¿Cómo manejan las escuelas los conflictos? Tres enfoques que definen su identidad
¿Cómo enfrentan las escuelas los conflictos? Tres enfoques determinan su identidad. ¿Cuál predomina en Río Negro?
Las escuelas, al igual que otras instituciones como la familia o la iglesia, enfrentan conflictos a diario. Lejos de ser un mero obstáculo, el conflicto se ha convertido en un poderoso analizador institucional. “Dime cómo resuelves tus conflictos y te diré qué tipo de institución escolar eres”, podría sintetizar esta realidad.
La visión punitiva: el conflicto como error
La primera mirada concibe al conflicto como un error del sistema, algo negativo que debe resolverse de inmediato. Se lo percibe como un ruido que aturde, un desorden que desafía la autoridad y entorpece el “normal” funcionamiento.
Cuando aparece, se activan “medidas urgentes” para silenciar ese ruido y restaurar el orden perdido. La solución, en estos casos, suele ser punitiva: castigar, amedrentar y provocar miedo.
Detrás de esta postura se encuentra la Teoría del orden, que sostiene que las sociedades se apoyan en un “orden natural” y que el conflicto es una perturbación que debe eliminarse. Esta visión tecnocrática y positivista dominó la escena hasta bien entrado el siglo XX.
La mirada interpretativa: el conflicto como comprensión
Con el advenimiento del psicoanálisis, surge una segunda acepción. Aquí, el conflicto ya no es un problema estructural, sino de comprensión humana. Se busca analizarlo y entender sus razones.
La resolución se intenta a través del diálogo y el acuerdo. Las escuelas ofrecen ejemplos claros: reuniones de estudiantes para reflexionar o encuentros entre directivos y docentes para consensuar. Sin embargo, esta visión hermenéutica, aunque más avanzada, sigue siendo conservadora: tiende a reconciliar a las personas con la realidad existente sin modificar las estructuras subyacentes.
La perspectiva crítica: el conflicto como oportunidad
La tercera visión es radicalmente distinta: analiza el conflicto desde su potencial transformador. Las instituciones poseen una naturaleza conflictiva que las impulsa, y es gracias a los conflictos que las sociedades y las escuelas evolucionan.
Desde esta óptica, el conflicto es necesario, casi imprescindible, para el cambio social. El teórico Xesus Jares afirmó que esta perspectiva no solo admite, sino que favorece el afrontamiento de ciertos conflictos desde una óptica democrática y no violenta, lo que podría llamarse una “utilización didáctica del conflicto” que cuestiona el funcionamiento institucional.
Los conflictos revelan disputas de poder, tensiones frente a autoritarismos y muestran las ideologías e intereses en juego. Todo conflicto es, en el fondo, un conflicto de intereses, muchas veces desigual e injusto.
¿Qué visión predomina en Río Negro?
Las tres visiones no son puras ni han quedado en el pasado; a menudo se combinan. No obstante, existe una tentación autoritaria y conservadora, fortalecida por el auge de las derechas a nivel mundial, de mantener una mirada tecnocrática sobre los conflictos.
En nuestra provincia, se han registrado situaciones con una tramitación poco clara. Desde el sector docente, se observa un fuerte predominio de la visión tecnocrática y punitiva, con persecución y escasa transparencia.
Es urgente renovar los esfuerzos por defender la democracia, que tanto costó recuperar. El desprecio hacia ella se derrama de arriba hacia abajo y se instala en las instituciones escolares. Irónicamente, ese desprecio lo encarnan a menudo quienes asumieron bajo reglas democráticas y no tardaron en “patear la escalera”.
* Profesor en Instituto de Formación Docente y Universidad Nacional de Río Negro.