Cinco hermanas, dos cumpleaños: las tres mayores nacieron un mismo 11 de septiembre
Cinco hermanas, pero solo dos fechas para soplar las velitas: tres nacieron el mismo día en años distintos y las dos menores son mellizas. La historia de las Lovera, entre anécdotas de una torta para tres y una conexión que sorprende.
Tres hermanas nacieron el mismo día pero en años distintos, y las dos menores son mellizas. La historia de las Lovera, una familia de Jardín América que celebra cinco cumpleaños en apenas dos fechas del calendario.
Mariana, Griselda y Cristina Lovera llegaron al mundo un 11 de septiembre, pero de 1979, 1980 y 1984 respectivamente. Años después, el 13 de abril de 1989, nacieron las mellizas Eugenia y Amalia —conocida como Mali—. Así, las cinco hermanas se reparten los festejos en dos únicas jornadas.
Cuatro de ellas viven en Jardín América y una en Posadas. Esa distancia hace que los reencuentros no sean tan seguidos como quisieran, y por eso cada encuentro en la casa de los padres, Alicia Oliveira y Domingo Lovera, ambos jubilados, se vive con risas y alegría.
Una torta para tres
Para los padres, festejar los primeros cumpleaños no tenía mayor complicación, salvo para los invitados: había que llevar tres regalos. “Ahorrábamos plata porque solamente en dos fechas teníamos celebración”, recordó la madre, que también contó que sus tres primeras hijas nacieron por parto natural.
Las mayores, en cambio, guardan otro recuerdo de esas fiestas compartidas: las consideraban “aburridas”. Cada una tenía su grupo de amigos y la celebración terminaba siendo una sola torta para las tres cumpleañeras. La situación se repitió con las mellizas, e incluso el primer año de Mariana no hubo festejo porque nació Griselda.
Hoy los caminos son distintos. Cristina estudia la Licenciatura en Turismo en Posadas, Griselda es ama de casa, Mali se dedica a la decoración de eventos, Eugenia es comerciante y Mariana es docente y trabaja en una fiscalía.
Mariana, la mayor, contó que ver crecer a sus hermanas “fue algo muy lindo”. Junto a Griselda se ocupó de cuidar a las tres menores. Las más grandes coinciden en que las “más terribles” siempre fueron las mellizas, que se complotaban en todo momento, aunque el vínculo entre las cinco se mantuvo intacto y la infancia “quedó con hermosos recuerdos”.
Dos gotas de agua
Con las mellizas, la confusión es moneda corriente. “Salvo nuestros padres, nuestras hermanas mayores y nuestros respectivos maridos, que no se confunden, cotidianamente tenemos que decir quién es quién, más aún cuando estamos juntas”, dijo entre risas Mali.
Las anécdotas se acumulan. Jugaban al básquet juntas y en un partido, por acumulación de faltas, debían expulsar a Mali. Sin embargo, quien salió fue Eugenia: el árbitro nunca advirtió su error, pese a que ambas ocupaban puestos distintos en la cancha.
Entre las dos hay además una conexión que va más allá de lo previsible. Cuando una se siente mal, la otra lo presiente y llama. Ocurrió cuando Mali tuvo a su hijo y se descompensó: Eugenia se sintió mal emocionalmente. Y cuando operaron del apéndice a Mali, Eugenia sintió dolores en el cuerpo.
El varón que no llegó
Los padres buscaron un varón en la familia, pero nunca llegó. Aun así se sienten bendecidos por el hogar que formaron. Hoy disfrutan de tres nietos varones: Griselda tiene dos hijos y Mali, uno.
Para no quedar mal con ninguna hija en los cumpleaños, Alicia y Domingo prefieren que ellas lleguen a su domicilio. Con los años, esa costumbre se volvió tradición, y en ocasiones especiales la casa familiar de Jardín América vuelve a llenarse.
“Cuando eran niñas era muy lindo de tenerlas juntas, estábamos contentos. De grande cada una hizo su vida y se fue por su lado y quedamos solos nosotros, hace diez años teníamos a todas juntas. Por eso ahora juntarnos en familia es un motivo especial”, analizó el padre.
Foto: Esteban González / El Territorio.