Cuatro aspirantes, una sola señal de Karina Milei: la interna libertaria que Jujuy no logra destrabar
Cuatro nombres, una lapicera que no aparece y una interna que ya necesitó que Buenos Aires interviniera una vez. En Jujuy, el sello libertario tiene candidatos a gobernador de sobra, pero nadie que los ordene: la señal que todos esperan viaja desde otro lado.
La Libertad Avanza en Jujuy se parece más a una franquicia que a un partido. Y la política provincial lo muestra con una claridad que incomoda: hay cuatro dirigentes que quieren gobernar la provincia y ninguno tiene la lapicera para ordenar la interna. Todos esperan una señal de Karina Milei.
El diagnóstico no es nuevo. En 2025, cuando Ezequiel Atauche y Manuel Quintar no lograron ponerse de acuerdo, fue Buenos Aires la que intervino para definir las candidaturas. Un análisis local concluyó entonces que no se observaba un espacio con vocación real de poder. Un año después, el panorama no cambió: peleas por cargos, mucha marca nacional y poca construcción propia.
El helicóptero, la Cybertruck y la política de escenografía
Manuel Quintar es el ejemplo más vistoso de esa lógica. Antes de ser libertario compitió en 2021 por el Frente de Todos, bajo un lema de justicia social. En mayo de 2026 llegó al Congreso en una Tesla Cybertruck que debió ser retirada en grúa al día siguiente, y defendió el gesto como una batalla cultural.
El 10 de octubre aterrizó en una competencia de motocross de San Salvador de Jujuy pilotando un helicóptero amarillo ploteado con la cara del Presidente y la consigna Milei 2027. Del auto al helicóptero hay un hilo conductor: el espectáculo como sustituto de la propuesta. Una política de escenografía que no dice qué haría el espacio con la provincia, solo a quién representa.
Quintar había encabezado algunos de los ataques más duros contra el gobernador Carlos Sadir. Puede cambiar y mañana aparecer en una foto. Todo responde a la conveniencia más que a una convicción.
Atauche y una lealtad que depende del día
El senador Ezequiel Atauche, devenido en empresario sin pasado político en la superficie, tiene en realidad un anclaje profundo en La Cámpora y en el fellnerismo residual que aún opera en Jujuy. Pero además mantiene fuertes vínculos con sectores ligados a Gerardo Morales, lo que sugiere que su lealtad es más una cuestión de conveniencia que de convicción.
No se trata de saber con quién está hoy, sino con quién va a estar mañana si las circunstancias cambian. Atauche apuesta a construir estructura con concejales y a recorrer el interior; dice que el espacio está listo para gobernar, que por ahora irá solo en 2027 y que sus críticas apuntan a la gestión radical.
Pero su mensaje central sigue siendo el del Presidente, y su doble militancia —camporista-fellnerista por un lado, moralista por el otro— lo convierte en una carta marcada dentro de un juego que nadie controla del todo.
Los cuatro nombres y el fantasma del miedo que no funciona
Con Federico Canedi y María Cristina Guzmán, el espacio libertario jujeño reúne cuatro aspirantes a la gobernación que esperan una señal de Karina Milei para ordenar la interna.
Para colmo, la lógica del miedo apenas funciona en Jujuy. El peronismo provincial sufrió en octubre de 2025 su peor derrota desde el regreso de la democracia, tiene su partido en manos de la Justicia y llega dividido y sin candidato a 2027.
Sadir descarta una alianza con LLA, prepara su reelección apoyado en la gestión y piensa desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales, con lo que cortaría cualquier arrastre. Es decir que los libertarios jujeños no tienen ni una economía que contar ni un enemigo creíble al que señalar. Les queda el nombre del Presidente, que es justamente lo que está en juego.
El espejo roto de un proyecto nacional
Javier Milei llega al último año de su mandato con una paradoja difícil de resolver. Las encuestas coinciden en que su imagen positiva ronda el 35%. La última medición de AtlasIntel y Bloomberg, realizada entre el 2 y el 7 de octubre, lo ubica con 35% de opiniones favorables, 59% de negativas y una desaprobación de la gestión del 57%.
Sin embargo, casi nadie descarta que pueda ser reelecto. La explicación no está en lo que él suma, sino en lo que el resto resta: una oposición fragmentada, la herencia de su triunfo legislativo de 2025, cuando superó el 40% de los votos, y un electorado que castiga más de lo que premia. Con ese capital no alcanza. Para ganar en primera vuelta necesita superar el 45%, o el 40% con diez puntos de ventaja sobre el segundo; para ganar en balotaje, más del 50%.
La respuesta depende de dos factores. El primero es la economía. Los pronósticos de consenso anticipan una economía estancada hasta las elecciones, y lo que pase con el empleo será decisivo: si el país sigue perdiendo cerca de 200.000 puestos formales por año, el Presidente llegaría a las urnas con unas 800.000 personas que perdieron su trabajo en cuatro años, y es poco probable que esos votantes lo acompañen.
Lo mismo vale para la pobreza, el poder adquisitivo, el consumo y la inflación. Que la inflación haya bajado al quinto lugar entre las preocupaciones ciudadanas, con 27,8% de menciones, es un logro que no se tradujo en alivio: el 46% de los encuestados considera que el Gobierno actual es peor que el de Alberto Fernández y el 9% cree que es igual.
El peronismo como adversario prestado
El segundo factor se llama peronismo y no depende del oficialismo, aunque el oficialismo hará todo lo posible por usarlo. La lógica es transparente: si la economía no entusiasma, hay que convencer a una parte del 65% que no lo quiere sino que le teme más al regreso de los Kirchner que a la situación actual.
Esa estrategia se reconoce en dos jugadas. La primera es eliminar las PASO, para lo cual la Casa Rosada busca reunir 37 votos en el Senado, apostando a que un peronismo dividido le facilite el triunfo en primera vuelta, mientras neutraliza a posibles competidores directos como Mauricio Macri, Victoria Villarruel o Patricia Bullrich.
La segunda es lograr que, sea quien sea el candidato opositor, la figura a confrontar sea Cristina Kirchner, una de las dirigentes con peor imagen del país. Para ello cuenta con una cooperación involuntaria pero eficaz: la propia expresidenta, que según quienes la visitan prefiere seguir siendo protagonista, aunque eso le cueste una derrota, antes que entregar su caudal de votos a cualquiera.
En 2019 su astucia fue elegir a un moderado para encabezar la fórmula. Ese truco funciona una vez, no dos. Y las hipótesis que circulan, desde una fórmula Kirchner-Kirchner para que luego la Justicia convalide solo al hijo hasta una dupla Massa-Máximo, suenan más a operaciones cruzadas que a estrategias serias.
El teorema de la reelección
El miedo es una herramienta clásica del oficio electoral, pero con una condición: el temor al otro tiene que ser mayor que el temor a lo actual. Cuanto mejor funcione el modelo, menos necesidad tendrá Milei de agitar el fantasma kuka; cuanto peor funcione, más deberá apoyar su campaña en los miedos del pasado.
Y es una dependencia incómoda: el Gobierno y Cristina necesitan que el otro sea fuerte, y la sociedad, que no quiere a ninguno de los dos, queda como espectadora de una pelea que ambos creen que les conviene.
Ese es el verdadero riesgo para Milei. La reelección depende de que la economía le dé algo que mostrar y de que el peronismo le siga prestando un adversario cómodo, pero también de que su espacio sea algo más que su propia imagen. Si la economía se estanca y el fantasma se desgasta, no habrá estructura provincial que lo sostenga, porque la estructura es él.