Compró aviones que llevaron soldados a Malvinas y armó un hotel que no para de llenarse
En Oncativo, Córdoba, un emprendedor convirtió aviones que participaron en Malvinas en un hotel rural. La propuesta ya le permite cobrar el doble que otros alojamientos de la zona, y hay un detalle que explica por qué las reservas no paran.
Oscar Scorza transformó dos aeronaves en desuso en un alojamiento temático en Oncativo, Córdoba, y logró una ocupación que supera ampliamente a la de sus competidores. La historia combina un homenaje familiar, un guiño a la historia argentina y una fórmula de negocios que despierta curiosidad en las redes.
Todo empezó con un campo comprado para construir una casa. Cinco años después, Scorza descubrió que ese terreno había pertenecido a su bisabuelo, que había llegado desde Italia. Al encontrar una foto suya en la propiedad, imaginó un hotel que funcionara como un árbol genealógico. Esa misma tarde dibujó la primera versión del proyecto.
Hoy el complejo se divide en dos ramas. Una es Nono Luigi, en honor a su ascendencia italiana. La otra es Air Damasco, que homenajea a su familia siria. Cada habitación lleva el nombre de un integrante del árbol genealógico: los varones bautizan los aviones y las mujeres identifican las habitaciones.
Un avión con historia de Malvinas
Entre las naves que hoy reciben huéspedes, una tiene un pasado que trasciende lo hotelero. Participó del conflicto de Malvinas transportando soldados dentro del continente, en el marco de las operaciones cívico-militares del Escuadrón Fénix, organizado por la Fuerza Aérea con pilotos y aeronaves comerciales.
“Los aviones pasaron de Aerolíneas, a Sotherwinds y con la quiebra de la empresa se remataron. Durante el proceso de colaboración con el museo de Malvinas en Oncativo, doné el transporte de un helicóptero y otro avión más pequeño. Mi plan original para este avión era donarlo al museo, pero decidí hacerlo parte del hotel”, relata Scorza.
La decisión se sumó a su objetivo de posicionar a Oncativo como un destino de turismo rural. “Es un lugar en el que no tenés playa, mar ni montaña, pero el turismo rural es de primer nivel, con la Ruta del Queso y la Ruta del Salame. También tenemos el Museo de Malvinas, una réplica del Giganotosaurus carolinii, descubierto por Rubén Darío Carolini, oriundo de Oncativo, y la iglesia donde Bergoglio venía a dar misa cuando vivía en Córdoba”, describe.
Detalles que marcan la diferencia
El ingreso al avión se hace por una manga de aeropuerto real, conseguida en Aeroparque. Luego hay una sala VIP pintada como la de una terminal aérea y un pequeño museo con las cajas negras de las naves: una armada y otra desarmada para que los visitantes puedan verlas.
Las habitaciones ocupan espacios de cuatro por cuatro metros, con 16 metros cuadrados, camas de dos metros de ancho y mesas de luz con cargadores para celulares. Están completamente insonorizadas y cada una tiene su propio jacuzzi en el balcón, protegido con vidrio esmerilado.
Afuera, el campo ofrece animales sueltos como pavos reales, gansos, patos y gallinas, además de cabalgatas, paseos en sulky y una laguna artificial con vista a los aviones. La propuesta se completa con un spa y un espacio para hacer ejercicio.
Un negocio que despega
Las habitaciones se cobran en promedio 180.000 pesos por noche, el doble de lo que cobran otros alojamientos de Oncativo, que rondan los 90.000 pesos. Según Scorza, la ocupación es completa todos los fines de semana del año y en verano se extiende a los días de semana, cuando alcanza el 60%.
El propio emprendedor tiene otra actividad: es fabricante de camiones recolectores de residuos y exporta sus productos a todo el mundo. La idea del hotel también le sirve para hospedar a clientes y proveedores del exterior en un espacio que define como “realmente familiar”.
La mesa larga para 25 personas, como en los viejos tiempos de campo, es otro de los guiños que refuerzan la identidad del lugar. “Se sentaban todos juntos a la mesa con el Nono Luigi. Es una mesa familiar, pensada para que toda la familia comparta la comida en el mismo lugar”, cuenta.
El éxito inicial se explica, en parte, por la capacidad de interrumpir el scroll en plataformas como Instagram o Airbnb. La osadía de convertir un avión en hotel genera asombro y, con él, demanda. La narrativa familiar y local no se impone sobre lo comercial: funciona de manera sutil y acompaña la experiencia.
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