Catamarca gasta en salud mental menos del 1% de lo que manda la ley
La Provincia adhirió a la ley que obliga a destinar el 10% del presupuesto de salud a salud mental. En el Presupuesto 2026, esa área recibe una cifra que no llega ni al 1% de esa meta. ¿Qué dice el texto que el Gobierno elevó a la Legislatura?
La salud mental se lleva una porción mínima del presupuesto sanitario de Catamarca, mientras los hospitales públicos trabajan al límite y la provincia se ubica entre las primeras del país por tasa de suicidios. El Presupuesto 2026 destina a esa área apenas $190 millones, cuando la normativa vigente fija un piso de $21.360 millones.
El dato surge de cruzar lo que establece la Ley Nacional de Salud Mental con las partidas que la Provincia incluyó en el proyecto elevado a la Legislatura. El artículo 32 de la norma exige que las partidas del área alcancen como mínimo el 10% del presupuesto total de salud, criterio al que Catamarca adhirió.
Los números que no cierran
Para el ejercicio 2026, la jurisdicción Salud recibirá $465.950 millones, equivalentes al 17,5% del gasto total. Si se descuenta la obra social provincial (OSEP), que aporta $252.349 millones, la base sobre la que corresponde calcular el piso legal queda en $213.601 millones.
Aplicando el 10%, la salud mental debería contar con unos $21.360 millones. Sin embargo, el único monto que el texto presupuestario menciona para el área es el del artículo 35: $190 millones, que además provienen de un ajuste en el presupuesto de la Defensoría del Pueblo y se comparten con Política Alimentaria. La cifra representa el 0,9% de la meta fijada por ley.
El mensaje oficial de elevación del Presupuesto 2026, por otro lado, no dedicó ni una línea a la salud mental. Solo hizo referencia a la ampliación del Hospital San Juan Bautista y a una refacción en el Hospital de Niños.
Un país al límite
El contexto nacional agrava el cuadro. Un trabajo del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) de julio pasado detectó que el 21,4% de los jóvenes de 18 a 25 años presenta “malestar psicológico”, proporción que trepa al 28,5% en el estrato socioeconómico más bajo.
Entre los mayores de 60, el promedio del período 2024-2025 fue del 34%, cuando en 2017-2019 era del 19,5%. En el segmento más pobre, la cifra alcanzó el 51,8%: a menor ingreso, mayor malestar.
El estrés sigue la misma tendencia. Un informe de enero de la Worldviews Survey 2026 de Voices! y la red WIN registró que el 50% de los argentinos lo sufre con frecuencia, contra el 33% del año anterior. Los más afectados son los jóvenes de 18 a 24 años (54%), y la causa principal es la falta de dinero o las deudas.
En la misma dirección apunta el “Termómetro Psicosocial y Económico” del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA: el 55,9% de quienes atraviesan una crisis personal la atribuye a motivos económicos, muy por encima de las crisis vitales por edad o cuestiones familiares.
Lo que muestran los hospitales
El 27 de agosto, autoridades de salud mental de 14 provincias —Catamarca entre ellas— presentaron en el Senado un informe federal coordinado por la Universidad Nacional de Lanús, en el marco del debate por la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental. El relevamiento abarca jurisdicciones que concentran más del 70% de la población del país.
Las conclusiones: las consultas ambulatorias crecieron 23% en el último año; las internaciones aumentaron 42% entre 2023 y 2026, con una suba del 12% solo en el último año; y se incrementó la demanda de niñas, niños y adolescentes, además de personas que perdieron cobertura de obra social o prepaga y pasaron al sistema público.
Las autoridades provinciales coincidieron en un diagnóstico: el aumento se produce en un escenario de “deterioro de las condiciones sociales y económicas, pérdida de empleo y debilitamiento de las redes de apoyo”. El informe propuso “aumentar la inversión, ampliar la infraestructura y los recursos humanos, fortalecer la red pública, garantizar el acceso a medicamentos y producir información epidemiológica nacional de calidad”.
Entre 2021 y 2026 apenas se sumaron 388 camas de salud mental en hospitales generales de todo el país. Las provincias, en su defensa, sostienen que “debieron asumir con recursos propios responsabilidades que anteriormente contaban con apoyo de Nación”.
El dato más duro
El Sistema Nacional de Información Criminal registró 5.209 suicidios en 2025, una tasa de 11,8 cada 100.000 habitantes: 14 por día, uno cada dos horas. Es la primera causa de muerte entre los 15 y los 34 años, por encima de las muertes viales (3.583) y de los homicidios dolosos (1.676) en el mismo período.
Catamarca registró 59 suicidios el año pasado, con una tasa de 14,2 cada 100 mil personas, la quinta más alta del país detrás de Entre Ríos, San Luis, Salta y Santa Cruz. En 2024 había ocupado el mismo puesto, con 60 casos y una tasa de 14,5.
Ariel Larroude, director del Observatorio de Política Criminal y autor del informe “[Ayuda] Cuando matarse aparece como una opción en la Argentina”, presentado el 20 de agosto en la sede de la APDH, lo describió así: “La Argentina padece la crisis de salud mental más grave de su historia. (…) Estar frente a la tasa nacional de suicidios registrada más alta de la historia argentina, que esta tasa esté cuadruplicando la tasa de homicidios dolosos, que haya jurisdicciones tan comprometidas y que, para este año, tengamos el presupuesto de salud mental más bajo de los últimos años, nos da una pauta de que este fenómeno social no está siendo observado”.
Según ese Observatorio, el país tiene la segunda tasa más alta de la región, detrás de Uruguay (19,1) y por delante de Chile (10,7).

Prevención y sistema público, al borde
Alejandra Pasetto, presidenta y fundadora de AAFASU / AAFASUAC en Catamarca, organización civil activa desde 2002, sostiene que el suicidio es un “evento biopsicosociocultural” y, por lo tanto, multicausal, lo que implica una responsabilidad colectiva.
“La idea es que la gente actúe como ‘puente’, que las personas sean actores de poder comunitario”, expresó Pasetto en diálogo con INFORAMA, y recordó experiencias en territorio, como una reciente con chicos y adolescentes en Antofagasta de la Sierra.
La ONG participa en la Mesa Intersectorial de Prevención del Suicidio, creada por una ley provincial impulsada por la diputada María Argerich, que articula políticas de prevención, detección temprana, asistencia y postvención, además de campañas comunitarias y capacitaciones.
Pero el sistema público trabaja al límite. En abril, el director del Hospital San Juan Bautista, Juan Martín Pichetto, aseguró en una entrevista televisiva que el sector de salud mental dispone de 20 camas de internación, siempre ocupadas, por lo que deben habilitarse camas en otros servicios. También reconoció que faltan profesionales especializados.
La psicóloga Sonia Carrizo, que trabajó en el departamento de Salud Mental del HSJB hasta mediados de año, dijo a este medio que las camas propias del sector son 14 y que las guardias están “absolutamente desbordadas, desprotegidas”.
Carrizo aseguró no entender por qué no hay psiquiatras de guardia en Emergencias y que solo atiendan en el internado, cuando todos los días llegan pacientes con abstinencia o en situaciones delicadas que requieren medicación, algo que un psicólogo no puede prescribir.
También mencionó pacientes crónicos internados más tiempo del que admite la ley, porque no existen casas de medio camino —hoy solo está el Hospital de La Merced para procesos de externación— ni otros dispositivos intermedios. “Después vuelven al contexto social y se reingresan, porque ese es el circuito”, describió.
Para la profesional, falta “trabajo de equipo entre psicólogos y psiquiatras” y elementos básicos, como contenciones mecánicas de calidad. Además, reconoció que los psiquiatras suelen aportar medicación específica que reciben gratis de los laboratorios, porque el hospital carece de las drogas recomendadas para ciertas patologías.
En el Hospital de Niños la situación es similar. La directora asistencial, Patricia Rojas, informó que crecen las internaciones de adolescentes desde los 12 años por consumo de sustancias. “Faltan manos, porque hay más demanda de atención, hay más casos, y es difícil llegar a todos”, dijo. Los chicos se estabilizan y vuelven al mismo entorno.

Que Catamarca destine menos del 1% del presupuesto sanitario a la salud mental significa, como expresó Larroude, que este “fenómeno social no está siendo observado”.
Si vos o alguien cercano atraviesa una crisis: en Catamarca podés llamar a la línea 135 de ayuda. En todo el país atiende el Centro de Asistencia al Suicida, en el 0800 345 1435.