Crió a la hija de su esposa durante 20 años: el día que la Justicia le puso su apellido
La vio crecer desde que era muy chica, la acompañó en la escuela, en el médico y en cada etapa. Cuando ella quiso que ese vínculo existiera también en los papeles, la Justicia de Roca tomó una decisión que cambió su identidad.
Durante casi dos décadas fueron padre e hija en la vida cotidiana, aunque ningún papel lo decía. Ahora, el fuero de Familia de Roca concedió la adopción de integración plena de una joven por parte del esposo de su madre, el hombre que la crió desde que era muy chica.
La resolución, difundida por el Poder Judicial, también habilitó que la joven modifique su apellido y ordenó inscribir la nueva situación familiar ante el Registro Civil.
Una crianza que se sostuvo en el tiempo
Según surge del caso, el hombre estuvo presente en su crianza, atendió sus necesidades y la acompañó en su educación, la atención médica y la contención emocional. La relación se fue construyendo año tras año, sin sobresaltos, hasta volverse cotidiana.
Muy distinto fue el vínculo con su padre biológico. Después de la separación de sus progenitores, cuando ella todavía era pequeña, el hombre se trasladó a otra provincia. Hizo algunos aportes económicos en concepto de alimentos, pero el contacto diario se interrumpió.
Ya más grande, la joven intentó restablecer ese vínculo. Consiguió comunicarse con él y mantuvieron algunos encuentros breves en Roca, aunque después volvieron a perder contacto. Mientras tanto, ella crecía integrada a la familia del esposo de su madre, donde también construyó lazos con sus hermanos y con el resto del grupo familiar.
El pedido que llegó a la Justicia
La joven y su padre de crianza recurrieron al fuero de Familia de Roca y solicitaron una adopción de integración, para que esa relación que ya vivían tuviera también reconocimiento jurídico.
Para resolver, la jueza analizó la historia familiar, los consentimientos incorporados al expediente y una pericia psicológica. Concluyó que existía una relación paterno-filial sólida y concedió la adopción de integración con carácter pleno.
Durante la tramitación no fue posible localizar al padre biológico para notificarlo personalmente y el hombre no se presentó en el proceso.
La magistrada aplicó las disposiciones del Código Civil y Comercial que regulan la adopción de integración. La normativa contempla, de manera excepcional, la adopción de una persona mayor de edad cuando se trata del hijo o la hija del cónyuge o conviviente y se acredita que fue criada y reconocida como hija durante su minoridad.
La jueza también consideró los derechos a la familia, al nombre y a la identidad. Al analizar el vínculo acreditado, destacó “el gran cariño, amor, responsabilidad y dedicación” con que el hombre la había criado, educado y acompañado.
Un vínculo que ya existía
La pericia psicológica describió una relación de larga data, marcada por la presencia estable del hombre en etapas clave del crecimiento, el acompañamiento cotidiano y el reconocimiento mutuo como padre e hija.
En una audiencia, él manifestó que la considera su hija y que su intención era darle reconocimiento legal a una relación que ambos ya vivían de esa manera. La joven expresó el mismo sentimiento.
Además de la adopción, ella pidió modificar su apellido: explicó que desde hacía años se identificaba con el de su padre de crianza y que también quería incorporar el de su madre. El pedido tenía una consecuencia concreta en otro momento importante de su vida: había solicitado a la facultad que aguardara para tramitar su título hasta que estuviera resuelta judicialmente su identidad registral.
La sentencia consideró que el nombre integra el derecho a la identidad y que esta no se construye únicamente a partir de los vínculos biológicos, sino también de la historia personal y de las relaciones familiares desarrolladas a lo largo de la vida.
Finalmente, la jueza concedió la adopción de integración plena, autorizó la modificación del apellido solicitada y ordenó inscribir la nueva situación familiar ante el Registro Civil. Después de casi dos décadas de reconocerse mutuamente como padre e hija, ese vínculo quedó también reconocido por la ley.
