Chicas de Italia y Noruega revelan qué les chocó de las aulas cordobesas
Simón, Margherita, Gianna y Verónica ya están en las aulas cordobesas y no paran de sorprenderse. Entre mates, remeras de la promo y aulas de 30 chicos, cuentan qué les resultó más raro de la escuela argentina y por qué ya se sienten parte.
Cuatro estudiantes de intercambio de Italia y Noruega ya están cursando en escuelas de Río Cuarto y La Carlota, y tras su primera semana en el sur cordobés no paran de encontrar motivos para sorprenderse y reírse. Simón, Margherita, Gianna y Verónica forman parte de un grupo de seis jóvenes que llegaron desde Europa y Asia para vivir una experiencia educativa y cultural en la región, con el acompañamiento de la organización AFS.
Los motivos que los trajeron son tan diversos como sus lugares de origen. Algunos buscaban reconectarse con raíces familiares, mientras que otros simplemente se animaron a lo desconocido cuando el destino los cruzó con Argentina. Lo que comparten hoy es el entusiasmo por haber hecho una pausa en sus vidas para regalarse meses de vivencias en el sur cordobés.
Una bienvenida que mata la nostalgia
La convivencia con familias anfitrionas era una de las mayores incertidumbres antes de viajar. Simón, que llegó desde Noruega sin haber tenido contacto previo por teléfono, confiesa que aterrizó con un poco de susto, pero el alivio fue inmediato: “Es una familia muy activa y hacen muy buena comida. Mi papá de acá me hace acordar a mi papá en Noruega, es muy divertido. Además, nunca había tenido hermanos y está siendo muy divertido”.
Margherita, que viene de un pueblo pequeño de Cerdeña, también sentía temor de no encajar, pero el recibimiento borró cualquier duda: “El primer día ya conocí a toda la familia, abuelos, tíos... Me siento parte. Creo que no extraño tanto Italia gracias a ellos”. Gianna coincide en que la calidez fue inmediata: “Ya habíamos hablado bastante antes de viajar y cuando llegué me recibieron con mucho afecto. Es como ser una familia”.
Del Google a las calles de Río Cuarto
Cuando a Simón le confirmaron el destino, su primer impulso fue buscar la ciudad en internet. “Vi el río, un puente y un parque lleno de árboles con hermosos colores”, recuerda entre risas sobre las fotos que le devolvió la pantalla, donde seguramente asomaban el Chocancharava, el Puente del Bicentenario y el Parque Sarmiento. Para él, el viaje tiene un trasfondo familiar: su mamá, su hermana, su abuelo e incluso en su propia casa en Noruega, donde también hospedaron a tres chicos, ya habían vivido la experiencia de AFS. Pero además buscaba algo personal: “Quería salir de mi 'burbuja' para vivir algo nuevo. Aprender español, la cultura, el asado y, por supuesto, el fútbol”.
Las dimensiones de las ciudades también generaron contrastes curiosos. Margherita siente a Río Cuarto desafiante: “Me puede ayudar a ser más independiente, a vivir algo nuevo y hablar con chicas que tienen modos de vida diferentes al mío”. Verónica, en cambio, vivió el proceso inverso: proviene de una ciudad más grande y ahora reside en La Carlota, un cambio de escala que la entusiasma por la posibilidad de crear lazos estrechos.
Ruido, Haaland y una remera de la promo
Incorporarlos al colegio a los pocos días de llegar es parte central de la estrategia para acelerar la adaptación, un proceso que requiere articular con instituciones públicas y privadas. Y en las escuelas, los choques culturales no tardaron en aparecer. A Margherita le llamaron la atención las normas sobre indumentaria y peinados, aunque destaca la buena predisposición del entorno: “Mis compañeros me incluyeron desde el primer día y los profesores hasta me intentan hablar en italiano para explicarme”.
Verónica sintió el cambio numérico y sonoro: pasa de un curso de solo 9 alumnos en Italia a un aula cordobesa de 30 chicos. “Acá hay muchísimo ruido porque hablan mucho, para mí es muy raro”, comenta entre risas. Para Simón, la dinámica de clases en Río Cuarto resultó una sorpresa frente a la experiencia nórdica: “En Noruega estoy acostumbrado a más disciplina en clase, más enfocada en el estudio. Pero acá la escuela es más divertida, hay más '¡profe, profe!'”, dice imitando el gesto divertido. “Pero también se trabaja, es una buena mezcla”, resume.
Esa buena onda se sintió desde el primer minuto: sus compañeros de curso no solo lo esperaron el primer día con un equipo de mate listo para regalarle, sino que además le consiguieron su propia remera de la promo para que se integre como uno más del grupo.
Una ventana al mundo para los locales
Mientras ellos descubren la cotidianeidad local, sus nuevos compañeros los convirtieron en una ventana hacia el mundo. A las chicas italianas las abordan con dudas sobre salidas nocturnas, la comida, modismos y hasta les piden que enseñen palabras en su idioma. A Simón, las consultas le llegan por el lado del deporte y el cliché: “Me preguntan por Haaland”, se ríe.
El intercambio recién empieza. Por delante quedan meses de aprendizaje, mates, charlas y recuerdos por construir. Para Verónica, la mayor expectativa pasa por “los amigos que me voy a llevar de acá”; para Simón, el objetivo es dominar el idioma y disfrutar de la comida; y para todos, transformar un punto en el mapa en un lugar propio. Mientras tanto, Río Cuarto y la región ya empezaron a mirarse a través de sus ojos.
Ver esta publicación en Instagram