Con el agua al cuello, 20 familias sacan sus vacas nadando y piden una ayuda urgente

La crecida del río Paraguay los obligó a sacar la hacienda nadando, pero la emergencia hídrica sigue sin declararse. Lo que más los complica no es el agua: es el papeleo que les exige el Senasa.

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Con el agua al cuello, 20 familias sacan sus vacas nadando y piden una ayuda urgente
Con el agua al cuello, 20 familias sacan sus vacas nadando y piden una ayuda urgente

La crecida del río Paraguay tiene contra las cuerdas a los pequeños productores de Isla Payaguá y Banco Payaguá, en Formosa. El agua ya cubrió los pastizales, las familias empezaron a sacar la hacienda a nado y reclaman que se declare la emergencia hídrica para poder moverse con menos trámites y menos costos.

Eva Samité, productora de la zona, contó en el programa Algo Está Pasando —que se emite por FM VLU 88.5, del Grupo de Medios TVO— que la situación se agrava día a día y que los ganaderos están actuando por su cuenta, sin asistencia estatal.

“Nosotros ya estamos en etapa de evacuación, pero no está declarada la emergencia hídrica para nosotros”, afirmó Samité durante la entrevista con Fernando López y Daniel Moreira Viera.

Sin pasto y con el agua encima

El avance del río dejó sin superficie de pastoreo a los productores. Los animales ya no tienen dónde comer y muchos están literalmente dentro del agua.

“Nuestros animales no tienen qué comer, ya están en el agua. Se están deteriorando y empezamos a sacar la hacienda. Fuimos tres productores los que salieron”, relató.

La isla está quedando cubierta y cada traslado se vuelve más riesgoso. Samité advirtió que los nados son cada vez más largos y que peligra la vida tanto de las personas que arreamos como de los animales.

“Cada vez los nados son más lejos. El riesgo para la vida de las personas que transportan la hacienda es más grande, y también está en riesgo la vida de los animales. Para nosotros es el momento de salir”, sostuvo.

El Senasa y los papeles que traban la salida

Uno de los obstáculos más urgentes es la documentación para mover el ganado. Según Samité, en crecidas anteriores los permisos especiales agilizaban los traslados, pero ahora la exigencia burocrática se volvió un problema.

“El Senasa no nos habilita los RENSPA que teníamos anteriormente, que nos permitían mover la hacienda con mayor facilidad. Antes nos hacían una autorización de traslado de emergencia. Ahora nos piden un montón de trámites y papeleo”, explicó.

La productora señaló que los ganaderos deben ocuparse de salvar a sus animales y, al mismo tiempo, completar gestiones administrativas, sin personal que los ayude. A eso se suma la falta de camiones disponibles por las inundaciones que afectan a varias provincias.

“Conseguir un transporte es cada vez más difícil y los precios son altísimos. Hay gente que va a tener que sacar los animales en balsa porque ya no puede salir de otra manera”, advirtió.

El pastaje se duplicó y las familias no dan abasto

Encontrar campos altos para mantener la hacienda mientras dure la inundación es otro dolor de cabeza. El precio del pastaje pasó de entre 6.000 y 8.000 pesos por cabeza a 15.000 pesos.

“Para salvar nuestros animales vamos a tener que pagar 15.000 pesos por cabeza. Estamos queriendo salvar nuestros bienes, pero todo se nos complica mientras no nos declaren la emergencia”, manifestó.

Samité estimó que entre 15 y 20 pequeños ganaderos están afectados. Muchos tienen pocas vacas y dependen de esa producción para sostener a sus familias. Las exigencias de caravanas electrónicas y la actualización de registros complican todavía más a quienes no están acostumbrados a trasladar hacienda.

El caso de su sobrino y las chacras bajo el agua

El agua también arrasó con las chacras y dejó a varios productores sin terreno firme. Samité relató el caso de su sobrino, que tuvo que abandonar la isla porque sus vacas ya estaban en el agua.

“Sus animales están muy delgados y los tienen encerrados en un piquete que le prestaron. Necesita movilizarlos porque se le van a morir todos juntos ahí”, contó.

La situación refleja la dificultad para conseguir espacios adecuados y afrontar los gastos de alimentación y permanencia de la hacienda fuera de las zonas inundadas.

Nadar kilómetros y un fenómeno que alarma

Samité confirmó que los videos que circularon en los últimos días, donde se ve a personas arreando animales por el agua, son reales.

“Son kilómetros y kilómetros que recorremos por el agua, nadando y pasando con los animales”, explicó.

Mencionó especialmente la zona de Guajagantú, donde algunos productores deben atravesar distancias mayores y cruzar varios sectores inundados para mover el ganado.

La productora también mostró preocupación por un fenómeno que no recuerda de otras crecidas: el agua que brota del suelo en las pocas lomas que quedan descubiertas.

“En las únicas lomas que quedan, el agua brota del piso y se vuelve un pantanal, como si estuviéramos recibiendo agua por debajo. Es alarmante”, afirmó.

Según recordó, en inundaciones anteriores esos terrenos se mantenían firmes. Ahora algunos sectores se vuelven inestables y dificultan el paso de los animales. Aunque los productores siguen la evolución de los ríos Paraguay y Paraná, Samité sostuvo que deben actuar según lo que ven en la isla.

“Ya pasamos muchas crecientes y sabemos cuándo tenemos que abandonar”, remarcó.

El reclamo al Estado

La productora insistió en que las autoridades deben acercarse a la zona, facilitar los permisos y ofrecer soluciones concretas para que los ganaderos puedan poner a salvo a sus animales.

“Necesitamos que nos ayuden con el Senasa y que nos habiliten los RENSPA. Que vean la situación del productor y nos faciliten las cosas, porque estamos tratando de salvar nuestra hacienda”, reclamó.

Samité remarcó que las familias no cuentan con administradores ni empleados para resolver los trámites mientras evacuan.

“Somos nosotros mismos los que estamos salvando nuestras vacas y, al mismo tiempo, resolviendo los papeles que tenemos que presentar”, concluyó.

Mientras el río Paraguay sigue creciendo, los productores de Isla Payaguá buscan campos para trasladar sus animales y afrontar los mayores costos. Para Samité, la habilitación de los permisos de emergencia es clave para evitar pérdidas mayores.

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