Central fue a Tucumán sin su ancla en el medio y Almirón metió un uruguayo que lo sacó del apuro
Central viajó a Tucumán con bajas sensibles y el anillo central quedó a cargo de un uruguayo que volvía de una lesión muscular. Lo que parecía un parche terminó siendo la manija del equipo en el complemento.
El Canalla sigue de racha en la Liga y ya se acostumbró a resolver los exámenes incómodos. En la visita a Atlético Tucumán tuvo que armarse sin un par de piezas importantes y, aun así, se llevó un triunfo resonante del norte que lo mantiene en la pelea por el bicampeonato.
El problema más serio apareció en el medio: la baja de Franco Ibarra, dueño habitual del anillo central, obligó a Jorge Almirón a buscar una solución rápida. La apuesta fue Alan Rodríguez, un futbolista con oficio en esa zona pero con un perfil bien distinto al de un volante de marca clásico.
Un regreso sin ritmo y con una responsabilidad enorme
El contexto no ayudaba. El uruguayo venía de perderse tres partidos —Estudiantes, Banfield e Independiente Rivadavia— por una lesión muscular, así que la continuidad no era precisamente su aliada.
Sin embargo, cumplió con creces. “En todo momento intenté estar a la altura de mis compañeros”, declaró tras la victoria en el norte. Y sumó: “No te voy a decir que jugué toda la vida en esa posición porque lo hice en todos los puestos, pero es mi posición natural”.
El segundo tiempo, la prueba de que no era casualidad
Su afirmación encontró sustento en el complemento, cuando se paró decididamente como volante central. Pizarro se mantuvo cerca, pero ganó libertad para moverse, y Rodríguez tomó la manija: jugó siempre redonda, a un compañero, y cuando vio espacio se animó a romper líneas.
“En realidad habíamos preparado el partido de esa forma, también teniendo en cuenta cómo se paraban ellos, pero eso del segundo tiempo creo que se hizo más evidente porque Atlético se cansó, bajó un poco el ritmo y hubo más espacio para manejar la pelota”, explicó el uruguayo.
¿Su mejor partido desde que llegó a Arroyito?
Rodríguez acumula ya varios encuentros en Central, aunque no tantos: los últimos tres los vio desde afuera por la lesión. Se recuerda mucho el que jugó ante Barracas Central, con el gol del triunfo, pero el de Tucumán también estuvo a la altura.
“Puede ser que haya sido mi mejor partido, pero me gusta analizarlos más tranquilo y ahí sí suelo mirarme. En este hay cosas que tengo que poner en la balanza porque me tocó volver justo después de una lesión, pero insisto, lo que más quería era estar a la altura de mis compañeros”, sostuvo.
Una rueda de auxilio que salió redonda
Varios compañeros estuvieron a la altura, pero lo del uruguayo tuvo un mérito extra: volvió de una lesión muscular y debió hacerse cargo del rol de un titular indiscutido como Ibarra.
Almirón se la jugó por él y el jugador respondió como una rueda de auxilio importante. Ya había mostrado condiciones, pero lo de esta vez en Tucumán tuvo un sabor especial: para él, para el técnico por la decisión y para un equipo que necesitaba que la ausencia de Ibarra pasara lo más inadvertida posible. Con otras características y otros atributos, el resultado fue inmejorable.