Con 8 años, nunca estudió música y sorprende al piano: lo que hace con las canciones que escucha una sola vez

Sus padres no son músicos y nunca le enseñaron. Lo que este nene de 8 años logró con un piano de juguete dejó mudos a los inspectores que lo escucharon en un acto.

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Con 8 años, nunca estudió música y sorprende al piano: lo que hace con las canciones que escucha una sola vez
Con 8 años, nunca estudió música y sorprende al piano: lo que hace con las canciones que escucha una sola vez

Fausto Benegas tiene 8 años, vive en El Jagüel y aprendió a tocar el piano solo, de oído, sin haber recibido jamás una clase de música. Empezó con un piano de juguete que le regaló su abuela y hoy toca el Himno Nacional en actos escolares frente a cientos de personas.

El vínculo con la música nació casi por casualidad. A los tres años reproducía canciones infantiles en una guitarra de juguete con teclas y, poco después, se sentó frente a un pequeño órgano para intentar sacar las melodías con sus propios dedos. Sus padres, Natalia y Hernán, no son músicos y nunca le enseñaron a tocar: solo notaron que reconocía los sonidos y los repetía, y decidieron acompañarlo.

“Sacaba las canciones con un dedito”

La historia de Fausto arranca mucho antes de los actos escolares. Nació el 21 de septiembre de 2017, después de un embarazo de alto riesgo que terminó durante el sexto mes de gestación. Pesó 1,375 kilos y pasó 41 días en neonatología. Ocho años después, aquel bebé prematuro es un chico saludable, inquieto y curioso.

Todo comenzó con un piano de juguete que le había regalado su abuela. Fausto se sentaba frente a él y buscaba reproducir lo que escuchaba en su casa. Al principio lo hacía con un solo dedo: “Sacaba las canciones con un dedito”, recuerda. Con el tiempo empezó a usar las dos manos y sus padres le regalaron un teclado más grande. Alrededor de los cuatro o cinco años ya notaban que había algo distinto: escuchaba una melodía y encontraba la forma de repetirla sin que nadie se la enseñara.

“Hay una diferencia entre un hobby y lo que está haciendo Fausto, que claramente va un poquito más allá de lo que uno puede llegar a hacer en el living de la casa”, destaca su papá, Hernán.

Del living a los actos escolares

A los 5 años llegó su primer teclado y lo que había empezado como un juego empezó a salir de la casa. Fausto aprendía canciones cada vez más complejas y sus padres descubrieron que también podía reproducir melodías que escuchaba una sola vez.

Una de las primeras oportunidades fue en la escuela. Su mamá, Natalia, empezó a mostrarle el Himno Nacional Argentino y Fausto lo sacó en el piano. Después lo propuso para un acto y las presentaciones se volvieron habituales. “Me encanta tocar. Toqué como tres o cuatro veces el Himno Nacional este año”, cuenta el chico.

El primer desafío grande llegó cuando lo invitaron a un acto de egresados de adultos en El Jagüel. Había alrededor de 200 personas y, entre el público, también había inspectores de educación. El resultado sorprendió a todos. Después llegaron otras: un acto por el 25 de Mayo y la invitación a acompañar los actos de promesa de la bandera.

Los nervios todavía aparecen antes de cada presentación, aunque no duran demasiado: “Me pongo un poquitito nervioso, pero después me gusta mucho”, reconoce.

Qué le gusta tocar

“Me gusta tocar el Himno, ‘Taquito Militar’ y ‘Nothing Else Matters’”, dice Fausto. El piano es su momento favorito. También puede tocar canciones de Piratas del Caribe, Rocky y Terminator. Y una de las primeras canciones que recuerda haber interpretado en un acto tiene un significado especial: “Toqué ‘Love of My Life’ para mi mamá”.

Sobre el futuro, lo tiene claro: “Me gustaría ser profe de música y tocar el piano para hacerme más popular y ganar plata”, dice con la sinceridad de sus ocho años.

El piano no ocupa todo su día. Fausto juega, hace ajedrez, natación y batería, disfruta de los animales y es fanático de Batman. Cuando algo le interesa, enseguida quiere mostrarlo y contar todo lo que sabe.

Una familia sin antecedentes musicales

En su casa no hay músicos. Sus maestros llegaron a preguntarles a sus padres si alguno era profesor de música o si había algún músico en la familia. La respuesta siempre fue la misma: no.

A veces, además, Fausto comparte ese mundo con su hermano menor, Fabricio, que tiene autismo. Los dos tocan juntos con ayuda de su papá y, para Natalia y Hernán, esos momentos también muestran la forma en que Fausto acompaña a su hermano.

Por ahora, Fausto sigue siendo ese nene que se sienta frente a un teclado, escucha una melodía e intenta encontrarla con sus propios dedos. Lo que empezó con un pequeño piano de juguete terminó llevándolo a los actos escolares y a tocar frente a cientos de personas.

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