Cumple 25 años la posada de Gaiman que nació de una luna de miel y una casa de 1910

Hace 25 años que una casa galesa de 1910 se convirtió en refugio a orillas del río Chubut. Detrás hay una historia familiar que empezó con una luna de miel y un abuelo techista. Lo que encontraron durante las refacciones todavía se exhibe en la posada.

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Cumple 25 años la posada de Gaiman que nació de una luna de miel y una casa de 1910
Cumple 25 años la posada de Gaiman que nació de una luna de miel y una casa de 1910

La Posada Los Mimbres, a orillas del río Chubut, celebra sus bodas de plata convertida en un refugio que mezcla historia galesa, campo y descanso. Su propietaria, Marcela Plust, nació en Buenos Aires, conoció Gaiman a los 10 años y hace más de tres décadas se radicó en el pueblo. Este octubre, el alojamiento cumple 25 años.

La historia arranca mucho antes. El abuelo de Marcela, Jacobo Plust, llegó a Chubut en 1947 para trabajar como techista en la construcción del Cuartel Militar de Sarmiento. Hizo la cubierta de la guarnición, los techos de los chalés del barrio y después siguió viaje a Neuquén con un trabajo similar. Pero el vínculo con las familias del sur quedó: cada vez que alguien de Sarmiento viajaba a Buenos Aires, se alojaba en lo de los Plust.

Así se explica lo que vino después. Santiago y Ester se casaron y eligieron el sur para su luna de miel. Pasaron por Puerto Madryn y Trelew, en pleno auge de la ley del paralelo 42. Santiago vendía electrodos y, en medio del viaje, le dijo a su mujer que lo esperara un rato mientras visitaba a un cliente. Ese rato fueron cuatro horas, sin celulares de por medio. Igual la pareja se quedó una semana en Trelew y después siguió a Sarmiento, donde estrechó lazos con la familia Marras.

De la chacra a la posada

Diez años más tarde, ya con hijos, los Plust volvieron a la Patagonia. A Santiago no le gustaba la playa y prefería el sur antes que Mar del Plata o Córdoba. Las visitas se hicieron costumbre hasta que compraron la chacra que hoy es la posada: una casa galesa de 1910 al lado del río Chubut.

La vivienda tiene su propia historia. Fue el casco de la chacra de David Beynon Williams y Gwen Jones, una pareja de jóvenes galeses que llegaron al valle con sus familias siendo muy chicos. Cuando se casaron, el gobierno nacional les otorgó 100 hectáreas. Levantaron una construcción precaria, plantaron una barrera de tamariscos para frenar el viento del oeste y tres nogales que hoy son centenarios. Después migraron a Choele Choel, volvieron, se instalaron en el pueblo y construyeron esa casa para disfrutar los fines de semana junto al río. Por eso no tenía lujos, ni baños, ni electricidad: era un lugar para descansar.

El heredero de esa familia, Archie Griffiths, reconstruyó la historia y les vendió la propiedad a los padres de Marcela. La casa mantiene su estructura original.

El proyecto turístico tomó forma en 2001, cuando Marcela ya tenía a su primera hija. "En el contacto con los turistas, sobre todo con los extranjeros, veíamos que había una demanda de querer quedarse a dormir en lugares personalizados y con comidas caseras. En la zona no había mucha hotelería", recuerda. Puerto Madryn no era la ciudad de hoy y Trelew tenía tres hoteles. Así decidieron reciclar la casa galesa y abrir el alojamiento.

Durante las refacciones apareció un hallazgo inesperado: rollitos de revistas de 1900 escondidos en el contramarco de una ventana, usados como calce. "Como cuando uno pone un cartoncito debajo de la mesa para que no se mueva", grafica Marcela. Hoy esos rollitos decoran distintos espacios de la posada. Uno de ellos lleva impresa la leyenda «Holiday Cottages».

Un refugio junto al río

La posada tiene tres habitaciones con baño privado en la casa galesa, más un toilette para los comensales. El comedor se usa para el desayuno y para platos elaborados en el lugar, tanto para huéspedes como para eventos especiales. Las remodelaciones respetaron el valor patrimonial y la estructura. En otra construcción, la casa que Marcela habitó con sus padres, hay cuatro habitaciones más con baño privado. Esa vivienda es autosustentable en temperatura porque se construyó según la orientación del sol.

El predio total es de 53 hectáreas, con pileta. La ocupación más alta llega en temporada alta, atada al movimiento de Península Valdés y Punta Tombo, pero también al verano de la comarca.

En octubre, la posada cumple 25 años. Marcela repasa lo vivido: "Hemos pasado de todo: épocas de convertibilidad y de cambiaria, que han hecho que sea más ventajoso para los extranjeros; hemos pasado las cenizas del volcán del 2011, cuando el aeropuerto estuvo cerrado los 5 meses de temporada alta; también la pandemia. Pero, gracias a Dios, hemos hecho una clientela por el boca a boca y ahora, con las redes sociales, con mucha clientela local de cercanía: Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia y gente de más al sur cuando viene en búsqueda de calorcito, de verde o viene a visitar parientes".

Hoy sus padres ya no trabajan en la posada y ella armó un equipo que la acompaña, algo "fundamental y valioso". "Es un montón, la verdad. Parece que fueran más años, pero es un orgullo. Uno sigue aprendiendo todos los días y también es un agradecimiento a toda la clientela, a las agencias de viaje que han confiado en nosotros tantos años y también a mis padres, que fueron los que iniciaron todo, porque este es un proyecto familiar y estamos contentos de que siga funcionando", cierra.

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