Construcción ancestral en Corrientes: ¿puede competir con el ladrillo? Los sorprendentes resultados de los ensayos
Una becaria de la UNNE puso a prueba los muros de tierra y tacuara de Corrientes. ¿Qué descubrió sobre su resistencia? Los resultados sorprenden.
Una investigación de la UNNE evaluó el comportamiento de los muros de tierra, fibra y tacuara, una técnica que marcó a generaciones en Corrientes. Los resultados revelan un material que avisa antes de romperse, algo que no hacen el ladrillo ni el hormigón.
Mientras los materiales industrializados como el cemento exigen un alto gasto energético y dejan una huella ambiental considerable, la construcción con recursos locales vuelve a ser mirada con atención por especialistas de todo el mundo. En el interior correntino, esta tradición constructiva resiste el paso del tiempo, aunque perdió terreno frente a las técnicas modernas.
¿Qué encontró la investigación?
Luz Nazareth Barrios, becaria de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE (FAU-UNNE), se propuso recuperar y poner a prueba este sistema constructivo. Su trabajo, titulado "Tecnología y materialidad de muros con tierra y fibras vegetales en viviendas en Corrientes. Ensayos de aproximación a la propuesta de mejoras", se desarrolla en el Grupo de Investigación de Eficiencia Energética en la Edificación (GIEEE), dirigido por la doctora Herminia M. Alías y codirigido por el ingeniero Pablo Martina.
El estudio combinó trabajo de campo con ensayos de laboratorio. La becaria recorrió localidades como Lomas de Vallejos y Berón de Astrada, donde aún se encuentran viviendas construidas con esta técnica. Allí conversó con pobladores y constructores, identificando los materiales disponibles y las técnicas empleadas.
¿Cómo se probaron los muros?
En la etapa de laboratorio, Barrios fabricó probetas con tierra de la zona, mezclada con agua en proporciones calculadas. La humedad del clima correntino obligó a extender el secado de 7-14 días previstos a 28 días. Luego, las probetas fueron sometidas a pruebas de compresión, midiendo la carga que podían soportar hasta su rotura.
El resultado más llamativo fue que el material no se rompe de golpe: se deforma progresivamente, dando señales de aviso antes de fallar. Esto lo diferencia de materiales como el ladrillo o el hormigón, que se fracturan sin previo aviso.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas?
La investigación identificó puntos a favor: el sistema utiliza recursos renovables disponibles en la zona, no requiere gasto energético en su fabricación y mantiene la temperatura interior de forma estable. Sin embargo, también encontró limitaciones: su resistencia es menor que la de los materiales industrializados y es vulnerable a la humedad, lo que puede acortar su vida útil si no se toman medidas de protección como revoques o aleros.
Barrios aclaró a UNNE Medios que los valores de resistencia no llegan a los del ladrillo o el hormigón, pero coinciden con estudios sobre tierra cruda de otras regiones. Estos datos son un primer punto de comparación para la zona.
¿Qué sigue en la investigación?
Actualmente, se trabaja en identificar las proporciones óptimas de agregados para mejorar la resistencia y durabilidad frente a la intemperie. Se están analizando los suelos de las muestras para determinar el tipo de estabilizante más conveniente.
El aporte principal de este trabajo, según la becaria, es unir tres instancias que suelen estudiarse por separado: el relevamiento de viviendas, el análisis de materiales y las pruebas de laboratorio. Esta combinación generó información inédita en el país sobre un sistema constructivo ancestral.


