Comodoro: el cambio que nadie vio venir en el mercado inmobiliario

El mercado inmobiliario de Comodoro Rivadavia cambió para siempre: hay más propiedades que nunca, pero los precios que se pagan hoy no son los que muchos imaginaban. El dato que lo explica todo, adentro.

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Comodoro: el cambio que nadie vio venir en el mercado inmobiliario
Comodoro: el cambio que nadie vio venir en el mercado inmobiliario

La crisis petrolera ya no solo se mide en despidos: el mercado inmobiliario de Comodoro Rivadavia vive una transformación sin precedentes. Con más de 5.000 empleos formales perdidos en los últimos meses y un éxodo de familias, la oferta de propiedades creció un 40% y la demanda se derrumbó un 70%, según el corredor inmobiliario Jorge Altuna. El resultado: precios en caída y una ciudad que empieza a mostrar otra cara.

El impacto de la retracción de la actividad hidrocarburífera dejó de ser solo un problema de empleo. La salida de YPF de la operación convencional en la región y la reducción de inversiones de operadoras y empresas de servicios petroleros profundizaron un proceso que ya lleva más de un año. Lo que antes era un mercado marcado por los altos salarios petroleros hoy se parece cada vez más a un rompecabezas con piezas sueltas.

Un informe de Raúl Figueroa para ADNSUR, citado en el artículo original, estima que más de 21.000 millones de pesos dejaron de circular en las calles de Comodoro, unos USD 15,5 millones, producto de los sueldos que ya no existen. Ese dinero era el motor de alquileres, vehículos, gastronomía, indumentaria y comercios. Sin él, el efecto en cadena golpea al comercio, la hotelería y el mercado de alquileres de toda la Patagonia.

Menos demanda y más propiedades: el nuevo mapa

Jorge Altuna, referente del sector inmobiliario local, describió un escenario que comenzó a notarse hace aproximadamente un año. "Antes venían seis o siete personas por día y hoy vienen dos o tres", resumió. Según su estimación, la demanda cayó alrededor de un 70%, mientras que la oferta creció un 40%. Hoy, el 85% de quienes llegan a una inmobiliaria buscan alquilar y solo un 15% quiere comprar, pero incluso ese segmento se redujo.

El fenómeno de fondo es el éxodo: muchos propietarios quieren vender antes que alquilar. "En la parte del propietario, todos quieren vender. Mucha gente se quiere ir de Comodoro y ve que no le rinde alquilar su propiedad. Prefiere tener 100 mil dólares en el bolsillo y no 800 mil pesos por mes", explicó Altuna. Las indemnizaciones por despidos se convirtieron, paradójicamente, en un nuevo motor del mercado.

El inquilino petrolero que ya no está

Durante años, el mercado inmobiliario de Comodoro tuvo una particularidad: una demanda sostenida de trabajadores petroleros con salarios altísimos que podían pagar alquileres muy superiores a los de otras ciudades. En algunos casos, las propias compañías cubrían parte de esos costos. Ese perfil prácticamente desapareció.

"Los alquileres ahora sobran porque hay muchos menos sueldos petroleros. Ese petrolero de toda la vida, el que existió siempre, que venía y te quería alquilar una propiedad carísima, ya no está", describió Altuna. La consecuencia directa fue una corrección de los valores, en línea con un exceso de oferta de alquileres que no se veía desde hacía 33 años.

Según el corredor, una propiedad estándar de dos dormitorios que llegó a alquilarse en $1,4 millones mensuales hoy puede encontrarse alrededor de $900.000. "Los precios bajaron considerablemente. Es una ley de mercado: la gente no tiene plata y no puede pagar los precios que se pagaban antes. Los propietarios saben que si no bajan un poco los valores, no le alquilan a nadie", señaló.

¿Cuánto cuesta alquilar hoy una vivienda de dos dormitorios?

Los valores varían según estado, antigüedad, comodidades y ubicación. Altuna trazó una referencia para una casa o departamento de dos dormitorios:

En barrios alejados del centro y sectores económicos, los alquileres se ubican entre $500.000 y $600.000 mensuales. En una franja intermedia, que incluye barrio Roca, Pueyrredón, La Loma, Kilómetro 5, Kilómetro 8 y Juan XXIII, los valores rondan entre $700.000 y $800.000. Para zonas medias-altas como el Centro, Kilómetro 3 o Médanos, se piden entre $1 millón y $1,2 millones. En el segmento superior, que abarca Rada Tilly y algunos sectores de los barrios Roca y General Mosconi, una vivienda similar puede alcanzar entre $1,4 y $1,5 millones.

Sin embargo, el grueso de las búsquedas se concentra en otro rango: las propiedades de entre $600.000 y $900.000 son las que mayor interés generan.

Créditos hipotecarios: la única puerta para muchos compradores

En medio de la retracción apareció otro fenómeno: personas que aprovechan los créditos hipotecarios para intentar comprar. Altuna aseguró que hay más compradores, pero casi todos dependen del financiamiento bancario. "Casi nadie que tenga un ahorro lo pone hoy en una casa", explicó.

Actualmente, aproximadamente la mitad de los bancos ofrece alguna alternativa de crédito hipotecario, aunque acceder requiere cumplir condiciones de ingresos, antigüedad laboral y capacidad crediticia que no todos pueden reunir en un contexto de incertidumbre. Por eso, para Altuna, la decisión entre comprar o alquilar depende de la estabilidad de cada familia: quien tiene veinte años de trabajo estable puede evaluar un crédito, mientras que quien recién empieza o trabaja en un sector con perspectivas inciertas debería optar por alquilar.

El fin de los precios marcados por el salario petrolero

El cambio inmobiliario es otra manifestación de una transformación económica más profunda. "Antes el que movía la economía era el sueldo petrolero. Movía el precio de la carne, de los alquileres, de los vehículos. Y hoy eso ya no está. Tenemos precios más normales", sintetizó Altuna.

Pero detrás de esa aparente normalidad hay una realidad menos alentadora: los precios no bajaron porque haya aumentado el poder adquisitivo, sino porque se redujo la cantidad de personas capaces de pagarlos. La multiplicación de carteles de venta y alquiler, las propiedades que permanecen disponibles durante más tiempo y los dueños obligados a revisar sus pretensiones son la postal de una ciudad que, acostumbrada a que el petróleo empujara salarios y consumo, ahora transita el proceso inverso.

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