Científicos de Bariloche revelan por qué los pinos crecen hasta 4 veces más rápido en el sur
Los pinos del norte crecen hasta 4 veces más rápido en Argentina y Chile, pero lejos de ser una solución, amenazan los bosques nativos de la Patagonia.
Un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature acaba de poner en jaque los manuales de ecología: los pinos originarios del hemisferio norte que se plantan en países como Chile y Argentina crecen hasta cuatro veces más rápido y resisten mejor las sequías que en su hábitat natural. La investigación, que contó con la participación de Jaime Moyano, del Instituto INIBIOMA del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue, en Bariloche, revela que las reglas de la naturaleza no son las mismas en todo el planeta.
Qué encontraron
El equipo analizó más de 65.000 anillos de crecimiento en 192 sitios de diez países. Compararon los bosques nativos de Norteamérica y Europa con las extensas plantaciones comerciales del hemisferio sur. El resultado rompió con el dogma de que un crecimiento veloz siempre implica menor tolerancia al estrés hídrico.
Según los científicos, la clave está en la ausencia de plagas, patógenos y herbívoros especializados que en su lugar de origen limitan su desarrollo. Al no gastar energía en defensas biológicas, los pinos destinan todos sus nutrientes a crecer, y acumulan más reservas de azúcares y almidones. Eso les permite seguir haciendo la fotosíntesis incluso en los períodos de sequía más intensos.
Qué pasa en la Patagonia
En la región, el equipo evaluó de cerca los bosques nativos de Nothofagus que crecen pegados a las plantaciones de pinos introducidos, como el Pinus contorta y el Pinus ponderosa. Aunque los árboles locales crecen más lento, demostraron una tolerancia climática muy similar, lo que refuerza la urgencia de proteger la flora autóctona.
No es una solución mágica
Los investigadores fueron contundentes: las especies exóticas de coníferas no son una solución positiva contra la crisis climática ni una buena noticia para la captura de carbono. Al contrario, muchas se comportan como una seria amenaza invasora que desplaza la biodiversidad original del sur. Entender esta problemática en profundidad es fundamental para evitar daños mayores, proteger los frágiles ecosistemas australes y rediseñar el manejo forestal moderno.