Conocen cada piedra del río Gallegos y lanzaron un aviso que nadie quiere escuchar sobre Palermo Aike

Pablo Perea conoce cada piedra del río Gallegos y fue claro sobre Palermo Aike: “No es un balneario”. Su descripción de lo que hay bajo el agua explica por qué el rescate se vuelve tan complejo.

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Conocen cada piedra del río Gallegos y lanzaron un aviso que nadie quiere escuchar sobre Palermo Aike
Conocen cada piedra del río Gallegos y lanzaron un aviso que nadie quiere escuchar sobre Palermo Aike

Mientras el operativo de búsqueda en el río Gallegos convoca a fuerzas provinciales y federales en un despliegue que no tiene antecedentes, los que mejor conocen el agua salieron a explicar qué pasa bajo la superficie. Pablo Perea, presidente de la Asociación de Guías y Profesionales de Pesca Deportiva de Santa Cruz, describió en LU12 AM680 el mapa exacto de los peligros que rodean a Palermo Aike, a metros de la Ruta Nacional N° 40.

El hombre no habló desde la teoría. Lo hizo desde años de caminar el cauce: “Como asociación, somos personas que conocemos absolutamente todo sobre el estado del río, la zona de pozones y demás”, arrancó, y puso el foco en lo que considera central: el cauce fluvial, la extensión de los accesos públicos, los pozones, las aguas peligrosas, la desembocadura y el rol del guía de pesca, ese baqueano que conoce la zona como pocos.

Qué son, exactamente, los accesos públicos

Antes de entrar en la geografía, Perea quiso ordenar los conceptos. “Hay que definir a qué denominamos accesos públicos: son aquellos espacios gratuitos que la gente utiliza para actividades recreativas al aire libre”, precisó. Y enumeró los principales: la toma de agua de Servicios Públicos y, río abajo, la zona de Canillitas, el tendido eléctrico y el gasoducto.

Después vino el detalle que permite ubicarse. Pasando la arcada de Güer Aike, a mano izquierda sobre la Ruta 40, hay cinco tranqueras. Las dos primeras llevan al gasoducto, a la orilla del río. La tercera conduce al tendido eléctrico. La cuarta, un poco más arriba, es el curbón de Canillitas, el lugar donde “lamentablemente en su momento fallecieron dos hermanitas”. La quinta es la bajada de la toma de agua de Servicios Públicos.

“Trampas naturales”

El punto más duro de la entrevista llegó cuando Perea explicó qué convierte un día de esparcimiento en una tragedia. “Son zonas de pozones peligrosos. No se trata solo de una depresión u hondonada en el lecho del río, sino de trampas naturales que representan un alto riesgo de ahogamiento porque sus dinámicas son invisibles desde la superficie”, advirtió.

La lista de factores es concreta: una caída vertical totalmente inesperada, corrientes internas, remolinos y un elemento que en la Patagonia pesa más que cualquier otro, el agua extremadamente fría. A eso se suma que el río tiene una crecida natural por las lluvias y el deshielo, y que además se alimenta de la subida de las mareas, lo que aumenta de forma constante el flujo de agua.

Prohibir o concientizar

Consultado sobre si la peligrosidad justificaría una veda absoluta o el cierre de esos tramos, el referente de los pescadores eligió otro camino. “Más que prohibirse, el tema es la concientización en la comunidad”, sostuvo. Y graficó: mucha gente recorre 30 kilómetros hasta la arcada de Güer Aike para un momento de esparcimiento y, por negligencia, suceden hechos no deseados.

“La zona de Palermo Aike no es un balneario. Son aguas profundas y con pozones. Muchas personas vienen de otras provincias y no conocen los peligros del río bajo estas circunstancias”, subrayó.

El río que engaña

La falsa sensación de seguridad es, quizás, el enemigo más silencioso. En jornadas de poco viento y sol apacible, el cauce parece inofensivo. Perea lo desmintió con su propia experiencia: “Como pescador con muchos años en el río, puedo comenzar a pescar frente al edificio de Servicios Públicos y terminar en Canillitas sin salir del agua”.

Por eso insistió en la necesidad de respetarlo. “Muchas veces es subestimado porque en ciertas épocas está muy bajo y la gente se confía, pero en situaciones de crecida natural cambia totalmente”, explicó. Y dejó abierta la puerta a quien necesite información: conocen toda esa zona y se pusieron a disposición.

De la cordillera al Atlántico

Para dimensionar el caudal que hoy complica a buzos y rastreadores a pie, Perea describió la cuenca que alimenta al río Gallegos desde los Andes hasta su desembocadura. “Nace en la zona de Puente Blanco por la unión de los ríos Rubens y Penitente, que vienen de la cordillera de Chile, y se alimenta de los afluentes El Cóndor, El Turbio y El Zurdo”, detalló.

Todo ese sistema genera un gran caudal de entrada de agua, al que se suman las lluvias, el invierno y la subida de las mareas. Esa es la radiografía técnica y cruda que los baqueanos ofrecen mientras el operativo continúa a metros de la Ruta 40.

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