Criar a 19 chicos los salvó: el campo de Cinco Saltos que sostiene su causa
Sociedad · Río Negro

Criar a 19 chicos los salvó: el campo de Cinco Saltos que sostiene su causa

En Cinco Saltos, una familia produce alfalfa y destina parte de esa rentabilidad a criar niños judicializados. Lo que empezó como un negocio familiar terminó transformando su casa y su forma de ver el trabajo: ya pasaron por ahí 19 chicos.

Daniel Bestvater y Estela Burgos producen alfalfa en una chacra de 21 hectáreas en Cinco Saltos y destinan parte de esa rentabilidad a una tarea que les cambió la vida: criar a niños judicializados. Desde 2011 forman parte del programa Familias Solidarias de Neuquén y ya acogieron a 19 chicos y chicas.

La alfalfa atraviesa un buen momento en el Alto Valle y el Valle Medio, impulsada por la expansión ganadera. Muchos productores suman hectáreas para aprovechar el presente. La familia Bestvater hace lo suyo con el forraje, pero detrás de la ganancia hay un motivo que excede el negocio.

De las frutas a los fardos

La historia rural de la familia viene de lejos. Oriundos de Roca, los abuelos de Daniel se dedicaban a llevar fruta hasta comercios de Comodoro Rivadavia y Río Gallegos. Con los años compraron tierras en Cinco Saltos y la pareja fue incorporando lotes hasta reunir las 21 hectáreas actuales.

Antes de volcarse de lleno al forraje tenían montes frutícolas. Los costos económicos y los problemas sanitarios los llevaron a abandonar esa actividad y a desmontar para habilitar la zona productiva. Ellos mismos, arriba del tractor, prepararon la tierra.

El primer contacto con la alfalfa llegó cerca del año 2000, cuando una empresa importante de la región los contrató para manejar el suelo y producir fardos de manera tercerizada. Ahí aprendieron el oficio. «Dejábamos todo cortado, hacíamos el fardo, lo traíamos, lo vendíamos y con eso empezamos», recuerda Bestvater.

Después vino la decisión de producir por cuenta propia. La balanza la inclinaron los altos costos de la fruticultura, sobre todo en mano de obra. Con la alfalfa encontraron alivio: no tienen personal contratado, las máquinas son propias y la siembra y la cosecha las hacen ellos. «Tener personal era un dolor de cabeza. Entonces, ¿con qué arrancamos? Con algo que no requiera personal», agrega.

Un fardo distinto para cada animal

El mercado actual exige más superficie, costos bajos y eficiencia para sostenerse. A la hora de ofrecer, los Bestvater apuntan a fardos bien verdes, un sello de calidad que los diferencia.

Con los años aprendieron que no todos los clientes buscan lo mismo. Cada tipo de hacienda pide un corte específico: no es igual el fardo para ovejas o vacas que para caballos de carrera. La alfalfa pasa por etapas de caña dura, de floración y de mayor tamaño, y el ojo de la pareja se fue afinando con la práctica y con los pedidos.

Si un cuadro puede dar 150 fardos, para un criador de caballos de carrera el corte se hace cuando llega a 110. No es pérdida: el corte temprano se compensa con un mejor precio.

Cuánto rinden las hectáreas

La producción ronda los 570 o 580 fardos por hectárea al año, con un promedio de 22 a 23 kilos cada uno. En materia verde, eso equivale a unos 12.000 kilos por hectárea.

Daniel explica que el auge del sector petrolero llevó a muchas familias de la zona a sumar caballos para uso propio, para sus hijos, y eso les abre una demanda a la que pueden responder. Además cuentan con un canal por encima del nivel de la chacra que les permite regar por manto.

La pareja coincide en que la producción les da resultados y rentabilidad. Sin personal fijo, esa ganancia se destina a sostener a su familia y a los chicos que reciben. «No tiramos manteca al techo, pero nos sirve para mantener todo», dice Bustos.

La oveja Dorper, el próximo paso

Para completar el ciclo productivo, la hija más chica propuso producir fardos de segunda en el último corte y destinarlos a la alimentación de ovejas Dorper. La idea es armar un feedlot de esa especie, una oveja sin lana, con pelo, lo que ahorra los costos de esquila. La familia ve potencial en ese mercado y en la posibilidad de incursionar en el ganado ovino.

Una casa de tránsito para chicos judicializados

Hace 15 años la pareja empezó a vincularse con niños judicializados, víctimas de maltrato, abuso y de la falta de responsabilidad de sus padres en la crianza. Desde 2011 integran el programa Familias Solidarias de Neuquén y hasta hoy acogieron a 19 chicos y chicas.

En su casa conviven sus cuatro hijos con los menores que reciben mientras esperan una nueva familia. El hogar funciona como un espacio fraternal y ellos cumplen el rol de conectores entre los chicos y las familias en lista de espera.

Para ser familia solidaria hay que ser mayor de 18 años, no tener antecedentes penales y no estar anotado en el Registro Único de Adopción (RUA).

«La vida te va dando señales. Nosotros somos muy creyentes, las cosas no pasan porque sí. Cuando algo no funciona, no funciona», sostiene Estela.

Daniel lo resume desde su experiencia: «Este proyecto nos cambió la vida, teníamos la impresión de que trabajabas, pero no la veías nunca». Gracias a distintas donaciones, en la casa reciben juguetes, ropa y artículos esenciales para sostener esa tarea de familia de tránsito con todos los requerimientos.

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