Chubut tiene el viento y la historia, pero le falta la línea de largada
Chubut tiene el viento, la historia petrolera y los proyectos experimentales. Lo que todavía no aparece es la línea de largada: sin marco regulatorio ni compradores, el hidrógeno verde sigue esperando el salto que nunca llega.
El viento de Comodoro Rivadavia no está en discusión. La experiencia petrolera tampoco. Pero un especialista de la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana (AHK) advirtió que Chubut todavía no logra convertir ese potencial en un negocio concreto, y puso el foco en un obstáculo que va más allá de la producción de energía.
Santiago Enríquez, Skills Expert del Departamento de Energía y Medio Ambiente de la AHK, recorrió Comodoro Rivadavia para reunirse con empresas y actores de la región. En diálogo con ADNSUR, planteó que la provincia tiene recursos naturales, tradición industrial y capacidades humanas para una nueva etapa energética, pero marcó una cuenta pendiente: cómo pasar del discurso a la actividad económica real.
El hidrógeno verde, entre proyectos y la escala que no llega
El especialista apuntó directamente al hidrógeno verde, una actividad con antecedentes y proyectos experimentales en la zona que todavía no dio el salto a escala industrial. Para Enríquez, el desafío no termina en generar energía renovable: hay que encontrar quién la consuma, transformarla en productos y armar una cadena de valor que hoy sigue incompleta.
“Tenemos que llegar a cubrir todo lo que es la cadena de valor para llegar al consumo, también al producto”, explicó. Y ahí ubicó una de las principales dificultades: quién está dispuesto a asumir el riesgo de consumir esa energía y dónde puede insertarse.
La diferencia es clave. Una región puede tener viento, electricidad renovable y capacidad para producir hidrógeno, pero eso no garantiza que exista una industria alrededor de esos recursos.
“Si nos quedamos siempre con la narrativa de las bondades de las energías verdes y del potencial del viento, no le ponemos foco también a otras instancias necesarias donde se requiere una visión de riesgo, una creación de una cadena de valor”, sostuvo.
Para el especialista, esa construcción no depende de un solo actor: empresas, gobiernos y cooperación internacional deben intervenir para que la energía se convierta en producto y, finalmente, en negocio. En ese marco introdujo el concepto de “visión ecosistémica”.
“No podemos pensar que un solo sector es el más inteligente de todos. Tenemos que crear una inteligencia colectiva entre todos los actores de la región”, planteó.
Sin marco regulatorio, no hay línea de largada
Enríquez fue crítico con la ausencia de un marco regulatorio argentino para el hidrógeno. Recordó que el país fue pionero en legislación sobre el tema, aunque aquella normativa nunca llegó a reglamentarse, y señaló que pasaron años sin un esquema que permita a las empresas pasar de los estudios a proyectos concretos.
“La línea de largada y cómo de alguna manera el marco para el cual las empresas puedan empezar a impulsar proyectos de manera más concreta, superando la instancia de estudios, no la tenemos”, afirmó.
Su planteo no es un pedido burocrático. Sin reglas claras, dijo, nadie toma las decisiones de inversión necesarias para desarrollar una actividad nueva. Por eso reclamó “un compromiso real desde diferentes sectores” para alcanzar consensos y evitar que intereses particulares o sectoriales posterguen una legislación que posicione a la Argentina en un mercado en desarrollo.
“Las inversiones a nivel internacional ya se hundieron. Tanto en el despliegue de infraestructura como en el desarrollo de tecnología”, señaló. Aun así, considera que la discusión no debe atarse solo a la demanda actual: “Tarde o temprano el mercado de hidrógeno va a seguir, va a tener un despegue y tenemos que estar preparados”.
El otro problema: ¿quién compra el hidrógeno?
La falta de regulación no es el único obstáculo. Hay uno más concreto: la demanda. Enríquez reconoció que hoy no existe suficiente demanda para todos los proyectos de hidrógeno que se plantean en el mundo, y describió una paradoja: para que haya industria se necesitan consumidores, pero para que aparezcan consumidores primero hay que construir la oferta y desarrollar la tecnología.
“Es importante crear demanda a través de diferentes incentivos”, explicó. Entre las herramientas mencionó los proyectos piloto y los mecanismos para que el hidrógeno se use como alternativa de abastecimiento dentro de los propios países. Puso como ejemplos a Chile y Brasil, donde los gobiernos impulsan demanda interna para movilizar el mercado.
Mientras tanto, advirtió, todavía no están plenamente disponibles los grandes consumidores internacionales que podrían garantizar la compra de grandes volúmenes de hidrógeno o sus derivados. Su propuesta para esta etapa no es esperar: avanzar con pilotos, generar demanda específica, probar tecnología y “movilizar la cadena de valor”.
La oportunidad de no empezar de cero
Cuando se le pidió una hoja de ruta para la región, Enríquez puso el acento en algo que excede a la energía. “Creo que la región tiene mucho por hacer, es un lindo desafío”, sostuvo, y destacó no solo la biodiversidad sino “la calidad humana, la calidez y la inteligencia colectiva que hay”.
Su mirada parte de una constatación concreta: Chubut tiene una tradición industrial y energética que puede servir de plataforma para nuevas actividades. Durante su visita a Comodoro recorrió lugares que le permitieron dimensionar esa historia. “A mí sí me parece súper increíble venir y ver los murales de YPF, mirar la tradición que hay en oil and gas, ver todo lo que es el sector petrolero”, señaló.
Pero vinculó esa historia con otra capacidad menos visible: “el conocimiento acumulado en escuelas técnicas, universidades” y empresas. Para él, la transición no implica reemplazar una actividad por otra, sino usar la experiencia industrial existente como punto de partida para construir nuevos sectores.
Por eso, ante la posibilidad de armar una lista de tareas inmediatas, evitó enumerar solo proyectos o medidas: “Creo que lo más importante es seguir apostando a la inteligencia colectiva, dejar inspirarse mutuamente entre los diferentes sectores”.
Carbono: ponerle precio a lo que no se emite
El otro eje de su visita a Chubut apunta a una actividad menos visible para el público general. El próximo 24 de septiembre, en Rawson, se desarrollará un encuentro sobre economía y mercados de carbono.
Allí aparece la posibilidad de generar nuevos negocios a partir de algo que hasta ahora suele considerarse solo un costo ambiental: las emisiones de dióxido de carbono, en contraste con la generación eólica que caracteriza a Chubut.
“Entiendo que hay una especie de balance sobre el impacto de emisiones que están evitando los parques eólicos que tiene la región, que pueden hacer contratos para compensar la emisión en otras partes del mundo, a través de un valor específico para esos bonos. Parte de esto es lo que se tratará en el evento del jueves”, anticipó.
La idea es avanzar hacia una economía en la que empresas y regiones puedan medir cuánto emiten, identificar dónde reducir esas emisiones y cuantificar el impacto de sus actividades. Para el especialista, no es solo una cuestión ambiental: “es un factor de competitividad fundamental”.
Y lo vinculó con los compromisos internacionales de reducción de emisiones y con las exigencias que ya aparecen en los mercados internacionales. Medir las emisiones y demostrar una menor huella ambiental puede convertirse en una condición para competir y vender productos en determinados mercados.
El concepto abre una discusión relevante para Chubut: el recurso renovable no necesariamente termina en la electricidad que produce un parque eólico. También puede tener valor por las emisiones que evita y por los servicios ambientales que una región puede ofrecer.
Enríquez incluso planteó una perspectiva más amplia: una región del sur del mundo que logre medir sus emisiones, valorizar su biodiversidad y desarrollar servicios ecosistémicos podría posicionarse internacionalmente como potencial exportadora de esos servicios. Y allí vuelve la misma condición que marcó para el hidrógeno: pasar de hablar del potencial a construir las condiciones concretas para que ese potencial se convierta en actividad económica.