Comodoro: el trueque se instala en La Saladita y los feriantes ya no venden ni para comer
La feria que durante años fue el lugar donde todo se conseguía a precio bajo hoy muestra otra cara: puestos vacíos, ventas que no alcanzan ni para comer y una práctica que crece entre los feriantes para no quedarse sin nada.
La feria La Saladita, un clásico de Comodoro Rivadavia desde hace más de una década, se convirtió en el termómetro más crudo de la crisis: las ventas se derrumbaron y el trueque apareció como salida desesperada. "Apenas vendemos para comer", resume una de las feriantes más antiguas del predio.
El informe de ADNSUR que recorre el predio deja ver una postal que contrasta con otras épocas. Años atrás, la mujer llegaba por la mañana y ya había gente esperando para comprar. Hoy arranca cerca del mediodía y puede quedarse hasta la tarde sin juntar el volumen necesario. En algunos casos, apenas saca lo justo para atravesar el día.
Qué se puede encontrar en La Saladita
Los puestos ofrecen de todo: prendas de vestir, calzado, juguetes, anillos, artículos usados, alimentos, condimentos, productos importados y mercadería de distintos rubros. También hay espacio para la cosmética, con perfumes, cremas, maquillajes, delineadores y labiales a precios económicos. En algunos sectores, incluso, se consiguen productos desde mil pesos.
Pero detrás de la variedad aparece el problema común: la falta de clientes y la dificultad para cerrar operaciones. La caída del consumo se nota también en los puestos vacíos, algo impensado en otros tiempos, cuando costaba caminar entre la gente en algunos sectores.
El trueque, la nueva moneda
Ante la escasez de efectivo, vendedores y compradores empezaron a intercambiar mercadería sin dinero de por medio. Una feriante que vende ropa puede ofrecer una prenda a cambio de una crema, un perfume u otro producto de cosmética. Así resuelven necesidades básicas sin pasar por la caja.
Los trabajadores consultados coinciden en que el rubro de la comida es uno de los pocos que todavía mantiene algo de movimiento. El resto de las actividades comerciales enfrenta mayores dificultades para sostener las ventas.
La feria funciona principalmente los fines de semana, cuando los feriantes ocupan sus espacios habituales. Durante la semana también hay actividad, aunque con más presencia de verdulerías, vendedores ocasionales y vecinos que comercializan ropa usada u otros artículos.
Productos bolivianos y una clientela que ya no alcanza
Entre los puestos hay mercadería proveniente de Bolivia, sobre todo condimentos y alimentos para comidas tradicionales: maíz, chuño, papa seca y maní, entre otros. Es una oferta específica que mantiene su demanda dentro de la feria.
Uno de los comerciantes contó que lleva alrededor de dos años en el lugar y que, aunque el movimiento está flojo, todavía le permite obtener un ingreso. Otros, con más tiempo de permanencia, dependen exclusivamente de lo que recaudan. "Vivo de esto", resumió una de las trabajadoras sobre el peso de la feria en su economía familiar.
Del otro lado del mostrador, los compradores también sienten el apretón. Una vecina que se acercó a comprar contó que necesitaba ocho kilos de mercadería, pero reconoció que el dinero ya no alcanza como antes. La situación se vuelve más compleja para quienes tienen hijos y deben afrontar los gastos cotidianos de una familia.