Central encontró en la goleada algo que debe amarrar con todas sus fuerzas
El Canalla encontró un funcionamiento que no había mostrado en todo el semestre y ahora debe sostenerlo en la recta final. ¿Qué pasó con las piezas que antes no encajaban?
La goleada ante Independiente Rivadavia dejó en Central algo más que tres puntos: un funcionamiento colectivo que el equipo de Jorge Almirón debe sostener como bandera en la recta final del torneo. Ese nivel de juego, con todas las piezas en sintonía, es el gran hallazgo que el Canalla quiere conservar para pelear por el primer puesto de la tabla anual y por la consagración en el Clausura.
Parece ilógico pensar que este Central pueda repetir hasta el final de la temporada lo que hizo el domingo en el Gigante de Arroyito. Sin embargo, el verdadero desafío pasa por intentarlo y mantener todo lo que se pueda de ese rendimiento.
El equipo encontró ese funcionamiento en un momento clave de la competencia, justo cuando necesita meter una arremetida importante para ir por el premio mayor.
El fútbol como escudo
Central tiene serias chances de alcanzar el primer puesto en la tabla anual, pero marcha cuarto y casi no tiene margen de error. Podría permitirse un empate, aunque si eso ocurre deberá ganar los tres partidos restantes.
Más allá de lo numérico, lo que se destaca es ese funcionamiento colectivo que le sirvió como escudo para sacarse de encima a un rival que todavía se presenta como el mejor equipo del año.
¿Qué hubo de distinto en comparación con otros momentos del semestre? Que esta vez todas las piezas funcionaron a un nivel parejo, con rendimientos muy por encima de la media. Cuando eso sucede, los obstáculos desaparecen del camino.
Ese salto de calidad en el rendimiento es el que hizo crecer las expectativas. Por eso, el gran objetivo de aquí en más es no retroceder. No será sencillo, pero el equipo tiene una base sólida en la cual apoyarse.
El buen pie del Canalla
Este Central cuenta con futbolistas de muy buen pie, y por eso tiene el potencial de jugar como lo hizo ante Independiente Rivadavia. La mayoría, por no decir todos, mostraron una misma sintonía.
Se destacó Ángel Di María (una vez más) con sus goles; Jaminton Campaz volvió a ser ese jugador con capacidad de desequilibrio permanente; Vicente Pizarro pareció volver recargado de la selección; Ignacio Ovando y Gastón Ávila mostraron la solidez que traían de arrastre. Y el resto acompañó de muy buena manera.
El hecho de que dos de sus centrodelanteros (Enzo Copetti y Marco Ruben) hayan terminado con la sequía goleadora de los 9 no es un dato menor. La contra en este partido fueron las bajas de Franco Ibarra y Federico Navarro.
Es cierto que el Canalla inclinó definitivamente la balanza cuando se quedó con un jugador más tras la expulsión de Alex Arce, pero no siempre ocurre en este fútbol argentino tan competitivo que eso suceda. Puede dar fe de ello este Central que en la serie apretadísima contra Corinthians, por la Copa Libertadores, tuvo la chance de jugar un largo tiempo con uno de más, tanto en la ida como en la vuelta, y no pudo valerse de esa ventaja.
Ganó otros, pero sin tanto brillo
Incluso en estos últimos partidos ganó encuentros de mucha trascendencia, como ante Estudiantes por la Supercopa Internacional, o frente a Argentinos Juniors (un rival directo en la pelea por la anual), pero en ninguno de esos partidos alcanzó la lucidez que sí tuvo contra la Lepra mendocina.
De cara a cuatro partidos que se las traen, Central sabe que no puede fallar en la búsqueda del bicampeonato de Liga (en lo que respecta al ingreso a los playoffs del Clausura está un poco más aliviado) y para lograrlo hay algo de lo que no debiera rescindir. El fútbol que encontró en el último partido es el acompañante ideal para estas cuatro finales que tiene por delante.