Creía ser nieto de desaparecidos: la novela que nació de una investigación trunca
Un músico de rock cree ser nieto de desaparecidos. ¿Qué pasa cuando la intuición se convierte en una búsqueda? La novela de Pablo Torres que nació de una investigación trunca y que invita a preguntarse por las identidades que aún faltan restituir.
Un músico de rock abre la puerta de su casa en Montserrat y suelta una frase que cambiará su vida: “Creo que soy nieto de desaparecidos”. Esa escena, real o ficticia, es el punto de partida de “El mar vacío”, la ópera prima de Pablo Torres, que acaba de publicar Corregidor y que ya dio que hablar en la Feria del Libro.
A 50 años del golpe de Estado, la novela cruza ficción, investigación social e historia reciente para contar la historia de Ciriaco Pizzutti, un guitarrista que intuye su origen sin tener pruebas. Pero lo más inquietante no es la sospecha, sino lo que ocurre cuando se entera de que va a ser padre.
De un proyecto social a la ficción
Torres, licenciado en Trabajo Social por la UNICEN y exintendente bonaerense, intentó hace unos diez años llevar adelante una investigación formal sobre el impacto de la apropiación en la generación siguiente a los hijos de desaparecidos. “No nos dio para hacer la investigación, pero me quedó el tema”, confiesa, y ese material se transformó en la base de su primera novela.
El proyecto quedó archivado durante años, interrumpido por su gestión como intendente durante la pandemia. “La empecé a re-vivir pero como si la hubiese escrito otra persona”, dice. El resultado es un texto que se apoya en documentación real, sin pretender ser un ensayo: la ficción, sostiene, le permitió “poner en la agenda pública” un tema “del que aún se habla poco”.
La intuición como motor
Ciriaco no tiene pruebas, solo una convicción difusa que se agudiza cuando se entera de que va a ser padre. Torres explica que se basó en casos reales: “Varios hijos apropiados iniciaron el proceso de descubrir su propia identidad a partir exclusivamente de una intuición”. Y agrega: “Cuando uno es padre, cambian muchas cosas, se ponen en duda muchas de las anteriores certezas. A Ciriaco le pasa eso: no quiere legarle la incertidumbre que él habita”.
El título tiene un origen filosófico: “Se lo robé a Nietzsche, que en ‘Así habló Zaratustra’ dice: hemos matado a dios, hemos vaciado el mar”, cuenta. “Sentí que no saber de dónde venís o quién sos es sentir la misma angustia que al estar frente a un mar vacío”.
Sin épica ni estereotipos
Uno de los aciertos que reivindica Torres es haber evitado el cliché del “hijo militante”. Ernesto, el padre de Ciriaco, es un personaje antipático, preocupado por cuestiones individuales. “Traté de hacer gente poco parecida a mí”, admite el autor, que viene del “micromundo de la militancia política”.
Esa distancia convierte a la novela en algo más que una historia “de dictadura”: el derecho a no querer saber, encarnado en el padre, tensiona todo el tiempo al derecho a saber que persigue el hijo.
“No es una novela sobre el pasado”
Torres insiste con un dato estadístico y político: según Abuelas de Plaza de Mayo, hasta agosto de 2026 se restituyó la identidad de 140 nietos y nietas, pero se estima que quedan alrededor de 300 casos sin resolver. “Aquellos bebés apropiados hoy tienen alrededor de 50 años, ya muchos tendrán sus hijos, que andarán en los veintipico de años. El delito de apropiación de la identidad se sigue reproduciendo a más de 40 años de finalizada la dictadura”, advierte.
“La novela no es sobre el pasado, es sobre lo que ocurre hoy y lo que ocurrirá mañana”, corrige, y señala el contexto de recambio generacional: “Las Madres y Abuelas están partiendo, pero tienen recambio en nuevas organizaciones, como Hijos o Nietes. Estamos en un contexto desfavorable donde todo se pone en duda con un negacionismo atroz”.
Una pregunta universal
Torres cuenta que una lectora le escribió para decirle que se había enterado a los 50 años de que no era hija de quienes la habían criado, sin relación con la dictadura. “La identidad es una construcción que todos hacemos paulatinamente”, resume, y agrega que la apropiación de niños “no es algo que inventó la dictadura”: “Siempre se robaron niños en Argentina”.
Con prosa directa y capítulos breves, “El mar vacío” llega a las librerías en un año en que la pregunta sobre quiénes faltan por encontrar sigue completamente abierta.