Con 11 años dirigió un partido de mayores y se animó a rapear en las plazas: la historia de Simón
Con solo 11 años, Simón ya dirigió un partido de mayores en Valle Fértil y hasta expulsó a un jugador. Pero hay otra faceta que lo tiene entusiasmado: el freestyle, donde también se consagró campeón. ¿Qué hizo con el premio?
Simón Cuenca Villafañe tiene 11 años, vive en Valle Fértil y ya se mueve entre dos mundos que parecen opuestos: el fútbol y el freestyle. El último domingo se puso el silbato y dirigió su primer partido como árbitro en categoría libre, nada menos que frente a jugadores adultos y adolescentes. No se achicó: expulsó a un futbolista y cobró un penal.
El chico juega al fútbol desde los 3 años y hoy integra La Cantera, bajo las indicaciones del profesor Darío Burgoa. En el club hace de todo: juega, ataja cuando hace falta y colabora con las tareas de los entrenamientos. Fue justamente Burgoa quien le abrió la puerta para probarse como árbitro.
Su mamá, Erika Marisa Villafañe, cuenta que al principio pensó que se trataba de una ocurrencia más de su hijo. Pero Simón se tomó la oportunidad con total seriedad.
El debut con tarjeta roja y penal
El partido de categoría libre permite la participación de jugadores de distintas edades, incluidos adultos. Para un nene de 11 años, el desafío era grande. Sin embargo, Simón tomó una de las decisiones más difíciles que puede enfrentar un árbitro: expulsó a un jugador que evitó una situación manifiesta de gol al tocar la pelota con la mano dentro del área. La sanción fue tarjeta roja y penal.
“Me respetan”, contó Simón al recordar cómo vivió su primera experiencia como árbitro. Reconoce que todavía está aprendiendo las reglas y que este camino recién empieza, acompañado por quienes lo rodean.
De la cancha a la plaza: freestyle y premio
El fútbol no es su única pasión. En las plazas de Valle Fértil encontró otra forma de expresarse: el freestyle. Empezó a rapear inspirado por los chicos que veía improvisar y, de a poco, se animó a competir contra jóvenes mayores. Ganó varias batallas y recientemente se consagró en una competencia de la Fiesta de la Primavera, donde obtuvo un premio de 50.000 pesos.
Lejos de gastarlo de inmediato, tuvo una prioridad: se compró un par de zapatillas. Su mamá destaca que el freestyle también le permitió conocer otros lugares. En una de esas experiencias viajó a San Juan para participar de un torneo y volvió con otro triunfo frente a competidores de mayor edad.
Un chico inquieto que no descuida la escuela
Erika describe a Simón como autodidacta y muy curioso. Esa personalidad lo lleva a involucrarse en distintas actividades y a aprender de quienes tiene alrededor. También procura que sus pasiones no le hagan descuidar el colegio: cursa sexto grado en la Escuela Provincia de Formosa 722 y, aunque su mamá reconoce que debe insistirle con algunas cuestiones escolares, resalta sus capacidades. Como ejemplo, menciona una evaluación de Matemática en la que sacó 10.
Entre sus intereses también aparece la peluquería, una actividad que comenzó a explorar hace poco y que se suma a una lista de inquietudes que parece no tener fin.
El acompañamiento de la familia
Para Erika, acompañarlo en cada experiencia es una de las mayores satisfacciones. Cuenta que al principio algunas actividades le generaban preocupación, sobre todo por los horarios o por tener que trasladarse, pero con el tiempo entendió cuánto significan para su hijo.
La familia cumple un papel central. Tanto ella como el papá de Simón, Ezequiel Cuenca, buscan acompañarlo y enseñarle, sobre todo, el valor del respeto. En el freestyle, por ejemplo, quienes lo rodean remarcan que improvisar no significa recurrir a malas palabras. La idea es que desarrolle su talento sin perder de vista los valores que aprende en su casa y en los espacios donde participa.
Su mamá lo define como un niño que se relaciona fácilmente con los demás y que se gana el cariño de sus compañeros. También cuenta que tiene una buena relación con chicos con discapacidad, algo que para ella demuestra una sensibilidad que va más allá de sus habilidades deportivas o artísticas.
Con apenas 11 años, Simón se mueve entre dos mundos que parecen muy diferentes, pero que para él tienen algo en común: la posibilidad de expresarse, aprender y compartir. Un domingo puede estar con el silbato en la mano dirigiendo un partido de categoría libre en Valle Fértil. Otro día puede estar en una plaza improvisando rimas frente a otros jóvenes. Entre el fútbol y el freestyle, empieza a construir su propio camino, acompañado por una familia que celebra cada uno de sus logros.