De 102 a 67 kilos: el método extremo que usó una enfermera tras un comentario que la dejó sin palabras

Tras años de dietas fallidas y un entorno que la llevó al borde, una profesional de la salud tomó una decisión radical. ¿Cuál fue el método extremo que usó para transformar su cuerpo y su vida?

· 4 min de lectura
De 102 a 67 kilos: el método extremo que usó una enfermera tras un comentario que la dejó sin palabras

Una enfermera logró una transformación física impresionante tras años de lucha contra el peso, utilizando un plan de alimentación estricto que generó un intenso debate. Su historia, marcada por dietas fallidas y un entorno laboral que la llevó al límite, se volvió viral por los resultados y la crudeza del proceso.

Serena Ashington, de profesión enfermera, convivió durante años con una relación complicada con la comida. Probó múltiples dietas, experimentó ciclos de pérdida y aumento de peso, y lidió con la ansiedad y el consumo excesivo de alcohol. Su peso llegó a alcanzar alrededor de 102 kilos con una altura de 1,68 metro, situación que la ubicaba dentro del rango de obesidad.

El deterioro no fue solo numérico. Comenzó a sufrir dolores en el pecho, su ropa de trabajo dejó de entrarle y su autoestima se vio profundamente afectada, al punto de evitar salir y relacionarse con otros.

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¿Qué la llevó al punto de quiebre?

Un cambio laboral pareció empeorar todo. Al aceptar un trabajo como enfermera en un crucero, se encontró con un entorno de buffets libres, alcohol disponible y una cultura de exceso. Su alimentación diaria se descontroló por completo, incluyendo facturas en el desayuno, lasaña con papas fritas al mediodía, snacks como papas fritas de paquete y chocolate, y varias copas de vino tinto.

En ese contexto, llegó a consumir unas 4.000 calorías diarias, muy por encima de lo recomendable. El aumento de peso fue tan marcado que tuvo que pedir uniformes más grandes y los problemas físicos se intensificaron.

La frase que cambió todo

El momento decisivo llegó con un comentario de uno de los médicos con los que trabajaba. Aunque lo describió como cruel, esa frase fue el disparador definitivo que la hizo reaccionar. Inspirada por el cambio que logró su hermana, decidió embarcarse en un método basado en reemplazo de comidas.

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¿En qué consistió el plan extremo?

El plan que siguió fue simple pero extremadamente exigente. En una primera etapa, consumía tres reemplazos de comida por día de unas 200 calorías cada uno, manteniendo una ingesta diaria muy reducida. Más adelante, incorporó una comida real alta en proteínas de unas 600 calorías, mientras mantenía la estructura del plan.

Evitó por completo el buffet, organizó mejor sus horarios y dejó de improvisar con la comida. Con esta metodología, logró bajar casi 38 kilos, pasando de unos 102 kilos a aproximadamente 67 kilos.

¿Cómo es su vida hoy?

Actualmente, Serena mantiene una alimentación más estable. Su rutina diaria incluye un porridge o batido proteico en el desayuno, ensalada con pollo al mediodía, hamburguesa grillada a la noche y yogur proteico con frutas como colación. Asegura haber recuperado energía, seguridad personal y una relación más ordenada con la comida.

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¿Qué debate genera este caso?

La historia de Serena reabre la discusión sobre la efectividad y los riesgos de las dietas muy restrictivas. Especialistas advierten que planes tan bajos en calorías o con reemplazos de comidas deben hacerse con supervisión profesional, ya que no todos los cuerpos responden igual y pueden existir riesgos sin seguimiento médico.

También se destaca que la obesidad y el sobrepeso no suelen explicarse solo por “falta de voluntad”, sino por una combinación de hábitos, ansiedad, entorno, estrés y salud mental. En su caso, el cambio llegó después de tocar fondo y de modificar no solo lo que comía, sino también su vínculo con el cuerpo.

Hoy, Serena asegura que ya no se mira al espejo con angustia y que, después de años de pelear con la balanza, siente que por fin recuperó el control de su salud.

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