Cobra 1.100 euros, paga 850 de alquiler: la decisión que la dejó durmiendo en un New Beetle

Cobra 1.100 euros y el alquiler le pedía 850. Begoña perdió su casa, durmió medio año en un New Beetle y hoy se baña en un polideportivo. Los dueños le cierran la puerta por su tipo de contrato.

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Cobra 1.100 euros, paga 850 de alquiler: la decisión que la dejó durmiendo en un New Beetle
Cobra 1.100 euros, paga 850 de alquiler: la decisión que la dejó durmiendo en un New Beetle

Begoña tiene 62 años, trabaja en Mallorca y hace cuatro años perdió su casa. Su sueldo no alcanzaba para sostener el alquiler y desde entonces encadenó refugios precarios: un colchón en el piso, una habitación quemada y, durante medio año, el asiento de un Volkswagen New Beetle.

Hoy vive en una caravana de seis metros y medio con su hijo, en el entorno del polideportivo de Son Hugo. Tiene calefacción para el invierno, pero no ducha. Por eso, cada mañana arranca el día con una parada obligada: el baño del polideportivo.

El desahucio que lo cambió todo

Begoña llegó a Mallorca en 2016 desde Teruel, buscando mejores oportunidades. Seis años después, en 2022, se quedó sin vivienda. Cobraba 1.100 euros y el alquiler le pedía 850. La cuenta no cerraba.

Tras el desahucio, durmió diez días en la casa de un amigo de su hijo, sobre un colchón en el suelo. Luego se mudó a Campos y durante un tiempo recorrió más de 100 kilómetros diarios para llegar a su trabajo, dejando el auto estacionado en una parada de colectivo.

También encontró refugio en una habitación que había quedado en pie después de un incendio, pero la solución duró poco. Terminó durmiendo aproximadamente seis meses dentro de un Volkswagen New Beetle. El espacio era tan chico que debía acomodarse con las rodillas dobladas o apoyar las piernas contra el vidrio para descansar.

“Inicialmente alquilé una autocaravana por 250 euros al mes”, contó. Pero cuando llovía, el vehículo se inundaba. Finalmente, encontró otra caravana donde pudo instalarse junto a su hijo.

Un día medido por el transporte y la diabetes

La vivienda actual tiene unos seis metros y medio y cuenta con calefacción para los meses más fríos, pero no tiene ducha. Begoña organizó su rutina en función del colectivo y de las instalaciones del polideportivo de Son Hugo.

“Mi día a día es levantarme a las 8 de la mañana y a las 8:22 estar tomando el autobús para irme a la Plaza España para ir a trabajar”, explicó. Trabaja como controladora de la ORA en la zona de Calvià, con un contrato de fija discontinua desde hace cinco años. Al terminar la jornada, vuelve a la caravana para cenar y descansar.

Además, debe sostener su tratamiento diario para la diabetes. “Yo soy diabética, entonces me tengo que tomar mis pastillas y ponerme mi insulina”, relató. Aunque consiguió un lugar más estable, la falta de servicios básicos sigue siendo una dificultad cotidiana.

El obstáculo que aparece cuando buscan alquilar

Begoña y su hijo intentaron encontrar una vivienda que pudieran pagar, pero se toparon con otro problema: las condiciones que exigen algunos propietarios.

“Te dicen: ‘No, señora, fijos discontinuos no contratan, no les dan’. El 90% de los caseros no se fían”, relató. Según su experiencia, algunos anuncios buscan exclusivamente a personas con empleos estables, como funcionarios.

La situación laboral se convirtió en una barrera para acceder a un alquiler, incluso cuando ambos necesitan una vivienda y están dispuestos a pagarla. Pese a las dificultades, Begoña intenta mantener una mirada positiva: “Dentro de lo que cabe, soy feliz”, aseguró.

De 20 vehículos a más de 180 personas

Actualmente, Begoña y su hijo viven en una caravana estacionada en el entorno del polideportivo de Son Hugo. Cuando ella llegó, en 2022, había alrededor de 20 vehículos. Ahora calcula que más de 180 personas viven en ese asentamiento improvisado.

Entre quienes comparten el espacio, la solidaridad es una herramienta para sobrellevar las dificultades. “Aquí la mesa es comunitaria, lo que se deja aquí se lo pueden llevar”, explicó.

Sin embargo, también existe preocupación por el futuro del asentamiento, sobre todo después de que se conocieran dos informes desfavorables, uno de bomberos y otro de sanidad. Los residentes reclaman alternativas habitacionales y servicios básicos, como acceso al agua y recolección de residuos. La electricidad, en tanto, se obtiene mediante placas solares instaladas en las propias caravanas.

Begoña no quiere quedarse allí para siempre. Su objetivo es encontrar una vivienda que pueda pagar y, cuando llegue el momento de jubilarse, regresar a la península. “Mi plan es, si encuentro algo, que alguna vez suena la campana, irme. Y en el momento en que tenga mi edad de jubilación, irme a la península, irme a Andalucía”, concluyó.

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