Crisis vitivinícola: la mitad de las bodegas de San Juan podría desaparecer

El sector vitivinícola sanjuanino enfrenta su peor momento en 25 años: caen los despachos, los precios no cubren costos y las bodegas se ofrecen en masa. Mientras algunos apuestan a la reconversión minera, el presidente de la Cámara de Bodegueros anticipa un futuro con menos actores.

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Crisis vitivinícola: la mitad de las bodegas de San Juan podría desaparecer
Crisis vitivinícola: la mitad de las bodegas de San Juan podría desaparecer

La crisis de rentabilidad que atraviesa la vitivinicultura sanjuanina empuja a una reconfiguración del sector: el presidente de la Cámara de Bodegueros anticipa que la mitad de las bodegas actuales podría desaparecer. Mientras los informes técnicos reflejan la caída de despachos y los precios del vino a granel no cubren los costos operativos, los carteles de venta se acumulan en los portales inmobiliarios locales.

Detrás de cada oferta no solo hay una propiedad que busca comprador o inquilino, sino la confirmación de una vitivinicultura que deja atrás su modelo histórico para adentrarse en un mapa industrial mucho más concentrado y desafiante. En las plataformas de compra-venta se multiplican los avisos de fincas completas con capacidad de almacenamiento en millones de litros, antiguas plantas fraccionadoras y bodegas centenarias esperando que un inversor absorba sus infraestructuras o reconvierta sus metros cuadrados.

Según los últimos informes del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), las bodegas trasladistas de San Juan —que representan cerca del 95% del entramado elaborador de la provincia— atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos 25 años, con caídas severas en los despachos al mercado interno y precios del vino a granel planchados. A nivel nacional, el consumo per cápita se mantiene en mínimos históricos, disputando terreno frente a cervezas, gaseosas y nuevas opciones de bebidas, lo que afecta directamente a la matriz sanjuanina, fuertemente inclinada a los envases de menor precio como el tetra brik.

“No debe haber en Argentina bodega que no esté a la venta”

Mauricio Colomé, presidente de la Cámara de Bodegueros de San Juan, trazó un diagnóstico categórico y aclaró que el fenómeno rebasa los límites de la provincia. “No debe haber en Argentina bodega que no esté a la venta. Es un fenómeno del sector, no solo de San Juan. El negocio del vino en este momento no es rentable, tampoco lo es el viñedo. Entonces, las bodegas no tienen rentabilidad porque hay una baja de consumo de vino y eso va acompañado por la pérdida del poder adquisitivo: la gente cada vez toma menos vino y quienes lo hacen, prefieren el vino más barato. Por eso no se puede subir el precio del producto si la demanda está achatada y es escasa”, disparó.

La ecuación económica golpea con dureza a los establecimientos de mayor escala. Durante décadas, el esquema productivo local se estructuró sobre la base de procesar enormes volúmenes para abastecer el consumo masivo a granel. Hoy, sostener los costos fijos, el mantenimiento de infraestructuras centenarias y las facturas energéticas para refrigeración con márgenes de ganancia inexistentes se convirtió en una trampa contable.

Al ser consultado sobre si la salida radica en una reconversión hacia proyectos más pequeños, acotados en volumen y con marcas propias, Colomé reconoció que esa escala encuentra un margen de supervivencia que al gigante industrial le resulta esquivo: “Ese tipo de negocio es rentable. Viñedos de autor, cantidad de botellas acotadas y una menor estructura de gastos fijos. En realidad, todas las empresas que tienen estructuras grandes están complicadísimas”.

El drama de la falta de marca y la dependencia del commodity

San Juan fue históricamente el gran motor del vino a granel del país y uno de los principales exportadores mundiales de mosto. No obstante, esa fortaleza histórica de volumen representa hoy su costado más vulnerable debido al escaso desarrollo de marcas de valor agregado en el mercado de góndola nacional e internacional.

A esta vulnerabilidad comercial de base se le suma la coyuntura macroeconómica y cambiaria, que condiciona el flujo exportador: “Además, tenemos un dólar planchado. Ahora puede ser que el mosto se mueva más al exterior, pero en el caso del vino no hay buena percepción de parte del consumidor. Esto quiere decir que la provincia tiene muy buenos vinos de media y alta gama, pero nadie los conoce y, por lo tanto, no se venden”.

El dilema inmobiliario: ¿Es factible la reconversión para la minería?

Ante este cuadro de parálisis y con carpetas de venta circulando en las inmobiliarias locales, emerge la duda de qué destino tendrán estos inmuebles agroindustriales. ¿Pueden reconvertirse en galpones logísticos, complejos comerciales, nuevos desarrollos habitacionales o espacios operativos para el esperado impacto de los grandes proyectos mineros de la provincia?

Esteban Costela, presidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de San Juan, aportó una mirada analítica sobre el comportamiento del mercado de bienes raíces y la viabilidad técnica de este tipo de transacciones. “Es cierto que hay publicaciones de bodegas e inmuebles que se están reconvirtiendo en otros usos. Personalmente, creo que las noticias del boom minero, que adelanta que empresas estén buscando espacios amplios para galpones y oficinas, hace que la gente reconvierta lo que tiene pensando en un sector que se presume será mejor inquilino de inmuebles. No podría decir que las bodegas se están reconvirtiendo como una tendencia, pero sí es cierto que algunas están puestas a la venta en lugares estratégicos para reconvertirse esos inmuebles en otros con distinto uso”, sostuvo.

La expectativa del sector privado por captar la demanda proveedora del sector minero es innegable, pero no todos los inmuebles rurales o industriales califican automáticamente para esa demanda. “La idea de mucha gente es que un inquilino minero está dispuesto a pagar un poco más. Eso sí es una tendencia, los dueños de inmuebles plantean eso. Pero no todos los inmuebles pueden ir para ese sector”, aclaró.

A su vez, Costela puso el acento en un aspecto clave que muchos propietarios descubren al momento de intentar cambiar el destino de una planta enológica: el altísimo costo de adaptación edilicia. “Yo creo que las bodegas servirían para darles otra finalidad, pero necesitan mucha inversión. Algunas se reconvirtieron, como una que se convirtió en cantina para las canchas de paddle. Pero en ese caso los tanques eran de material, en cambio en otros lugares los tanques no se pueden utilizar para otra cosa que no sea el acopio de líquidos. Lo que sí debe quedar claro es que reconvertir bodegas requiere de mucha inversión de acuerdo al uso que se le va a dar”, enfatizó.

Hacia una concentración ineludible

El repliegue de los pequeños y medianos establecimientos enológicos no es un hecho coyuntural de una temporada, sino un proceso de reconfiguración estructural que amenaza con cambiar para siempre el paisaje de los departamentos vitivinícolas de San Juan. En un mercado donde solo el vino de menor precio muestra tracción en volumen, pero deja márgenes magros a la cadena productiva, la supervivencia queda reservada exclusivamente a quienes posean escala masiva o redes de comercialización sumamente consolidadas.

Colomé avizoró un desenlace donde el número de actores se reducirá drásticamente en el corto y mediano plazo. “Yo creo que vamos a seguir viendo una concentración en bodegas grandes, pero seguramente quedará la mitad de las actuales y el resto quedarán obsoletas, lamentablemente. El que no tenga un desarrollo de marca, una estructura comercial conquistada o un desarrollo de este tipo, va a desaparecer”, sentenció.

Y añadió con preocupación sobre el contexto social y económico nacional: “Esto no es de ahora, pero es preocupante porque con este contexto de país con caída de consumo y poder adquisitivo de la gente que está por debajo de lo que sucedía históricamente, no vemos cercana una reactivación y menos que aumente el consumo de vino. Incluso, los últimos informes demuestran que el único vino que aumenta en consumo es el más barato. Si bien se gana en volúmenes, hay poca rentabilidad para quienes elaboran ese producto”, concluyó.

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