Compró un cerco eléctrico para cuidar su local, pero lo que pasó después lo llevó a juicio
Vecinos y comerciantes de Corrientes apuestan cada vez más a los cercos eléctricos para cuidar lo suyo, pero una instalación deficiente puede terminar en los tribunales. El caso que expuso el riesgo y la condena que marcó un precedente: qué revisar antes de enchufar.
La idea de sumar un cerco eléctrico para alejar a los intrusos gana terreno entre dueños de casas y comercios. Sin embargo, la misma herramienta que promete protección puede transformarse en una trampa mortal si se instala sin los recaudos técnicos que exige la ley. La reciente condena en Corrientes a Alberto Antonio Gómez por la muerte de Juan Cruz Delgado encendió otra vez la alarma sobre los límites entre defenderse y poner en riesgo a otros.
El caso que reabrió el debate
Todo ocurrió en septiembre de 2020, durante una fiesta en el salón de eventos La Realeza, sobre avenida Libertad al 5.800 de la capital correntina. Según la acusación fiscal, Delgado, un joven que participaba del festejo, rozó sin querer el cerco perimetral electrificado del patio trasero y recibió una descarga que le costó la vida. La investigación sostuvo que ese tendido estaba conectado directamente a la red eléctrica, sin dispositivos homologados ni carteles de advertencia.
El Tribunal Oral Penal Nº 1 de Corrientes condenó a Gómez a tres años de prisión en suspenso por homicidio culposo. La pena coincide con la que había pedido el Ministerio Público Fiscal en sus alegatos. La sentencia no solo cerró una etapa judicial, sino que abrió un interrogante que excede el expediente: ¿cómo se instalan estos sistemas y qué riesgos generan cuando se los coloca de cualquier manera?
Cuando la barrera se vuelve amenaza
La búsqueda de protección es legítima. Pero conectar un alambre a la corriente domiciliaria no es lo mismo que montar un sistema de seguridad diseñado para ese fin. La diferencia no es menor: una instalación precaria puede dejar de ser una barrera disuasiva y convertirse en una fuente de peligro para cualquiera que pase cerca.
El caso de Delgado lo demuestra. El riesgo no alcanza solo a quien intenta entrar sin permiso. También puede golpear a invitados, empleados, vecinos o cualquier persona que tenga contacto con el tendido. En el salón de eventos, la víctima era un asistente a la fiesta, no un intruso.
Qué exige una instalación segura
Para que un cerco eléctrico cumpla su función sin poner vidas en juego, debe ajustarse a normas técnicas precisas. Entre los puntos clave aparecen el uso de un energizador certificado, la emisión de pulsos no letales, la señalización visible y un montaje que evite contactos accidentales. También es fundamental que lo instale personal capacitado y que se respeten las regulaciones locales.
Las exigencias concretas —alturas, características del equipo, condiciones de señalización— varían según la jurisdicción. No todos los municipios piden lo mismo, por lo que conviene verificar la normativa vigente en cada lugar antes de avanzar.
Responsabilidad legal y equilibrio
Protegerse no exime de responsabilidades. Si una instalación pensada para resguardar un inmueble termina causando lesiones o la muerte de alguien, pueden derivarse consecuencias legales, siempre sujetas a las circunstancias del hecho y a lo que se acredite en la Justicia. La condena a Gómez por homicidio culposo es un ejemplo de hasta dónde puede llegar la cadena de responsabilidades.
El desafío, en definitiva, pasa por encontrar un punto de equilibrio entre cuidar la propiedad y evitar daños a terceros. La eficacia de un sistema de seguridad no se mide solo por su capacidad para frenar un ingreso, sino también por las condiciones en que funciona. Porque un cerco eléctrico mal instalado deja de ser un resguardo y se convierte en una amenaza latente.