Con Paredes como dueño del medio, la Bombonera vivió una tarde de clásico que River querrá olvidar
55.000 hinchas, un capitán que se adueñó del medio y un rival que terminó con nueve: la tarde en la Bombonera dejó una diferencia que el 1-0 no alcanza a explicar. Qué se juega Boca en las próximas fechas.
La Bombonera tuvo su tarde de fiesta y el protagonista fue Leandro Paredes. Con el capitán como eje del mediocampo, Boca se quedó con el Superclásico ante River y estiró una diferencia que el 1-0 no logra dimensionar del todo.
Los 55.000 hinchas que colmaron el estadio celebraron como si fuera una vuelta olímpica. Alguien tendrá que explicarles que este triunfo no entrega ninguna copa y que todavía quedan partidos, viajes y finales por delante. Pero nadie se animó a bajarlos de esa nube.
Un partido que se inclinó temprano
Boca salió convencido de que el clásico se quedaba en casa. La expulsión de Lucas Martínez Quarta a los diez minutos le abrió el camino, aunque el mérito para forzarla fue propio: el quite de Leandro Lozano sobre Tobías Andrada en la mitad de la cancha, el toque de primera de Santiago Ascacibar y la corrida de Miguel Merentiel rumbo al arco.
El gol lo hizo Lautaro Di Lollo, el pibe de 22 años que ya superó los 90 partidos en Primera y tiene una cuenta personal frente a River: ganó los tres clásicos que jugó como titular, todos con el arco de Boca en cero. En el del Apertura 2025 había entrado por Marcos Rojo y casi encuentra el 2-2 con un cabezazo que Franco Armani sacó sobre el final.
La imagen del cierre resumió la tarde: los jugadores de River caminando hacia el túnel con la cabeza baja mientras la Bombonera seguía cantando contra ellos, y los de Boca con los brazos en alto frente a su gente, prolongando el abrazo con la popular.
Paredes, el patrón del clásico
En el duelo de campeones del mundo, el que mandó fue el único que vestía de azul y amarillo. Paredes jugó, ordenó y entendió cada momento del partido, incluso cuando hubo que recurrir a la picardía para provocar la amarilla de Marcos Acuña o encender el estadio con un robo, un pase de tres dedos o alguna que otra simulación.
Ganó los tres Superclásicos desde su vuelta y volvió a ser decisivo. "Hicimos un partido mucho más inteligente que River. Uno sueña con este tipo de triunfos, les dije a mis compañeros que íbamos a vivir algo único. Se ganó un partido importante, pero no hemos conseguido nada, estamos a un paso", declaró el capitán.
Un triunfo que vale más que tres puntos
La victoria no solo suma en la tabla: también representa una muestra de carácter para un equipo que se recuperó de la mano de Rodolfo Arruabarrena y ahora va por todo. En nueve partidos puede sumar cinco títulos: la Tabla Anual, el Clausura, la Copa Sudamericana, la Copa Argentina y el Trofeo de Campeones.
El contraste con el arranque del año es notable. Aquel Boca comenzó con un interinato de Claudio Ubeda que se extendió más de la cuenta y quedó eliminado de manera increíble contra Universidad Católica en la primera rueda de la Libertadores, mientras River preparaba la final del campeonato contra Belgrano. Ahora los papeles se dieron vuelta.
Boca ganó su tercer Superclásico consecutivo, una racha que no conseguía desde 1991, el año en que empezó a construir la ventaja que hoy estiró a siete partidos en el historial.
La Tabla Anual, a un paso
Desde el triunfo en Avellaneda, entre los hinchas y dentro del plantel habían empezado las cuentas para una eventual vuelta olímpica contra River. Los triunfos de Argentinos y Rosario Central postergaron esa posibilidad.
El Canalla quedó a un punto; Argentinos, a tres, con un partido menos y la visita del lunes a Atlético Tucumán pendiente. Boca conserva además una ventaja de seis goles sobre los rosarinos y de 11 sobre el equipo de La Paternal. Le queda Defensa y Justicia y podría consagrarse incluso sin ganar, según los otros resultados. La última fecha, que se jugará entresemana por la visita del Papa, todavía espera días y horarios. El Xeneize depende de sí mismo.
Un árbitro con vaivenes y un River con nueve
A Boca le salió casi todo. Hasta Gonzalo Montiel terminó siendo parte de las cargadas, y cuando Nicolás Ramírez lo expulsó por una entrada sobre Lautaro Blanco, la Bombonera explotó otra vez. La roja fue discutible: minutos antes, Blanco había cometido una falta similar sobre Tobías Andrada y solo había recibido amarilla. El árbitro tuvo una tarde con vaivenes y Boca también salió favorecido. River terminó con nueve y con toda la cancha en contra.
El costado de Arruabarrena
El técnico vivió el partido al borde del campo, reclamando fallos, alentando a sus jugadores y dando indicaciones aun cuando el equipo parecía necesitar pocas. También él se debía una tarde así frente a River: las eliminaciones coperas marcaron su primera etapa y el gas pimienta quedó pegado a aquel paso por Boca, incluso después de ganar dos títulos.
Esta vez volvió a tener a Leonardo Ponzio enfrente, ahora en el otro banco, y se quedó con un triunfo claro, de esos que no dejan demasiado para discutir.
"Podemos jugar mejor o peor, pero siempre vamos a buscar. La primera roja nos sirvió para tener más la pelota, aunque después del 2-0 nos faltó terminarlo. Cuando olés sangre, hay que matar al rival. Tuvimos contras mal manejadas", contó Arruabarrena.
Boca también aseguró su clasificación a la Copa Libertadores 2027, aunque el técnico quiere más: "Ahora hay que salir campeón y todavía nos falta. La clasificación a la Copa es un premio chiquitito para este grupo".
Con él, y un equipo que identifica a sus hinchas con triunfos cada vez más grandes, Boca volvió a sonreír y se dio otro gusto contra el rival de siempre, el que invirtió fortunas y volvió a irse de la Bombonera con las manos vacías. Todavía no levantó ninguna copa, pero contra River ya tuvo su propia fiesta.