Cerrillos: el rincón colonial que fue cuartel de Rondeau y hoy celebra su fiesta más antigua
Cada 29 de septiembre, Cerrillos se llena de fe en un predio que fue cuartel de Rondeau y cuna del Pacto de los Cerrillos. La fiesta que se vive adentro tiene un detalle que muy pocos conocen.
La comunidad del INTA en Cerrillos se prepara para vivir una jornada de fe y memoria. Cada 29 de septiembre, trabajadores y vecinos se reúnen en la capilla del predio para honrar a San Miguel Arcángel, patrono de la institución, en una tradición que se extiende por más de dos siglos.
La celebración incluye la novena, la procesión y la Santa Misa, y culmina con un refrigerio compartido, tal como marca la costumbre. "Es un espacio para compartir, encontrarnos y encomendarnos a nuestro patrono", resumió un empleado del lugar.
Una joya colonial en el corazón del valle
El fervor religioso es solo una parte de la historia. La Finca San Miguel, donde hoy funciona la Estación Experimental del INTA, alberga uno de los conjuntos coloniales más valiosos de la región. Sus orígenes se remontan al Rey Carlos II de España, que otorgó a la Compañía de Jesús una enorme extensión conocida como "La Hacienda de los Cerrillos", que abarcaba desde el actual municipio de Cerrillos hasta Osma.
Tras pasar a la familia Aramburu, hacendados de los Valles Calchaquíes, la propiedad fue vendida a Manuel Antonio Tejada. Bajo su administración se edificó un oratorio privado bajo la advocación de San Miguel Arcángel, hito que marcó la devoción del lugar. Con las décadas, los Tejada expandieron sus dominios agrícolas hacia lo que hoy es Villa Los Tarcos, con producción de maíz, trigo, alfalfa y frutales, además de cuatro molinos harineros. Ese linaje fue clave para el asentamiento inicial y la posterior conformación del pueblo de Cerrillos.
Refugio de la Independencia y cambios de época
El predio también guarda una fuerte impronta en la memoria patria. En 1816, el General José Rondeau instaló su cuartel militar en la hacienda, antecedente clave de las negociaciones que derivaron en el histórico Pacto de Los Cerrillos, firmado en 1822 junto al Gobernador Martín Miguel de Güemes.
A mediados del Siglo XIX, tras una severa crisis económica, Saturnino Tejada vendió la finca a la familia Navea, procedente de Jujuy. Más tarde pasó a manos de Agustín Cánepa, de origen italiano, y ya en el Siglo XX fue adquirida por el dirigente Luis María Patrón Costas.
El destino institucional de la hacienda se selló en 1958, cuando Elena Costas de Patrón Costas vendió la propiedad a la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación, dando inicio formal a las actividades bajo la órbita del INTA.