Cruzó el río para quedar en Salto, pero un trámite lo devuelve a Concordia
Un busto de Juan Pablo II, donado desde Entre Ríos, logró instalarse en el parque donde el Papa dio una misa en 1988. Pero la Aduana uruguaya solo le dio un permiso provisorio: ahora debe volver a cruzar el río.
Un busto de Juan Pablo II que había sido trasladado desde Concordia hasta la ciudad uruguaya de Salto deberá regresar temporalmente a Entre Ríos. La pieza, donada por la Asociación Civil Polska Concordia, fue instalada en el Parque Mattos Neto, pero solo obtuvo un permiso provisorio de la Dirección Nacional de Aduanas de Uruguay para ingresar al país.
La imagen fue colocada durante el fin de semana en el mismo lugar donde el pontífice celebró una multitudinaria misa el 9 de mayo de 1988, en el marco de su visita pastoral a Uruguay. Sin embargo, la falta de una autorización definitiva obliga ahora a que el busto vuelva a cruzar el río Uruguay hacia Argentina.
El permiso provisorio y las gestiones del obispo
El inconveniente surgió con el procedimiento necesario para que la pieza permanezca de manera permanente en territorio uruguayo. Para poder trasladarla y exhibirla durante el homenaje, se obtuvo una autorización provisoria que permitió concretar la ceremonia, pero no habilitó que la imagen quedara instalada definitivamente en Salto.
El obispo de Salto, Arturo Fajardo, intentó resolver la situación antes del homenaje. “Mandé una carta a la Aduana solicitando que lo dejen pasar de forma definitiva, pero no hubo caso”, explicó Fajardo.
Regreso a Concordia y trámites pendientes
Como consecuencia, el busto deberá ser trasladado nuevamente a Concordia, donde permanecerá mientras se reinician los procedimientos administrativos para conseguir la autorización definitiva. La intención de los organizadores es que el regreso sea solo temporal: una vez solucionada la cuestión aduanera, la pieza volverá a Salto para instalarse de manera permanente en el Parque Mattos Neto.
Ese lugar fue elegido específicamente por su relación con la visita de Juan Pablo II. El 9 de mayo de 1988, el Papa llegó a Salto durante su segundo viaje apostólico a Uruguay y encabezó allí uno de los acontecimientos religiosos más recordados por la comunidad.
La huella del Papa en Salto
Durante la ceremonia, Fajardo destacó el significado de recuperar la presencia simbólica de San Juan Pablo II en el mismo espacio donde estuvo hace más de tres décadas. El obispo recordó la “huella imborrable” que dejó aquella visita y resaltó el mensaje de paz y esperanza asociado al pontificado del religioso polaco.
También subrayó que la donación realizada desde Concordia representa un vínculo entre comunidades ubicadas a ambos lados del río Uruguay. En ese sentido, definió el homenaje como un acontecimiento “muy hermoso y especial” y destacó la “hermandad entre los pueblos” impulsada desde la ciudad entrerriana.
Una donación que busca quedarse
El busto fue donado por la Asociación Civil Polska Concordia, institución vinculada con la colectividad polaca de la ciudad entrerriana. La elección de Juan Pablo II tiene especial relevancia debido al origen polaco del pontífice, nacido como Karol Wojtyła.
El homenaje se produjo, además, en un contexto de expectativas en Uruguay por la próxima visita del papa León XIV. Salto, sin embargo, no está contemplada entre las ciudades que integrarán el recorrido previsto para noviembre.
Mientras se aguarda la resolución administrativa, la imagen de Juan Pablo II deberá realizar un viaje inesperado: después de cruzar desde Concordia para ser instalada en Salto, volverá temporalmente a Entre Ríos. El objetivo final permanece sin cambios: una vez cumplidos los requisitos de Aduana, se buscará que regrese a Uruguay para quedar definitivamente en el sitio donde el Papa celebró su histórica misa de 1988.