el requisito que deja a 8 de cada 10 jóvenes sin su primer trabajo
En Catamarca, 8 de cada 10 jóvenes chocan con un mismo requisito para conseguir su primer empleo formal. Los datos del INDEC revelan una trama más profunda que la desocupación.
Conseguir el primer empleo formal se volvió una misión casi imposible para los jóvenes de Catamarca. Los datos difundidos a partir de registros del INDEC pintan un panorama donde la pobreza, la desocupación y la informalidad se combinan y golpean de lleno a quienes buscan insertarse en el mercado laboral.
El número más duro: el 36,9% de las personas de entre 15 y 29 años está por debajo de la línea de pobreza. La cifra supera en casi cinco puntos porcentuales la media nacional, lo que deja a los jóvenes catamarqueños en una situación de vulnerabilidad más profunda que la del resto del país.
Un empleo registrado, un privilegio para pocos
La desocupación entre los menores de 29 años supera el 18%. Y entre los que sí consiguen trabajar, el empleo no registrado alcanza al 58,4%: más de la mitad trabaja sin aportes jubilatorios, sin obra social y sin estabilidad contractual.
Un informe reciente sobre informalidad laboral confirma que la inserción de los jóvenes es mucho más precaria que la de los adultos. En el primer trimestre de 2026, la informalidad general llegó al 44,2%, y los trabajadores jóvenes aparecen entre los grupos más expuestos.
La trampa del primer empleo
Hay un obstáculo que se repite y que funciona como un círculo vicioso: la exigencia de experiencia previa. Un relevamiento de Adecco Argentina citado en los informes revela que el 78% de los jóvenes encuentra dificultades para insertarse justamente por ese requisito.
Ante ese muro, muchos terminan volcándose a changas o a trabajos mediados por plataformas digitales. Consiguen ingresos, sí, pero sin vacaciones pagas, sin aguinaldo, sin cobertura de salud ni aportes previsionales.
Otro informe, del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dimensiona el problema: entre los jóvenes de 18 a 25 años, apenas el 14,2% tiene un empleo formal. El resto se reparte entre la precariedad, la irregularidad, el desempleo y la inactividad.
El impacto en la vida cotidiana
La falta de un ingreso estable no solo afecta el presente: condiciona la posibilidad de independizarse, sostener estudios, acceder a una vivienda o planificar cualquier proyecto personal. La autonomía económica queda postergada.
El escenario reaviva el debate sobre las políticas para facilitar el ingreso de los jóvenes al mercado formal. Desde sectores sociales y gremiales cuestionan que las oportunidades laborales no acompañan las expectativas generadas por la promoción productiva y minera de la provincia.
La discusión, entonces, no pasa solo por cuántos puestos hay, sino por qué tipo de empleos consiguen quienes logran entrar al sistema. La informalidad puede funcionar como salida inmediata frente al desempleo, pero deja a los trabajadores afuera de buena parte de las protecciones del trabajo registrado.