Cría de peces en el río Negro: por qué el modelo de Misiones choca con la temperatura del agua

¿Por qué el modelo de cría de peces que prospera en Misiones no encuentra el mismo resultado en los valles del río Negro? La respuesta está en el agua, y no es solo una cuestión de temperatura.

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Cría de peces en el río Negro: por qué el modelo de Misiones choca con la temperatura del agua
Cría de peces en el río Negro: por qué el modelo de Misiones choca con la temperatura del agua

La piscicultura se convirtió en una actividad complementaria para miles de productores de Misiones, donde la cría de peces en estanques se combina con otras producciones agropecuarias. Esa experiencia despierta una pregunta en otra región productiva del país: ¿podría replicarse en las chacras de los valles del río Negro?

En Misiones, el desarrollo de la actividad está fuertemente ligado a las condiciones ambientales de la provincia y a la adaptación de especies como el pacú y la tilapia. Muchos productores arrancaron con estanques de autoconsumo y, con el tiempo, algunos sumaron la comercialización como ingreso extra.

Pero trasladar ese esquema a los valles del río Negro no es sencillo. La principal traba está en las condiciones ambientales y, en particular, en la temperatura del agua. Así lo explicó Diego Flores, especialista en piscicultura. “Para el cultivo de cualquier pez, sus requerimientos ecológicos deben coincidir con las condiciones de la región en la que se realice”, sostuvo.

Y allí aparece una particularidad de la zona. “Ecológicamente, la zona de los valles del río Negro se encuentra en una transición entre los peces de aguas frías y los de aguas cálidas”, señaló Flores. Esa condición deja a la región en una situación menos favorable que otras zonas del país para desarrollar una piscicultura basada en las especies que hoy tienen mayor importancia comercial.

Pacú y tilapia: los peces que no encuentran su clima en la Patagonia

El pacú es uno de los principales candidatos cuando se piensa en piscicultura en el norte argentino. Es una especie subtropical que se adapta bien a las temperaturas de regiones como Misiones y que incluso puede integrarse con otras producciones agropecuarias.

“El pez con mayor potencial acuícola en la zona del Litoral argentino es el pacú, que además se cultiva en sistemas integrados con, por ejemplo, arroz”, explicó Flores. La producción de yerba mate es otra de las actividades que se complementan con piscicultura en el NEA.

El problema es que las condiciones de los valles del río Negro son diferentes. “En Río Negro la temperatura del agua es inapropiada para hacerlo, porque el pacú es un pez subtropical, al igual que la tilapia”, indicó. Por eso, el especialista ubica el desarrollo de estas especies principalmente en el Noreste Argentino y Brasil, donde las temperaturas permiten que los peces alcancen un mejor desempeño productivo.

La otra especie que podría pensarse para la Patagonia es la trucha, justamente por su adaptación a aguas frías. Sin embargo, tampoco es una solución para buena parte del río Negro. “La trucha es el cultivo típico de la Patagonia, pero en el río Negro las temperaturas son demasiado altas para ese pez”, explicó Flores.

Existen emprendimientos de trucha en sectores de la cuenca donde las condiciones térmicas son más apropiadas, como Alicurá y Piedra del Águila. Pero el escenario cambia aguas abajo. “En el lago Ramos Mexía, en El Chocón, ya no se puede porque las temperaturas durante el verano son muy elevadas y no se corresponden con el rango óptimo de la especie”, señaló.

La cuestión, aclaró, no es necesariamente que las altas temperaturas provoquen la muerte de los peces. El problema aparece antes, en el rendimiento económico del cultivo. “No es que los peces vayan a morir, sino que empeora su conversión alimenticia y el cultivo se vuelve poco rentable”, explicó. Es decir, un pez puede sobrevivir en determinadas condiciones sin que eso signifique que sean adecuadas para producirlo de manera comercial. En piscicultura, esa diferencia resulta fundamental: si el animal necesita más alimento para generar la misma cantidad de carne, los costos aumentan y el negocio pierde atractivo.

La carpa se adapta, pero falta un mercado

Si el criterio fuera exclusivamente ambiental, la situación sería diferente. Existe una especie que encuentra en el río Negro condiciones particularmente favorables. “La especie que se podría cultivar en el río Negro, cuyos requerimientos ecológicos calzan justo con las condiciones del ambiente, es la carpa”, sostuvo Flores.

La presencia natural de carpas en grandes cantidades en el río Negro constituye, para el especialista, una señal de que las condiciones ambientales son adecuadas. “Hoy es un pez sumamente abundante en sus aguas, lo cual es un indicativo muy bueno si querés cultivar peces: la presencia de poblaciones naturales de una especie indica que las condiciones ambientales son adecuadas para ella”, explicó.

Sin embargo, la adaptación biológica no alcanza para convertirla en una alternativa productiva. El principal obstáculo está en el mercado. “El problema es que la carpa en Argentina prácticamente no tiene valor comercial, no es una especie apreciada”, señaló. Así, la especie que mejor encaja desde el punto de vista ecológico es justamente una de las que menos posibilidades comerciales ofrece.

¿Entonces la piscicultura no tiene oportunidad en las chacras de los valles del río Negro?

La respuesta, al menos con las especies y las condiciones planteadas, es que la piscicultura no tendría en los valles del río Negro las mismas posibilidades que presenta en Misiones, ni en Piedra del Águila o Alicurá. “En el río Negro, a nivel faunístico, no hay presencia de peces de zonas tropicales o subtropicales, ni tampoco de peces propios de aguas templadas o frías”, explicó.

Esto no significa que cualquier forma de producción de peces sea imposible. Una alternativa sería salir del mercado de alimentos y apuntar a los peces ornamentales, pero, nuevamente, la escala potencial del negocio parece ser limitada. “El problema es que la producción estaría muy lejos de los principales centros de consumo, lo que implicaría dificultades logísticas y de transporte”, explicó.

Incluso un eventual aumento de la demanda por determinadas especies ornamentales difícilmente modificaría demasiado el panorama. “A no ser que se pongan de moda los estanques con carpas koi, seguiría siendo una unidad de negocio muy pequeña”, concluyó.

De esta manera, la comparación con Misiones tiene un límite importante. Mientras allí las condiciones ambientales favorecen especies como el pacú y la tilapia y permiten integrar la piscicultura a otras actividades productivas, en los valles del río Negro la transición entre ambientes de aguas frías y cálidas deja a las principales especies comerciales fuera de su rango óptimo.

La carpa aparece como la excepción: está perfectamente adaptada al ambiente y es abundante en el río, pero tiene poco valor comercial. Por eso, al menos con las especies y los mercados disponibles actualmente, la piscicultura no parece ofrecer en los valles del río Negro un complemento productivo comparable al que puede representar en Misiones.

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