Cumplieron 30 años formando jóvenes y ahora piden un techo propio: la historia de dos dirigentes scouts de Río Gallegos
Dos dirigentes scouts de Río Gallegos cuentan qué los motiva a seguir formando a los chicos. ¿Cuál es el desafío que tienen en común?
El Día del Guía de Patrulla, que se celebra cada 6 de agosto, encontró a Lita Garzón y Joaquín Opazo con un mismo objetivo: seguir formando a niños y jóvenes en el movimiento scout. Sin embargo, detrás de la vocación, ambos enfrentan desafíos que van más allá de los campamentos.
Lita, de 68 años, es jefa del grupo Cristo Redentor y lleva 30 años en la actividad. Joaquín, de 22, dirige el grupo San Juan Pablo II y encontró en el escultismo una segunda familia. Sus testimonios, recogidos por La Opinión Austral, reflejan una pasión que no se negocia.
Una vida dedicada al escultismo
Lita comenzó en 1996, cuando se fundó el grupo Cristo Redentor, acompañando a sus hijos. “Asistía como madre. Tenía a mis hijos en Cristo Redentor y como mamá empecé trabajando, acompañando, haciendo y me quedé definitivamente”, recordó. Desde entonces, pasó por distintos roles hasta convertirse en jefa.
“Pasé a ser dirigente de Chispita, después de la Unidad, antes era Tropa, ahora es Unidad. Y me seguí proyectando, me gustaba mucho, siempre me gustó mucho la vida en la naturaleza, los desafíos, los campamentos, las salidas, todo”, agregó.
Para ella, el mayor desafío no es la falta de recursos, sino la permanencia de los voluntarios. “Trabajamos ad honorem. Es difícil que la gente permanezca porque todos tienen sus problemas personales, sus estudios, su trabajo y vos no podés decirles que se queden cuando tienen otras prioridades”, explicó.
El sueño de un lugar propio
El grupo Cristo Redentor, que este 15 de agosto celebrará 30 años, reúne a medio centenar de personas. “Siempre estuvimos en lugares prestados. Desde hace 15-19 años, trabajamos en el predio de la UNPA. El desafío es conseguir un lugar propio”, admitió Lita.
A pesar de las dificultades, la dirigente destacó el crecimiento de los chicos: “Los más grandes que tuve fue conocer tanta gente, tantos niños que han pasado de todas las edades, tenemos chicos de 6 a 22 años, son muchas generaciones”.
De los 14 a la dirigencia
Joaquín Opazo llegó al grupo San Juan Pablo II a los 14 años, invitado por un amigo. “Me quedé porque encontré un lugar donde podía ser yo, aprender haciendo y tener un grupo que se bancaba en las buenas y en las malas”, contó.
Tras pasar por Caminantes y Rovers, descubrió una forma distinta de crecer: “Acá no te dan todo resuelto. Te enseñan con el ejemplo, trabajando en equipo, equivocándote, resolviendo problemas en un campamento con lluvia, cocinando entre todos, tomando decisiones en grupo”.
Para él, los valores scouts “se te quedan para toda la vida: la Ley, la Promesa, el servicio, el respeto por la naturaleza y por el otro. Encontré una segunda familia. Y encontré que se puede ‘dejar el mundo un poco mejor de como lo encontré’, no sólo con grandes proyectos, sino en el día a día”.
El desafío de educar
Hoy, como dirigente, Joaquín enfrenta nuevos retos. “El mayor es combinar las responsabilidades del scout con el estudio, el trabajo y la vida personal porque esto te demanda tiempo y cabeza. Pero sobre todo el desafío es pasar de ser protagonista a ser quien acompaña. Aprender a tener paciencia, a hacer las cosas por los chicos, a ser ejemplo con lo que hago y no sólo con lo que digo”, afirmó.
Y agregó: “El mayor desafío hoy es confiar en el proceso de los jóvenes, darles herramientas y dejarlos que la piloteen ellos, aunque duela verlos equivocarse porque ahí está el verdadero aprendizaje”.
Para cerrar, Joaquín expresó por qué sigue adelante: “Sigo en el movimiento porque creo en lo que hace. Porque cada vez que un chico te dice ‘gracias por enseñarme esto’ o ves a tu patrulla funcionando sola, te das cuenta que todo el esfuerzo vale la pena”.