Cortan el caño del medidor, se lo llevan y dejan a los vecinos sin gas: pagan hasta $120.000 para no esperar un mes
Una vecina de Villa Almedral se levantó sin gas y encontró el medidor destrozado. Lo que descubrió sobre el caño que le faltaba la dejó pensando en el negocio que hay detrás...
Vecinos del norte de Paraná conviven con una modalidad delictiva que ya no distingue entre casas: cortan el caño flexible que conecta el suministro con el regulador del medidor de gas, se lo llevan y dejan la instalación destruida. El objetivo no es el medidor en sí, sino el bronce de esa pieza, que después se revende como metal.
Los barrios Villa Almedral y Thompson vienen siendo los más castigados por una seguidilla de robos que se repite en distintos frentes de domicilio. El modus operandi es siempre el mismo: los delincuentes atacan la caja donde está alojado el medidor y se llevan el tramo flexible de conexión.
La mayoría de las víctimas descubre lo ocurrido a la mañana siguiente, cuando intenta encender la cocina o el calefón y se encuentra con que no hay suministro. Recién ahí aparece el panorama completo: el hecho vandálico y la sustracción de una parte clave de la instalación de gas natural.
El bronce, la razón detrás del ataque
Lo que a simple vista parece un daño caprichoso tiene una explicación económica. Ese caño flexible está fabricado en bronce, un material que se cotiza bien en el mercado informal de metales. Por eso los ladrones lo cortan y lo sacan rápido, sin necesidad de llevarse nada más.
El perjuicio para el vecino es doble: pierde el servicio y debe hacerse cargo de una reparación que no provocó.
Denunciar o arreglar por cuenta propia: la disyuntiva que complica a todos
Según relatan los propios afectados, la mayoría decide no radicar la denuncia ante la distribuidora Redengas. El motivo no es desinterés, sino el temor a quedarse sin gas durante semanas.
Los vecinos aseguran que la prestataria aplica un protocolo que, cuando interviene ante un robo o la destrucción del medidor, puede dejar a los damnificados hasta un mes sin el servicio. La empresa corta el suministro y exige el cambio del medidor, una tarea que tiene un costo elevado y cuya reconexión, advierten, demora.
Frente a ese escenario, la alternativa que gana terreno es llamar a un gasista matriculado que repone el repuesto robado y vuelve a presurizar las cañerías. El precio ronda entre los $100.000 y los $120.000, una cifra que los vecinos consideran "módica" si se la compara con el mes entero a la intemperie.
"Que a la larga sale más barato que estar un mes sin gas", argumentan quienes ya pasaron por la experiencia.
La preocupación en la zona norte de la capital entrerriana crece a medida que los casos se suceden. Los residentes de Villa Almedral y Thompson piden respuestas mientras conviven con la certeza de que el próximo medidor atacado puede ser el de su propia vereda.