Cruzó la cordillera con 9 meses y hoy suena bien fuerte en Bariloche
Cruzó la cordillera con 9 meses, se crió entre barrios chilenos de Bariloche y hoy tiene un programa de radio que suena los sábados. La historia de Jorge Marín, uno de los 15.000 chilenos que le dan identidad a la ciudad.
Jorge Marín nació en Puerto Montt, pero sus padres huyeron del Chile del 74 y lo trajeron a la Argentina cuando era un bebé. Hoy, a los 52, es uno de los 15.000 chilenos que viven en Bariloche y celebra las Fiestas Patrias sin olvidar de dónde viene.
La colectividad chilena es la más numerosa de la ciudad. Y cada 18 de septiembre, Bariloche se llena de cuecas, empanadas, anticuchos, trajes típicos y juegos. Algunos festejan con las actividades del Círculo Chileno Gabriela Mistral; otros, puertas adentro, para que las tradiciones no se pierdan. Nadie queda afuera.
Jorge tiene 52 años y una historia que arranca en 1974. Sus padres cruzaron el paso Cardenal Samoré cuando él tenía apenas 9 meses. “No tenían trabajo y estaba peligroso. Buscaron un nuevo destino tranquilo donde pudieran vivir en paz”, recuerda. La cosa venía complicada: Chile atravesaba el Golpe de Estado.
De Isla Huar a la cordillera
Sus viejos eran de Isla Huar, a 17 kilómetros de Puerto Montt, la segunda isla más grande del archipiélago de Calbuco, en la Región de Los Lagos. Primero se instalaron en Río Gallegos, donde el padre trabajó en la mina de Río Turbio. Después eligieron Bariloche: había una gran comunidad chilena y la cercanía con su tierra les daba la ilusión de volver algún día.
En la ciudad del Nahuel Huapi se encontraron con barrios enteros de chilenos, como El Frutillar o La Cumbre. Jorge padre consiguió trabajo en una estación de servicio de la costanera y, con los años, levantó su casa en el barrio San Francisco II, al este de la ciudad.
La pareja tuvo otros tres hijos, todos nacidos en el hospital público Ramón Carrillo. “Mis tres hermanos son barilochenses y los dos más chicos se volvieron a Chile con mis padres en 2000. Si bien los dos países son muy parecidos culturalmente, mis padres siempre quisieron regresar a su tierra. Yo nací allá, pero me crié de este lado de la cordillera aunque fui mamando las costumbres”, admite Jorge.
El dato: según la Dirección de Migraciones, unos 15.000 chilenos viven hoy en Bariloche.
Tuvo tres hijos barilochenses. Años atrás, Iván, el mayor, debió transitar un trasplante de corazón en el hospital Garrahan. “El Estado nos acompañó en todo. A la Argentina le debo todo. Me considero más argentino que chileno”, dice, emocionado.
La radio, su cable a tierra
Jorge trabaja en construcción en seco, pero su verdadero refugio está en la radio Lati2 FM 94.3. “Tengo un programa llamado Cumbias Rancheras que se emite los sábados y especial para los hermanos chilenos. Una forma de honrar la patria y hacer sonar las cumbias rancheras de Chile”, cuenta.
Entre las costumbres que mantiene, la comida tiene un lugar central: los “porotos con rienda” (con fideos) y “la guatita picante” (mondongo con cilantro y perejil).
Años atrás conoció a Liliana Gómez, argentina, hija de un chileno radicado en Bariloche que baila cueca. “Con ella suelo asistir al Círculo Gabriela Mistral y lo cierto es que de grande empecé a festejar el 18. Estas fiestas son para compartir estas costumbres: las empanadas con masa casera, la carne cortada a cuchillo, algún ají que se trae de Chile, baile, guitarreadas”, reconoce.
Al menos dos veces por año cruza la frontera para visitar a sus padres y recorrer su ciudad natal. Cuando le preguntan qué valora de su país, no duda: “Valoro mucho el respeto por los mayores. No me gusta el machismo”.
