Cierran persianas, crece la informalidad y los precios se disparan: el comercio de los departamentos resiste como puede

¿Qué está pasando con el comercio en los departamentos de San Juan? Cierres masivos, precios que duelen y una informalidad que crece. Los comerciantes cuentan cómo resisten y qué esperan de la minería.

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Cierran persianas, crece la informalidad y los precios se disparan: el comercio de los departamentos resiste como puede
Cierran persianas, crece la informalidad y los precios se disparan: el comercio de los departamentos resiste como puede

Un relevamiento de DIARIO DE CUYO entre referentes comerciales de distintos departamentos de San Juan revela una realidad inquietante: el consumo se derrumba, los costos aumentan y la informalidad avanza sin freno. La prioridad ya no es crecer, sino resistir.

Hermes Rodríguez, presidente de la Cámara de Comercio de San Juan, marcó el tono: “Hay una desesperación de venta. Hasta se pueden encontrar precios similares al año pasado”. En los departamentos, los comerciantes además deben absorber costos que no pesan sobre quienes operan en el centro provincial.

Jáchal: el 20% de los comercios cerraron

Marcelo Aguirre, referente local, describió un escenario de caída del consumo, cierre de negocios y crecimiento de las ventas informales. “Está complicado, la verdad es que se ha complicado mucho”, resumió.

Los que aún resisten apelan a promociones, pero el cliente pide financiación: “Ahora lo que pide la gente son cuotas, muy poco contado se está trabajando”, señaló. La falta de empleo golpea de lleno a kioscos, carnicerías y locales de indumentaria, algunos ya con las persianas bajas.

La estimación es contundente: alrededor del 20% de los comercios de Jáchal cerraron. Otros achicaron estructuras: negocios que ocupaban 200 metros cuadrados ahora funcionan en apenas 50. A esto se suman las ventas online, los grupos de compra-venta y los vendedores ambulantes, que generan una competencia desigual para quienes sostienen alquileres, servicios y empleados.

Calingasta: la carne, 50% más cara

Omar Toro, referente del departamento cordillerano, aseguró que el panorama es incluso más complejo que en otras zonas. La actividad minera es la principal fuente de trabajo y, cuando termina la temporada, las cesantías impactan directo en el consumo. “Estamos sufriendo todos”, resumió.

Los comercios no esenciales buscan locales más baratos, mientras que solo se sostienen aquellos con inmueble propio. También hubo despidos para recortar gastos fijos. Pero el problema más visible es el precio de los alimentos: un kilo de asado puede costar $24.000 en Calingasta, contra $16.000 en el resto de la provincia. La diferencia es tal que muchos viajan a Uspallata o al Gran San Juan para comprar. “Acá es una costumbre que todo sea más caro”, explicó Toro.

Caucete: locales vacíos en la diagonal histórica

Luis César Agulles marcó un hito: “Nunca hubo locales desocupados en la diagonal, es histórico”. La caída del consumo se combina con una morosidad creciente. Las dos principales casas de comidas cerraron sus salones y pasaron al delivery; otros venden desde sus casas. “Hay consumo, pero no el esperado”, sintetizó.

Zonda: de 50 a más de 300 comercios, pero todos venden menos

Pablo Rodríguez contó que el departamento pasó de unos 50 comercios a más de 300 en tres años, pero los consumidores no crecieron al mismo ritmo. “Al haber más negocios, cada vez vendemos menos”, resumió. La informalidad es el gran desafío: se estima que el 90% de los comercios funciona de manera irregular, mientras las ventas online ganan terreno en ropa y electrodomésticos.

La minería, la esperanza que no termina de llegar

Con la recuperación del consumo aún lejana, los comerciantes depositan sus expectativas en la actividad minera. En Jáchal, la mirada está puesta en Vicuña; en Calingasta, en el regreso de la temporada. La esperanza no es solo que aumente el consumo, sino que los comercios puedan integrarse a la cadena económica y fortalecer el empleo.

Mientras tanto, la crisis tiene múltiples rostros: persianas bajas, locales vacíos, precios más altos, consumidores que viajan para abastecerse y una informalidad que gana terreno. Pero también hay una fuerte voluntad de resistir y una expectativa común: que la minería se convierta en el impulso que recupere el empleo, el consumo y la actividad económica local.

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