Cerró hace casi dos años y ahora está en el centro de una puja inesperada en Salta
Una escuela rural cerró en 2024 tras 84 años. Casi dos años después, sus aulas están usurpadas y un heredero del terreno donado hizo una propuesta que involucra a Gendarmería. La respuesta del Ministerio, hasta ahora, brilla por su ausencia.
La escuela Niño Jesús de Praga, en el paraje Corral Quemado, municipio de El Galpón, cerró sus puertas el 2 de diciembre de 2024 tras 84 años de educación rural. Hoy, casi dos años después, sus aulas usurpadas y una propuesta que involucra a Gendarmería Nacional la devolvieron al centro de la escena.
El edificio, ubicado sobre la ruta provincial 29 cerca de San José de Orquera, a un paso de El Quebrachal y a pocos kilómetros del límite con Santiago del Estero, está en una zona crítica: por allí operan vuelos narcos que llegan desde Bolivia y se registran altos niveles de cuatrerismo. También, las napas tienen elevadas concentraciones de arsénico.
En noviembre de 2025, once meses después del cierre, el Ministerio de Educación de Salta fue alertado sobre la presencia de "personas inescrupulosas" que merodeaban el lugar con intenciones de "ocuparla y vandalizarla". Poco después trascendió que la costosa bomba del pozo de agua había sido sustraída en circunstancias que aún se desconocen.
El denunciante fue Tito Tubal Rengel, administrador de la sucesión de Baltasar Rengel Camazano y Encarnación Aranda. La escuela se construyó en una fracción de una hectárea (matrícula catastral 8789 de Metán) donada por su padre en 1979 al Consejo General de Educación de Salta.
Escuela tomada y reclamos sin respuesta
El 29 de mayo, con otra nota agregada al expediente 27-222420-0 del 17 de noviembre de 2025, Rengel informó a la cartera educativa que personas extrañas ya ocupaban las instalaciones y solicitó el desalojo para resguardar el patrimonio del Estado.
Sin respuestas, el 15 de junio dirigió otra nota a la ministra de Educación, Cristina Fiore, en la que reiteró que, ante el cierre del establecimiento y el incumplimiento del cargo de la donación, el predio debería ser devuelto a la sucesión que administra, conforme a un proceso tramitado en los tribunales de Tucumán.
Ayer, ante El Tribuno, Rengel insistió en que el predio, por su ubicación estratégica en una zona crítica de la "lluvia blanca", podría tener un uso trascendental para la seguridad y los objetivos del Plan Güemes.
"Según me informaron, Gendarmería Nacional necesita instalaciones para la delegación ubicada actualmente sobre la ruta nacional 16 entre Joaquín V. González y El Quebrachal. Propuse que se le entregue el predio a esa fuerza federal en comodato, o bajo la forma que el Ministerio de Educación considere conveniente y por el tiempo que determine", puntualizó.
Y recalcó: "Si el Ministerio decidiera cambiar sin nuestro consentimiento el destino para el que fue donado el predio, deberá ser regresado a la sucesión de Baltasar Rengel Camazano y Encarnación Arana".
Una historia de 84 años
La escuela rural de Corral Quemado, como otras del interior profundo, sufrió un progresivo desgranamiento de su matrícula en las últimas tres décadas. El cambio de residencia de familias lugareñas a El Quebrachal fue uno de los factores determinantes. Tras un cierre progresivo de grados, en 2024 solo quedaban tres: 4°, 5° y 7°.
Pese a ello, la institución mantuvo hasta el último día un equipo educativo completo, con docentes de materias troncales y de áreas especiales como inglés, arte, educación física y religión, además de personal administrativo y de maestranza. Una de sus directoras históricas, Blanca María Bottaz de Salazar, ejerció allí la docencia desde 1977 hasta 2016.
La vida de la comunidad rural de Corral Quemado estuvo siempre ligada al esfuerzo de su gente, dedicada por décadas a la agricultura en fincas de la zona y a la producción de carbón.
El predio donde se construyó el actual edificio fue donado por Baltasar Rengel, casado con Encarnación Aranda, en 1979 al Consejo General de Educación de Salta. En sus inicios, el establecimiento contó con tres maestras y llegó a tener una matrícula de 60 alumnos. Era una escuela rancho y más de una vez su directora enseñó a los niños bajo un árbol. En un techo plegado a la escuela, Blanca crió a sus cinco hijos junto a su esposo mientras desarrollaba su labor docente.
En una zona con elevadas concentraciones de arsénico en las napas, una de las luchas más angustiosas de esa comunidad educativa fue por agua segura. Durante años fue auxiliada por la Municipalidad de El Galpón con suministros potables nunca suficientes. Blanca rompió el baúl de su auto cargando bidones. En 2010, finalmente, se perforó el pozo que tiene fuentes aptas para el consumo humano.
Con la migración, la matrícula empezó a desgranarse. El cierre definitivo, en diciembre de 2024, fue un acto cargado de emociones. A la directora Matilde del Valle Palomino, jubilada desde entonces, le tocó dirigir las palabras de despedida ante el personal, algunos padres y un único alumno egresado. Junto a la presencia de Blanca, también resaltó en esa ceremonia la de Juan Carlos Valdiviezo, maestro y escritor.
Así se apagaron las luces de una escuela que, entre caminos frecuentados por narcos, quizás tenga reservado otro destino trascendente.