Cuatro años sin salir, un árbol de Navidad en octubre y una ventana que lo cambió todo en Esquel

Un bioquímico de 71 años está detenido en Esquel acusado de mantener encerrados a su esposa y a sus tres hijos. Los vecinos venían observando algo que no cerraba: un árbol de Navidad en octubre, una mujer que miraba a la nada desde la ventana y gritos que no eran de auxilio. La denuncia lo cambió todo.

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Cuatro años sin salir, un árbol de Navidad en octubre y una ventana que lo cambió todo en Esquel
Cuatro años sin salir, un árbol de Navidad en octubre y una ventana que lo cambió todo en Esquel

Un bioquímico de 71 años quedó detenido acusado de mantener encerrados a su esposa y a sus tres hijos en una casa de Esquel. La investigación se activó por la denuncia de los propios vecinos, que durante años observaron señales que no lograban explicar.

La casa está en una cuadra tranquila de Esquel. Es una de las más grandes, de dos plantas y con la fachada revestida en madera. Hasta hace pocos días, para la mayoría de los vecinos, ahí vivía una familia que casi no se dejaba ver. El jueves, la Policía intervino y el caso salió a la luz: Miguel Edgardo Battista, un bioquímico de 71 años, fue detenido y acusado de privar de la libertad a su mujer y a sus tres hijos.

Un árbol de Navidad fuera de temporada y una ventana que lo decía todo

Detrás de uno de los vidrios, todavía se veía un árbol de Navidad armado. Estamos en octubre. Las cortinas permanecían cerradas y varias aberturas estaban tapadas con papeles y placas. Afuera, el frente mostraba bolsas de basura acumuladas, cajas tiradas y el pasto crecido. En el fondo, según describieron, la escena era peor: más cajas, más residuos. La imagen de una casa detenida en el tiempo.

Los vecinos reconstruyen la historia a partir de gestos pequeños que, con los años, se volvieron sospechosos. El hombre era el único que salía. Los chicos casi no aparecían. La mujer solo se mostraba desde la ventana. Y de vez en cuando, de noche, se escuchaban gritos que no parecían pedidos de auxilio.

“Tenían actitudes que te llamaban la atención. Por eso nos movilizamos todos los vecinos”, contó una mujer que vive cerca de la propiedad, y que prefirió no dar su nombre por temor.

La rutina de una casa que parecía vacía

La familia llegó al barrio en 2022. Antes, según recordó otra vecina, la vivienda había estado alquilada por otro hombre. “Siempre lo veía salir a él”, dijo la mujer, que vive en la zona desde mucho antes. “Llamaba la atención porque los nenes no salían; él siempre fue un hombre que saludaba, pero nada más”.

Al principio, los chicos se movían por el patio del frente. A veces, cuando los saludaban, no respondían. “Vos los saludabas a los nenes, pero ellos no te saludaban. Yo pensé que tenían algún tipo de retraso madurativo. Cuando los saludabas no te decían nada, se iban para adentro y después salía el hombre”, relató.

Con el tiempo, esas apariciones se hicieron cada vez más espaciadas. Hasta que dejaron de verlos por completo. La vecina confesó que muchas veces pensó que la familia ya no estaba en la casa. La mujer de Battista, en cambio, tenía una presencia silenciosa: se instalaba junto a la ventana y miraba hacia el horizonte. “Siempre estaba con un turbante en la cabeza y se ponía en la ventana a mirar a la nada. Vos la saludabas y no te hacía ni gestos”, describió.

Los gritos que llegaban desde el interior no eran claros. No sonaban como un pedido de ayuda, sino como algo incoherente que nadie alcanzaba a descifrar. La única rutina visible era la de Battista: cuando llegaba el técnico de Internet o el repartidor del supermercado, era él quien abría la puerta y atendía.

La denuncia que rompió el silencio

Las sospechas no nacieron de un hecho aislado. Fueron sumándose en las conversaciones de vereda y en el grupo de WhatsApp del barrio. La falta de salidas, los chicos que nunca se veían, los gritos nocturnos. En ese espacio virtual se habló de que dos vecinas iban a hacer una denuncia formal porque la situación llevaba demasiado tiempo y había comportamientos que no podían explicar.

La denuncia llegó y dio origen a la investigación. El jueves, la Policía allanó la vivienda y detuvo a Battista. Los vecinos vieron salir a los integrantes de la familia, algo que hasta entonces no habían podido observar de cerca.

Una de las mujeres del barrio contó que el primero en salir fue un joven que, por su aspecto, confundió con una persona mayor: tenía el pelo largo y descuidado. Después bajó la esposa de Battista, con un pañuelo en la cabeza. Una de las chicas salió con su perro en brazos. En la propiedad había tres perros, que parecían estar cuidados. Otro detalle la sorprendió: la postura del detenido al bajar la escalera. “Bajó como orgulloso, con la espalda erguida”, describió.

El miedo y las secuelas

Fuentes cercanas a la investigación informaron que la esposa de Battista está internada. “En cuanto a los chicos, también están muy afectados psicológicamente. Se espera que, en la medida de lo posible, se les haga cámara Gesell”, señalaron.

Otra vecina, que también pidió reserva de su identidad, dijo que todavía intenta procesar lo que vio. Explicó que en la Patagonia es habitual que las familias pasen mucho tiempo puertas adentro, sobre todo cuando hace frío, pero que lo de esa casa era distinto: “A ver, acá en el Sur todos estamos muy adentro, no es como Buenos Aires, pero salimos. Ellos directamente no salían”.

La mujer recordó que solía salir a fumar y miraba hacia la vivienda. A veces veía movimientos detrás de los vidrios, al hombre y a una de las chicas subiendo la escalera. Nunca llegó a conocerlos. “Siempre pensé que era una casa de fin de semana. Nunca había gente”, dijo. Cuando se enteró de lo que investigaba la Justicia, no lo pudo creer.

Otro vecino aportó una hipótesis sobre las costumbres del detenido: “Siempre a la noche hacía venir al delivery, que llegaba en un auto particular. Mi hipótesis es que lo hacía a esa hora porque tenía que abrir la puerta y se iba a ver toda la acumulación que tenía ahí”.

El caso conmocionó a Esquel. La Justicia ahora deberá determinar qué ocurría puertas adentro y en qué circunstancias vivían la mujer y los tres chicos. Mientras tanto, los vecinos siguen procesando lo que vieron durante años sin poder nombrarlo.

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