Cosen pelo por pelo para que pacientes oncológicas vuelvan a mirarse al espejo

Cinco mujeres, un mes de costuras y un banco de cabello donado que no para de crecer: así trabajan las voluntarias de Bariloche que confeccionan pelucas oncológicas a mano. Lo que piden antes de empezar cualquier trabajo es una foto que lo cambia todo.

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Cosen pelo por pelo para que pacientes oncológicas vuelvan a mirarse al espejo
Cosen pelo por pelo para que pacientes oncológicas vuelvan a mirarse al espejo

Un grupo de mujeres de Bariloche transforma cabello donado en pelucas oncológicas cosidas a mano, pelo por pelo, en un trabajo que puede demandar hasta un mes de costuras. El proyecto se llama Pelos al Viento y funciona desde 2020, sin fines de lucro y sin sede propia.

Marcia, una de las referentes, contó en diálogo con Tardes con Voz, por Voz Radio 103.7, que se sumó al grupo después de conocer a Maru, con quien empezó a trabajar hace seis años. Desde entonces, la iniciativa creció y hoy reúne a cinco voluntarias activas.

Un proceso que empieza con una donación

Todo arranca cuando llega el cabello. La primera recomendación del grupo es que venga atado en una cola y no trenzado, para conservar sus características naturales. Luego viene el escardado, el paso en el que separan los cabellos más cortos, y después el pelo pasa por la máquina de coser para formar las llamadas “cortinas”.

Pero esa es apenas la primera etapa. La estructura de la peluca se arma con cintas elásticas que permiten ajustarla a la cabeza y, sobre esa base, las cortinas se cosen una por una, a mano. “Se cosen a mano las cortinas de pelo”, explicó Marcia.

El proceso completo puede llevar desde una semana hasta un mes, según la disponibilidad de cabello, de cortinas ya preparadas y del tiempo que puedan dedicar las voluntarias. Para mejorar las terminaciones, incorporaron técnicas nuevas: parte de la coronilla la trabajan con crochet. “Se cosen de a tres pelos a crochet para darle más definición”, contó.

Una peluca parecida al pelo que tenían

Cuando alguien se contacta con Pelos al Viento, una de las primeras cosas que piden es una foto previa. Así observan color, largo y textura: si el cabello era lacio, ondulado o con rulos. “Pedimos una foto de la paciente de cómo tenía el pelo antes de que se le cayera”, señaló Marcia.

Después revisan el banco de cabello y las pelucas disponibles para encontrar una alternativa similar. Si no hay una adecuada en ese momento, ofrecen un casquete: un gorro de microtul con cortinas de cabello que puede usarse debajo de un gorro o turbante mientras se confecciona la peluca definitiva.

El objetivo no es solo estético. Muchas de las personas que llegan están atravesando el momento más duro del tratamiento: la caída del pelo y los cambios en su propia imagen. “La mayoría de las personas que vienen te dicen que les da cosa la mirada del otro”, relató Marcia.

La caída suele ocurrir cuando la persona ya está lidiando con medicación, controles y otros cambios físicos. Marcia contó que muchas mujeres describen como traumático encontrarse con grandes cantidades de cabello en la cama o ver cómo se desprende durante el baño. Por eso, el acompañamiento empieza antes de la entrega: hay quienes llegan con dudas sobre si raparse o esperar, y el grupo conversa con cada paciente para que las decisiones se tomen respetando sus tiempos.

El momento de volver a reconocerse

Para las voluntarias, uno de los instantes más significativos llega cuando la mujer se coloca la peluca y reconoce parte de su imagen. Marcia recordó reacciones como “Me encanta, es igual a lo que yo tenía”. Otras veces el agradecimiento aparece después, por mensaje: “Se van de acá y te llega un mensajito: ‘Gracias por lo que hacen, estoy re feliz’. Todo eso es hermoso”.

El proyecto funciona íntegramente de manera voluntaria. Las integrantes combinan la tarea con sus trabajos, sus casas y sus familias. Marcia destacó el compromiso de quienes se sumaron tras una capacitación realizada el año pasado en el Hospital Zonal Bariloche. Con el tiempo, algunas dejaron de participar y otras siguieron: hoy son cinco las que sostienen buena parte del trabajo.

Una de las dificultades es que Pelos al Viento todavía no tiene un espacio propio. El banco de cabello, las pelucas y los materiales están en el domicilio de Marcia, donde también recibe a quienes necesitan una peluca, se hacen las pruebas y se evalúa qué opción se adapta mejor a cada persona.

Marcia reconoció que muchas veces queda como la cara visible, pero remarcó el trabajo silencioso de las otras voluntarias. “Cada una tiene su trabajo, su casa, sus hijos. Igual le dedican tiempo, les encanta”, expresó. Y sumó un deseo: “Estar frente a una persona y que te agradezca es hermoso”.

Cómo colaborar

El grupo está abierto a quienes quieran sumarse como voluntarios. Según Marcia, no hacen falta conocimientos previos: la tarea se aprende y lo principal son las ganas y el compromiso. Trabajan sin fines de lucro y los materiales —elásticos, cintas, hilos y otros insumos de costura— suelen comprarlos las propias integrantes. Muchas veces las pacientes preguntan cómo ayudar y terminan colaborando con alguno de esos elementos. “Traeme una cinta, un rollo de hilo que necesito. Esa es la retribución que tenemos con las pacientes y que nos permite seguir trabajando”, explicó.

También sigue siendo clave la donación de cabello, la materia prima indispensable para sostener el proyecto y ampliar el banco disponible. Aunque nació en Bariloche, el alcance ya se extendió a otras localidades: recibieron personas de Comallo y entregaron pelucas destinadas a El Bolsón y Villa La Angostura. “Tenemos gente de todos lados”, destacó Marcia.

Pelos al Viento, el grupo que confecciona pelucas oncológicas en Bariloche

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