De 10 mil a 170 mil visitantes: la memoria de un cronista que vio crecer al Poncho

¿Cuánto creció el Poncho en 20 años? Un cronista que estuvo en todas las ediciones revela los secretos de la fiesta que pasó de 10 mil a 170 mil visitantes.

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De 10 mil a 170 mil visitantes: la memoria de un cronista que vio crecer al Poncho
De 10 mil a 170 mil visitantes: la memoria de un cronista que vio crecer al Poncho

El Predio Ferial vuelve a abrir sus puertas y la marca "Poncho" ya es un orgullo nacional. Lo que empezó con 10 mil visitantes por jornada en 2008 hoy convoca a 170 mil, y Carlos Adrián Quiroga, testigo privilegiado de esa transformación, repasa en esta nota sus recuerdos más íntimos de la fiesta mayor de Catamarca.

Un deseo de infancia que se cumplió

Quiroga confiesa que su historia con el festival comenzó mucho antes de ser periodista. De chico, escuchaba hablar del Poncho y soñaba con que lo llevaran. Una noche, sus padres lo llevaron junto a sus hermanos a ver a Los Chalchaleros, los preferidos de su papá. Aquella experiencia lo marcó tanto que, con inocencia, pidió un deseo: asistir siempre al festival cuando fuera grande.

El destino le cumplió el anhelo con exactitud. Desde 1996 hasta 2019, estuvo presente en absolutamente todas las jornadas del festival, primero como público y luego como cronista.

Los años en la Manzana del Turismo

En 1996, Quiroga cubrió su primera edición para El Ancasti, cuando la cita era en la histórica Manzana del Turismo, lugar fundacional donde actuaron los grandes del folclore de los años '60. Durante más de 16 años, con cuaderno en mano, relató cada noche y cada jornada de siesta y tarde en las páginas del diario, acompañado por la mirada atenta de los fotógrafos.

Tras esa etapa, siguieron dos años en El Esquiú, siete años al frente de Catamarca Radio y Televisión con transmisiones históricas desde el Predio Ferial, y hasta integró la comisión seleccionadora de artistas en algunas ediciones.

Mudanzas, viento y recuerdos tristes

El cronista fue testigo de las transiciones del festival. Recuerda una edición en la playa de estacionamiento norte del Polideportivo Capital, con jornadas que empezaban a las 15 y grilla solo de artistas locales. El viento del norte no daba tregua, y el público se animaba a sentarse entre el tierral y los resfríos con tal de acompañar la música.

Con tristeza, evoca aquella fría tarde de domingo en la ex plaza de armas del ex Regimiento 17, donde falleció su amigo, el "Negro" Jorge Herrera, a quien había saludado antes de que subiera a cantar Los de Catamarca.

Entrevistas inolvidables y reencuentros

Entre los momentos más emotivos, Quiroga recuerda una de sus primeras entrevistas a Patricio Jiménez, del Dúo Salteño, en el camarín del Tinglado Mayor. Le preguntó si volvería con Chacho Echenique, y Jiménez respondió: "Y, quién sabe, algún día volveremos". El reencuentro se concretó años después, durante la gestión de su hermano Ricardo al frente de la Dirección de Cultura, con el histórico regreso del Dúo Salteño en el Cine Teatro Catamarca.

El Poncho como celebración de la amistad

El festival también le regaló anécdotas de peñas y ranchos. Junto a su amigo Carpincho Varela, vivió una madrugada de lunes en la que los dueños de un rancho les pidieron que se fueran porque el Poncho había terminado y tenían que levantar hasta las sillas y la mesa. "El Poncho era eso también: celebración de la amistad", reflexiona.

Quiroga pisó el escenario mayor como glosista y como integrante del Coro Universitario. La última vez fue el viernes pasado, y recorrer esos pasillos le trajo nostalgia y agradecimiento.

Un fenómeno que superó todas las críticas

El festival tuvo años difíciles, y la mudanza al actual Predio Ferial en 2007 generó resistencias: "quedaba lejos". Hoy, esas críticas quedaron sepultadas por el éxito masivo. "Si hoy la fiesta brilla con luz propia y es un fenómeno masivo que supera cualquier expectativa, es porque hubo mucha gente que en los momentos duros le puso el hombro para que no se cayera", sostiene.

El periodista dedica un saludo a la memoria de Juan Carlos Ridulfo, compañero de infinitas noches de festival, y deja un mensaje final: "Me reconforta saber que hay una partecita de mi vida enhebrada para siempre en la trama de la celebración más grande de nuestra tierra".

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