Cocinó para 250 peregrinos en la Puna y el motivo conmueve a Salta

Mientras cientos de peregrinos avanzan con el viento y el frío de la Puna, una mujer los espera con un plato caliente. Lo que la llevó a cocinar para más de 250 personas tiene un origen que pocos conocen.

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Cocinó para 250 peregrinos en la Puna y el motivo conmueve a Salta
Cocinó para 250 peregrinos en la Puna y el motivo conmueve a Salta

Elena Siquila, peregrina minera de Tolar Grande, armó junto a su familia un puesto de comida en Incachuli para recibir a más de 250 caminantes que avanzan hacia el Milagro. Lo hace como agradecimiento por la vida de sus hijos, tras un accidente que marcó a la familia.

La Puna salteña no perdona. El viento golpea de frente, el frío se cuela entre la ropa y el camino se extiende durante kilómetros sin más compañía que las montañas. Cada septiembre, cientos de peregrinos avanzan por ese paisaje rumbo a Salta para renovar su pacto con el Señor y la Virgen del Milagro. Entre ellos hay una mujer que, además de caminar, se detiene a cocinar para otros.

Un puesto de comida en plena altura

Elena Siquila es peregrina minera y oriunda de Tolar Grande. Desde hace dos años, su peregrinación tiene una particularidad: junto a sus hijos, hermanos y algunos colaboradores llega hasta Incachuli, en el departamento Los Andes, para esperar a los caminantes con un plato caliente.

El lugar no es un punto cualquiera. Incachuli está en el camino que une San Antonio de los Cobres con Santa Rosa de los Pastos Grandes, cerca del Abra del Gallo, y forma parte del recorrido histórico que los peregrinos mineros atraviesan antes de bajar hacia la capital salteña. Fuentes oficiales de turismo ubican a Incachule —también llamada Incachuli— dentro del circuito andino que conduce hacia Santa Rosa de los Pastos Grandes.

Desde las 7 de la mañana, Elena y su familia pusieron manos a la obra. El menú: milanesas con papas perejiladas. Un plato contundente para quienes llevaban horas de marcha.

"Este año recibimos a más de 250 personas. A pesar del viento y el frío pudimos cumplir nuestra promesa y logramos estar a tiempo con la comida", contó Elena.

Una promesa que nació del dolor

La historia de Elena viene de lejos. Su peregrinación empezó como una forma de agradecer por la vida de sus hijos, después de atravesar momentos de angustia por problemas de salud y un accidente que sufrió uno de ellos.

"Yo peregrino, antes que nada, en agradecimiento a todo lo que tengo y soy. Le doy gracias al Señor y a la Virgen del Milagro. Y principalmente, por la vida que le regaló a mi hijo", explicó.

Con el tiempo, esa promesa tomó otra forma: servir a los que caminan. "Lo hago como una manera de agradecer al Señor y a la Virgen del Milagro por la vida de mis hijos, que tuvieron que pasar por momentos difíciles, como lo fue un accidente ocurrido hace unos años. En honor a eso decidí brindar un almuerzo, en la medida que pueda", agregó.

El año pasado ya habían comenzado con esta iniciativa y recibieron a unos 300 peregrinos mineros. En aquella oportunidad prepararon arroz con pollo, sopa, jugo y postre.

Santa Bárbara y el camino compartido

La imagen de Santa Bárbara, patrona de los trabajadores mineros, acompaña a Elena en cada paso. La lleva consigo como símbolo de su identidad y de una fe que se construyó en los momentos difíciles.

El Milagro reúne cada año a peregrinos de distintos puntos de la provincia, muchos después de varios días de marcha y cientos de kilómetros. La Catedral Basílica destaca que las peregrinaciones llegan desde la Puna, el Norte Andino, los Valles Calchaquíes, el Valle de Lerma y otras regiones del país.

Los llamados Peregrinos de la Puna tienen una historia particular: un estudio académico señala que el colectivo nuclea desde 1988 a fieles de localidades puneñas de Salta, Catamarca y Jujuy.

En esos caminos largos, los puestos de asistencia son clave. Agua, comida, descanso y abrigo pueden definir si un peregrino continúa o se detiene. Por eso el gesto de Elena excede el plato servido: es compañía, es alivio. Es decirle al que viene caminando que, en medio de una Puna enorme y silenciosa, alguien lo estaba esperando.

El Milagro también se sirve en un plato. Y para Elena Siquila, agradecer también es servir.

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