Compraron un campo arruinado y años después hasta los alces volvieron a pasar por sus tierras
El campo estaba tapado de barro, con las cercas destruidas y los suelos agotados. Catorce años después, los mismos dueños reciben un premio internacional: qué hicieron para que la fauna silvestre vuelva a elegir esas tierras.
Dave y Jeannie Gottenborg se hicieron cargo de un rancho en Colorado que estaba tapado de barro y estiércol. Catorce años más tarde, el lugar produce alimentos y funciona como refugio de fauna silvestre.
La historia arrancó en 2012, cerca de Jefferson, en el condado de Park, Colorado. La pareja compró el Eagle Rock Ranch, un establecimiento que había quedado en muy mal estado: los corrales acumulaban lodo y estiércol, los suelos de cultivo estaban degradados por prácticas inadecuadas y las cercas habían sido destruidas por el paso de los alces en sus migraciones.
En lugar de abandonar el proyecto, los Gottenborg se propusieron levantar el campo de nuevo, pero con una condición: que la producción conviviera con el entorno natural. Ese trabajo acaba de recibir el Leopold Conservation Award 2026, un reconocimiento para quienes logran combinar la actividad agropecuaria con el cuidado del ambiente.
Cómo se reconstruye un campo desde cero
La recuperación incluyó la puesta a punto de corrales y pasturas, el reemplazo del alambre oxidado por cercas que no lastiman a los animales y la incorporación de técnicas para mejorar el suelo y el agua.
Una de las claves fue el manejo del heno: los rastrojos se dejan en el campo el tiempo necesario para retener la nieve y así frenar la erosión. Eso favorece que el agua se infiltre y mejora la calidad de la tierra.
El agua limpia se dirige a un estanque de sedimentación y desde allí, a través de un sistema subterráneo, llega hasta los campos de heno. Una bomba que funciona con energía solar alimenta kilómetros de cañerías que abastecen diez depósitos repartidos por el predio. Con esa infraestructura pueden aplicar un pastoreo rotativo que mejora la oferta de forraje y reduce el desgaste del suelo.
Para controlar la erosión plantaron cientos de sauces jóvenes, que además dan sombra a las truchas en los arroyos. También colocaron rejillas para que los peces no ingresen a los canales de riego y escaleras que les permiten llegar a sus zonas de desove.
Un refugio pensado para cada especie
El cuidado de las aves fue otro eje del proyecto. Todos los bebederos tienen escaleras para que no se ahoguen y se construyeron casas para pájaros con la idea de que regrese el azulejo de montaña. Sumaron refugios para murciélagos, fundamentales para la polinización y el control de mosquitos, y cajas nido para búhos, que ayudan a mantener a raya a los roedores.
Desde 2023, el rancho forma parte del Programa de Patrimonio Natural de Colorado (CNHP), que realiza un estudio biótico de referencia para medir el efecto de las prácticas de manejo. El informe señala que el paisaje se mantiene en estado natural, con abundancia y diversidad de vida silvestre y funciones ecológicas relevantes.
El predio conserva poblaciones de tanaceto de Colorado, una especie considerada vulnerable, y hábitats de pastizales de tierras altas en muy buen estado. También favorece los corredores por donde se mueve la comunidad de alces.
Producción y conservación, en el mismo campo
La cría de ganado en Eagle Rock Ranch se hace respetando el ambiente y genera alimentos premium. El establecimiento, además, abre sus puertas a visitantes que quieren conocer la vida rural y el modelo de manejo sustentable que aplican sus dueños.
El premio lleva el nombre de Aldo Leopold, el conservacionista que en su libro de 1949, A Sand County Almanac, propuso una “ética de la tierra” y describió el concepto de “paisaje herido”. Esa definición encajaba casi a la perfección con lo que los Gottenborg encontraron cuando compraron el campo.
Hoy el Eagle Rock Ranch muestra que producir y conservar no son caminos opuestos: un terreno que parecía perdido terminó convertido en una pieza clave para el ambiente de la zona.