Chernóbil: lo que la naturaleza hizo con la zona prohibida 40 años después
A 40 años del desastre nuclear, la Zona de Exclusión se transformó: bosques, lobos y ciervos dominan el paisaje. ¿Qué revelan las imágenes satelitales?
El 26 de abril de 1986, una explosión en la central nuclear de Chernóbil desató el peor accidente radiactivo de la historia. Miles de kilómetros quedaron contaminados y la vida humana desapareció de golpe. Pero cuatro décadas después, un fenómeno inesperado sorprende a los científicos.
La evacuación masiva que cambió todo
Tras la explosión, durante la primavera y el verano de aquel año, unas 116.000 personas fueron evacuadas de las zonas cercanas a la central. En los años siguientes, otras 220.000 fueron reasentadas desde territorios contaminados en Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
Ciudades, campos y caminos quedaron prácticamente sin presencia humana. Sin embargo, con el paso del tiempo ocurrió una transformación extraordinaria: la vegetación comenzó a avanzar sobre tierras abandonadas y los animales volvieron a ocupar el territorio.
¿Cómo se recuperó el paisaje?
La evacuación provocó que enormes extensiones de tierra dejaran de cultivarse y mantenerse. Con mínima intervención humana, empezó un proceso de reforestación natural. Antiguos campos se cubrieron de arbustos y árboles, mientras la vegetación ganaba terreno sobre construcciones, caminos y pueblos abandonados.
Un estudio con imágenes satelitales Landsat analizó la evolución de la Zona de Exclusión entre 1986 y 2020. Los resultados son contundentes: en 1986, el 41% de la superficie analizada estaba cubierta por bosques; para 2020, esa proporción subió al 59%. La superficie forestal creció aproximadamente 1,5 veces desde el desastre.
Los animales que regresaron
La transformación no solo fue vegetal. Con los años se documentaron poblaciones de lobos, alces, ciervos y jabalíes dentro de la Zona de Exclusión. Un estudio publicado en Current Biology encontró que las cantidades de alces, ciervos y jabalíes eran similares a las de cuatro reservas naturales no contaminadas de la región. En el caso de los lobos, su abundancia resultó más de siete veces superior.
La conclusión sorprende: incluso en un territorio afectado por contaminación radiactiva, la fuerte reducción de la actividad humana permitió que distintas especies encontraran un lugar para establecerse.
Prípiat, la ciudad fantasma
Una de las imágenes más representativas de esta metamorfosis se ve en Prípiat, la ciudad construida para los trabajadores de la central y sus familias. Con las décadas, la vegetación creció alrededor de edificios, escuelas, casas y calles que alguna vez fueron parte de una ciudad habitada.
Sin embargo, los bosques y la abundancia de animales no significan que el accidente haya beneficiado al ecosistema ni que la radiación haya dejado de tener efectos. En los primeros momentos se documentaron graves consecuencias sobre la vida silvestre, incluida la muerte masiva de plantaciones cerca del reactor y efectos sobre pequeños mamíferos e invertebrados.
Los efectos ecológicos de la exposición crónica a la radiación siguen siendo investigados. Lo extraordinario de Chernóbil está en otro fenómeno: qué ocurre cuando, después de una catástrofe, la presencia humana prácticamente desaparece de miles de kilómetros cuadrados durante décadas.