Crió a una puma ciega que casi muere y hoy es su guía: la cordobesa que se volvió "puma" tras un incendio

Una nena que criaba pumas en el patio de su casa se convirtió en la guardiana de la especie tras un incendio que arrasó la reserva de su padre. Pero hay una historia anterior que explica por qué hoy se siente uno más de ellos.

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Crió a una puma ciega que casi muere y hoy es su guía: la cordobesa que se volvió "puma" tras un incendio
Crió a una puma ciega que casi muere y hoy es su guía: la cordobesa que se volvió "puma" tras un incendio

Karina Maschio cambió su nombre a Kai Pacha y fundó la Reserva Pumakawa después de que el fuego arrasara la reserva de su padre en 2009. Pero su historia con los felinos empezó mucho antes, con una cría que todos daban por perdida.

El 29 de agosto de 2009, el cielo sobre Villa Rumipal, en Córdoba, se tiñó de humo. Karina Maschio manejaba por la ruta cuando vio las llamas sobre las montañas. El fuego había empezado en un basural a cielo abierto de Villa del Dique, a solo cuatro kilómetros de "El Edén de Flora y Fauna", la reserva que su padre Omar había levantado en 1991. En cuestión de horas se multiplicaron 42 focos simultáneos.

Karina supo de inmediato que el incendio iba a llegar a las jaulas de los pumas. "Cuando vino el segundo frente de fuego, una policía me agarró de la ropa y me prohibió que fuera a liberar a los pumas por seguridad. Pero cuando se fue, yo corrí hacia ellos", recordó en diálogo con LA NACION. Entre el humo abrió las jaulas, aunque no podía ver si los animales habían escapado.

El 90% de la reserva quedó destruido. Sin embargo, en medio de la catástrofe ocurrió algo que Karina nunca olvidará: los pumas salieron de las jaulas en llamas y la rodearon. "En ese momento sentí que ellos me decían 'vos sos nuestra guía'. Se quemó la reserva y también me encendí fuego yo. Esos nueve pumas que me rodearon me señalaron muy pero muy claro a qué debía dedicar cada día de mi vida", describió.

Desde entonces, Karina se convirtió en Kai Pacha, que en quechua y aymara significa "el aquí y el ahora". Su animal protector es el puma. Hoy es activista ambiental y fundadora de la Reserva Pumakawa, dedicada a la conservación, el rescate y la rehabilitación de fauna. Pero su vínculo con los animales viene de lejos.

Una infancia entre animales

"Todo giraba en torno a los animales", resumió Kai Pacha sobre su niñez en Río Tercero. En la casa familiar, el patio estaba dividido: un sector para las plantas de su madre y otro para las mascotas poco convencionales de su padre.

Omar Maschio era metalúrgico, pero tenía la caza como afición. "Ese era su modo de vincularse con el campo. En ese entonces era común ir a cazar liebres para que mi abuela cocinara los domingos y tener animales como mascotas", explicó.

Las mascotas de la familia no eran para nada típicas. Su abuelo Antonio tenía un mono caí llamado Pancho que la acompañaba a comprar al pueblo y robaba azúcar mientras la familia tomaba mates. También estaba Clarence, un puma al que de pequeña le tenía miedo.

De chica era tímida y le costaba hacer amigos en la escuela. Contaba las horas hasta volver a casa para merendar con Pancho y su abuelo. Alimentar a los animales era una tarea compartida con sus hermanos, pero para ella era mucho más: eran sus compañeros de juegos y charlas.

"Yo tenía siete años más o menos y criaba a una lorita australiana y a un diamante mandarín. También era amiga de un zorzal, al que le puse Curqueto. Él me buscaba para que le diera semillas", contó. Cuando su abuelo falleció, ella se hizo cargo de Pancho. "Fue muy representativo porque yo estaba muy unida a mi nono", expresó.

También tenía una conexión especial con el monte. Dormía siestas en un sauce llorón al que le preguntaba por qué lloraba, juntaba ramas y piedras para mirarlas en el microscopio que le regalaron y hasta llevó huevos de sapo a la clase de biología para ver nacer renacuajos. Soñaba con recorrer la selva africana en un jeep como el que usaban su padre y su abuelo para cazar.

Un día, después de dejar huérfana a una cría de corzuela en una salida de caza, Omar decidió cambiar de rumbo. Abandonó la caza y en 1991 compró 25 hectáreas en Villa Rumipal para crear "El Edén de Flora y Fauna". Así empezó su camino en la conservación, que su hija continuaría años después.

Cacuma, la puma que le cambió la vida

Al terminar el secundario, Kai Pacha se mudó a Córdoba para estudiar trabajo social, pero no encontraba su lugar. Un fin de semana en la reserva de su padre le cambió el rumbo. Con 27 años volvió a sentirse como en el patio de su infancia. "Cuerpo a cuerpo con el monte", definió.

En esos años ayudaba a su padre en la reserva, que albergaba a dos pumas, un macho y una hembra. Cuando tuvieron cría, el macho intentó matarla. Alertada por los chillidos de la pelea, Kai Pacha entró a la jaula y rescató a la pequeña.

La nombraron Cacuma. La cría sobrevivió, pero tenía una pata rota y poco después quedó ciega, lo que parecía condenarla. Los veterinarios recomendaron sacrificarla, pero Kai Pacha se negó. "Cacu tenía media hora de nacimiento y, al estar bajo mi cuidado, sentí una gran responsabilidad. Ella era frágil y estuvo por morir varias veces. Decidí no eutanasiarla, yo sentía que mi alma estaba atada a la de ella", confesó.

Con un caminador de bebé colgado del techo, Cacuma volvió a caminar. Con vitaminas y antibióticos recetados por una oftalmóloga, recuperó la visión. "No me olvido de la relación que tuve con ella durante los 23 años que vivió. Esa experiencia me abrió al mundo de los pumas", recordó.

Desde entonces, los felinos no dejaron de llegar a la reserva y Kai Pacha se sintió cada vez más identificada con ellos. "Yo me siento puma; me siento con rasgos que ellos tienen. Son solitarios, sigilosos y muy importantes para el ambiente. Creo que mi vida tiene importancia también al ayudarlos", confesó.

De las cenizas, Pumakawa

El incendio de 2009 arrasó casi por completo la reserva de su padre. Había que empezar de nuevo. Pero de las cenizas surgió un nuevo impulso para Kai Pacha. "Después del incendio, sentí más claro que nunca que mi misión era la conservación de pumas hacia afuera y no estar encerrada en mi mundo, que hasta ese momento llegaba hasta el perímetro de la reserva", expresó.

Así nació Pumakawa, la ONG y reserva natural ubicada en la ruta 5 de Villa Rumipal, kilómetro 103. Su nombre significa "el que cuida con el sigilo del puma". Allí cada animal tiene un nombre y la organización se dedica a la conservación ambiental, el rescate y la rehabilitación de fauna.

Hoy, a los 58 años, Kai Pacha tiene un deseo para Pumakawa: que desaparezca. "Que dejemos de ser necesarios. No tendría que haber más Pumakawas con animales que vengan sufriendo por el impacto humano. Pero, mientras tanto, trataremos de cuidarlos de la mejor manera", explicó.

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