Con pulóver en octubre: el clima ya les complica la cosecha a los productores salteños
“Estamos de pulóver en octubre”: un productor salteño describió el combo de lluvias fuera de época, frío y falta de sol que ya retrasa los ciclos de pimiento y tomate. Qué medidas evalúan para no quedarse sin cosecha.
Lluvias fuera de época, frío inusual y días sin sol en plena primavera tienen en vilo a los productores de frutas y hortalizas de Salta. El fenómeno altera los ciclos de cultivo, traba las cosechas y amenaza con reducir la mercadería disponible en el mercado.
José Luis Checa, productor del sector, dialogó con InformateSalta y fue directo: el impacto ya se percibe y obligará a buscar alternativas para las próximas campañas.
“Este año ya lo vivimos”
Checa relativizó la expectativa por el Súper Niño con una frase que resume su experiencia: “Todos dicen que ya va a venir el Súper Niño, pero este año ya lo vivimos”.
El productor repasó las anomalías que marcaron los últimos meses: el frío raro de mayo, las lluvias de agosto y las precipitaciones de octubre, en un contexto de jornadas nubladas y temperaturas que no son las habituales para la época.
“Estamos de pulóver en octubre”, graficó. Para Checa, estos cambios se replican en distintas zonas del país y golpean tanto el desarrollo de los cultivos como las chances de sembrar y cosechar.
El problema no es solo la lluvia
La cuestión excede el volumen de agua caída. La falta de sol también frena los ciclos productivos, y el exceso de humedad complica el crecimiento y la recolección de frutas y hortalizas.
“Con estos días nublados y lluvia, y nublado y lluvia, se va retrasando el ciclo”, describió el productor al referirse al pimiento.
El panorama se repite en otros puntos de la región. Checa mencionó que en Brasil las heladas arrasaron con cultivos enteros de tomate y pimiento, y que hubo dificultades para sembrar o cosechar productos como el poroto. “Tuvieron que comprar en Argentina porque no hay allá”, precisó.
Esos fenómenos en distintas zonas productoras pueden repercutir en la disponibilidad de alimentos y, por ende, en los mercados.
Qué medidas evalúan para la próxima campaña
Con un escenario climático difícil de anticipar, los productores analizan cómo reducir riesgos. Una de las opciones es evitar los terrenos bajos o más expuestos al frío y recurrir a invernaderos cuando las condiciones lo exijan.
Otra alternativa es cambiar las variedades. Para la próxima campaña, Checa adelantó que estudian incorporar tomates y pimientos más tolerantes al exceso de humedad, aunque eso implique resignar algunas de las variedades habituales.
“Vamos a tener que recurrir a materiales que sean más resistentes porque no podemos quedarnos sin cosecha”, advirtió.
No obstante, reconoció que no hay una receta única: cada establecimiento debe evaluar sus condiciones, los tiempos de siembra y las variedades que mejor se adapten a su realidad.
“La verdad que contra la naturaleza no hay nada, el hombre no le puede ganar a la naturaleza”, reflexionó. La estrategia, dijo, pasa por usar el ingenio y las herramientas disponibles para anticiparse a los problemas: “Tratamos de ver en qué fecha se planta, qué variedad plantar, solucionar parcialmente los problemas que vamos a tener a futuro”.
Por qué sube la papa
El clima también se traslada a los precios. En el caso de la papa, Checa explicó que las lluvias persistentes pueden impedir que los tractores entren a los campos para levantar la cosecha y que los camiones trasladen la mercadería. Cuando llega menos producto al mercado, el precio sube.
“Al no haber papa, levanta el precio”, resumió el mecanismo.
El productor sostuvo que estas variaciones responden a la oferta y la demanda, y descartó que se trate de una maniobra especulativa. “Cuando no hay, los productos suben y cuando sí hay, bajan”, afirmó.
Como ejemplo, recordó que el tomate había alcanzado valores altos, pero luego, al ingresar más mercadería, su precio bajó. En cambio, el pimiento rojo seguía caro porque la oferta se concentraba en Salta y Corrientes, mientras el clima demoraba los ciclos productivos.
Así, el clima se vuelve determinante tanto para el trabajo diario de los productores como para el abastecimiento. Mientras evalúan cambios en variedades y sistemas de cultivo, la preocupación es sostener las cosechas en un escenario que, según Checa, ya muestra condiciones difíciles de prever.